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Endo Shusaku - El Samurai

Endo Shusaku - El Samurai

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Published by: Krissty Lolyta Medrano on Feb 28, 2013
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03/30/2014

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Situada en el Japón de comienzos del siglo XVII,El samurai es una reconstrucción noveladade un histórico e insólito encuentro entreculturas~ Hasekura Rokuemon, un samurai ruraly poco ambicioso, es embarcado para un largoviaje a México con el objetivo de cumpliruna misión comercial que le ha encomendadoel señor feudal. En sus numerosas peripeciasle acompaña constantemente Velasco,un misionero franciscano cuyo propósito es llevarla palabra de Dios a una nación de paganos.Shusaku Endo nació en Tokio en 1923. Se licencióen literatura francesa por la UniverSIdad de Keloy estudió después varios años en lyon.Considerado el más Importante novelista japonésactuaL ha obtenido numerosos premiosliterarios, entre ellos el Premio Noma porEl samurai. Residente en tokio, Endoes colaborador de periódicos y revistas, y trabajatambién para la televisión.El samuraiShusaku EndoSALVATDiseño de cubierta: Ferran Cartes/Montse PlassTraducción:Carlos PeraltaTraducción cedida por Editorial EdhasaTítulo original: Samurai© 1995 Salvat Editores, S.A. (Para la presente edición)© 1980 Shusaku Endo© 1982 Van C. Gesel (De la traducción al inglés)© 1987 EdhasaISBN:84-345-9042-5 (Obra completa)ISBN:84-345-9068-9 (Volumen 25)Depósito Legal: B-496- 1995Publicado por Salvat Editores, S.A., BarcelonaImpreso por CAYFOSA. Enero 1995Printed in Spain - Impreso en España
 
PRÓLOGOEl samurai se sitúa en Japón a comienzos del siglo xvii. Quizá convengaexplicar a los lectores occidentales poco familiarizados con la historiajaponesa la situación general en el Japón durante ese período.A pesar de encontrarse tan al este, en los primeros años de dicho siglo elJapón estuvo a punto de ser arrastrado al complejo y peligroso vórtice de lapolítica internacional.Las naciones europeas -en particular Inglaterra y Holanda, protestantes, yPortugal y España, católicas- se esforzaban por extender su influencia en Asia.Establecían colonias en diversos puntos del sudeste, construían naves paraaumentar su poderío y su comercio, y combatían entre si en los mares de Asia.Esas batallas no se debíansólo a los conflictos políticos y comerciales, sino también a las disputasreligiosasentre católicos y protestantes.Sorprendido en mitad de ese torbellino, el Japón sintió la necesidad deprotegerse.El gobernante Tokugawa Ieyasu evitó cuidadosamente los imprudentes errores de supredecesor Toyotomi Hideyoshi, que había intentado subyugar Corea. Ieyasu acabócon los partidarios del hijo de Hideyoshi y finalmente unificó el Japón.Al mismo tiempo, en su política exterior, buscó la forma de amparar alJapón con-tra las invasiones de los diversos paises de Europa. En los días de Hideyoshi,si bienel proselitismo de los misioneros cristianos estaba prohibido, en realidad eratolera-do por motivos comerciales. Ieyasu era un budista devoto y, convencido de queeran la vanguardia de la conquista del Japón, suprimió por etapas las misionescris-tianas.Dio así un severo golpe a los esfuerzos evangelizadores de los misioneroseuropeos,que desarrollaban vigorosamente sus actividades. Más o menos al mismo tiempo,lastareas misioneras, reservadas inicia Imente a la Compañía de Jesús, se habíanabiertoa los agustinos, los dominicos, los franciscanos y a otras varias órdenes. Elresultadohabía sido la discordia entre los jesuitas y las demás órdenes sobre cómo debíacondu-cirse la obra misionera en Japón.Las tácticas de Ieyasu no se limitaron a la eliminación del peligrointerior. Paracrear un Japón capaz de resistir a las expansivas potencias europeas, decidióentraren el conflicto que se desarrollaba en las aguas del océano Pacífico. Su plan,querevelaba gran habilidad política, implicaba la participación involuntaria decuatrosamurais de rango menor, vasallos del daimyo más poderoso de las provinciasjapone-sas del noreste, y de un ambicioso sacerdote español.L5r
 
Por supuesto, mi finalidad no es puuar la situación en el Japón en elsiglo xvii.Pero sin duda el escenai'w de la novela será más vívido para el lector que poseaalgunainformación acerca del trasfondo histórico.SHUSAKU EN¡x~Tokio, verano de 1981CAPÍTULO 1Empezó a nevar.Hasta la caída de la tarde un sol tenue había bañado por los resquicios delas nubesel lecho de grava del río. Cuando oscureció, hubo un silencio repentino. Dos,tres coposde nieve bajaron revoloteando del cielo.Mientras el samurai y sus hombres cortaban leña, la nieve rozaba sus ropasrústi-cas, tocaba sus caras y sus manos y se fundía como para subrayar la brevedad delavida. Pero como ellos siguieron atareados con sus cortas hachas, sin decirpalabra,la nieve los desdeñó y se alejó hacia zonas vecinas. La niebla nocturna seextendióy se unió a la nieve, y el campo visual se volvió gris.Finalmente, el samurai y sus hombres terminaron su tarea y se echaron alhombrolos haces de leña. Se preparaban para la inminente llegada del invierno. Lanieve lesazotó las frentes cuando emprendieron el regreso en fila india, como hormigas,vol-viendo sobre sus pasos a lo largo del lecho del río, hacia la llanura.Había tres pueblos situados en el corazón de la llanura y rodeados porcolinas defollaje marchito. Las casas estaban de espaldas a las colinas y frente a loscampos:de ese modo, los pobladores veían si llegaban extraños. Las casas techadas conpajase apretaban unas contra otras, en línea. De los cielos rasos colgaban estantesde bambútrenzado en que se secaban la leña y el carrizo. Las casas eran oscuras ymalolientescomo establos.El samurai conocía en detalle esos pueblos. Su Señoría había concedidocomo he-rencia a la familia del samurai, durante la generación de su padre, los pueblosy lastierras. Por ser el hijo mayor, el samurai tenía la responsabilidad de reunirgrupos decampesinos para cumplir con los deberes de vasallaje, y si había batalla, debíacondu-cir sus tropas a la fortaleza de su amo, el señor Ishida.Aunque sólo consistía de varios edificios reunidos, con techos de paja, lacasa del

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