Desde hace un año la democracia cristiana gobierna en Chile. La campaña presidencial de ese partido y lasmanifestaciones reiteradas de sus voceros, comenzando desde luego por el propio Presidente Eduardo Frei,sembraron la idea de una “Revolución en Libertad”. A la vuelta de un año, los resultados son discutibles. Edi-ciones PUNTO FINAL —que pretende ser una tribuna abierta al pensamiento progresista del país— consideróque nadie mejor que el senador Salvador Allende, candidato presidencial del FRAP en 1964, podía escribirun enjuiciamiento del Gobierno democratacristiano. El doctor Allende accedió a nuestra petición y ahora noscomplacemos en entregar al lector este folleto de alta jerarquía política. Los juicios del doctor Salvador Al-lende, además del obvio interés público que adquieren por venir de quien vienen, constituyen un adecuadoconfrontamiento crítico con el Gobierno de Frei. Y ello porque en septiembre de 1964 el pueblo chilenoescogió entre dos soluciones, ambas pofundamenfe democráticas y de avanzada, las dos cargadas de esper-anzado fervor popular. A juicio de casi todos los observadores, frente al régimen democratacristiano sólo selevanta una alternativa; el socialismo, sistema que en la persona del doctor Salvador Allende recibió hace unaño el respaldo de casi un millón de votos. Además de esas consideraciones generales este folleto constituyeuna novedad política. Es la primera vez que Allende —fogueado en la tribuna pública y en el Parlamento— es-cribe un corto ensayo político que, a nuestro juicio, es de gran calidad e interés.PROLOGO
La democracia cristiana no es revolucionaria.—Deende al capitalismo. La Iglesia siempre ha condenado la
revolución.— No existe hoy el régimen comunitario.— ¿Qué es el régimen comunitario?NADIE que haya alcanzado una noción correcta de las enormes expectativas que ofrece en Chile el encon-
trarse en el ejercicio de la Presidencia de la República, puede desconocer que el plazo de un año es ya suci
-ente para formular un juicio concreto, extraño a toda temeridad, acerca de si el Gobierno democratacristiano
ha resultado, en síntesis, benecioso o perjudicial para el país y si es o no una revolución.
Encarar este balance reviste interés desde múltiples ángulos. Es importante comprobar si la democracia cris-
tiana presenta un contenido propio que la diversique, en términos reales, de otras tendencias desde el punto
de vista de la teoría política y que le asigne, por lo mismo, una posición histórica trascendental en la trayec-toria chilena y aun de América Latina y quizá si hasta del mundo, como se pregona publicitariamente. Esteanálisis es útil, asimismo, porque sus conclusiones habrán de contribuir a esclarecer el sentir de la opinión
pública, contribuyendo a poner n a distorsiones circunstanciales. Por último, siempre se ha considerado tarea
imperativa para todo hombre con cabal sentido de sus responsabilidades, esmerarse para que la verdad corrija
el error inconsciente o prevalezca sobre la mixticación deliberada.La campaña presidencial originó un proceso cívico en que se enfrentaron, en denitiva dos corrientes: la de
-mocracia cristiana y el movimiento popular. La derecha desertó como tal, y en los hechos, de la contienda ysus sufragios se volcaron hacia el señor Frei.No es del caso reiterar las advertencias que hemos venido formulando para prevenir al país, con tanta claridad
como lealtad, en el sentido de que el señor Frei no ejercería un gobierno ecaz apto para que Chile emprend
-iese una ruta adecuada para superar el subdesarrollo.
Nuestras armaciones se basaban en premisas que la experiencia de un año ha corroborado paso a paso.
Tanto la democracia cristiana como el movimiento popular alcanzan un punto de coincidencia. Ambos asever-an que Chile exige de modo ineludible un cambio esencial en las estructuras que determinan su desarrolloeconómico y su realidad social y política. Se ha asegurado que el sistema imperante condena al país a unafrustración que, por su amplitud, llega a constituir el índice de la vida de nuestras gentes. Se estudió ya Chileen profundidad, cuali y cuantitativamente, y se ha divulgado de modo muy vasto el inventario de nuestras
deciencias y vacíos. Se ha demostrado a la ciudadanía que estos factores —enunciados en cifras y por cien
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tos— conguran de manera muy concreta la calidad de nación subdesarrollada que singulariza a Chile y que
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