PROLOGO
Las ideas políticas e historiográfcas de Julio César Jobet
Este libro tiene un marcado carácter polémico. Se acentúan en sus páginas y se difunden en ellas las doctrinas socialistas. Enla tesis que sustenta, hay un contenido de raíz marxista inteligentemente aprovechado. Las expresiones peculiares del lenguaje
político de un partido aoran con frecuencia. Una crítica acerba del régimen político, social y económico del liberalismo que hagobernado la república anima el pensamiento del autor. Es maniesta la tendencia a hacer la historia del pueblo en su áspera lucha
por el mejoramiento de su destino.Se enjuicia la conducta de los grupos sociales formados en el Poder que controlaron la agricultura, la industria y el comercio, como
una plutocracia, en la dirección superior del país. De aquí deriva la violencia, a veces, de la palabra en un estilo escueto y sin
adornos literarios ni estéticos.Todas estas circunstancias, unas más, otras menos, y quién sabe cuántas otras, provocarán las más enardecidas controversias
acerca del valor histórico y sociológico de este libro como ensayo de interpretación, muy personal, del proceso del desenvolvimiento
de Chile, a partir de la primera mitad del siglo xix hasta nuestros días.
Nos anticipamos a vaticinar el porvenir de la obra. Se le hará, por los sectores conservadores, políticos y económicos, cuanto
se pueda por ignorarla y silenciarla, de acuerdo con la láctica de esa escuela; y el desdén y el desprecio, por el valor de sus
armaciones, será el otro recurso con que se la ahogará. Más de una persecución se impondrá a su autor. Pero los hombres depensamiento más renovado, de mayor cultura histórica y sociológica, discutirán este libro, y dejando de mano lo puramenteexterno, la modalidad socializante de Julio César Jobet, verán en sus páginas un considerable esfuerzo de investigación, unarespetable tarea de ordenación de datos de toda clase, reunidos, comparados y vericados con una dignísima probidad intelectual.Más aún: descubrirán un valor nuevo que aparece en el campo de la historia y de la sociología. Pero este nuevo valor tiene elmérito indiscutible de poseer el dominio de las ideas generales de la losofía, de una cultura, y la virtud de un pensamiento claro
y también honrado por sus sinceras convicciones.
La defensa de la obra de Jobet, en el tiempo, se encuentra, precisamente, en esta condición, y ella la hará duradera a pesar de las
negaciones que impondrán las circunstancias y las oportunidades del círculo del conservantismo. Y debo comenzar por advertirla.Yo no estoy de acuerdo con el juicio de Jobet en muchos aspectos, y declaro, desde luego, que no acepto ni comparto, por motivo
alguno, la opinión que le merece la primera y segunda administración del Presidente Alessandri. El autor, que en el curso de laspáginas de su obra ha visto señorearse en el gobierno de la República a una plutocracia sin visión del porvenir, pero con bastanteprestigio histórico y moral, que condena, no ve en Alessandri al caudillo que en 1920 la derriba y la reemplaza con un nuevoideario político’ y social; no le hace fuerza, en la segunda presidencia, el aanzamiento del régimen civil y la izquierdisación, siasí pudiéramos decirlo, de los partidos de la Derecha por la obra personal de Alessandri, conducir a ese grupo a una acción que lo
apartaba de su individualismo para recoger, siquiera a medias, las primeras concepciones socialistas. Estos y otros juicios, que no
suscribiríamos, no invalidan el libro de Jobet como ensayo de verdadero mérito histórico.En mi opinión la obra de Jobet tiene, además del valor histórico y sociológico que reconozco sin trepidación alguna, otro muyinteresante para el estudio de las ideas de su generación.Estoy en condiciones de agregar a la historia de esa generación, que es la juventud de 1930, algunos datos que pueden ser útilesmás tarde. Jobet fue mi discípulo muy querido y muy brillante en el Departamento de Historia del Instituto Pedagógico de laUniversidad de Chile Desde 1925 he visto formarse en esas aulas a hombres de verdadero mérito en los estudios históricos, cuyaspublicaciones el acervo historiográco ha recogido con aplauso. Julio Alemparte Robles, Mariano Picón Salas, Julio Heisse González,Eugenio Pereira Salas, Julio Vega, Mario Góngora, Olga López, Leonardo Fuentealba, Hernán Ramírez Necochea, Néstor Meza, OlgaPoblete, Alejandro Soto Cárdenas, fueron mis alumnos, y cada uno de ellos, en el magisterio y en el cultivo de la historia, se han
ganado un nombre.
Julio César Jobet perteneció a la generación de 1930. Un fuerte sentido de responsabilidad social, que se empapaba en el fervientedeseo de provocar un cambio de régimen en Chile, agitaba las conciencias de esa juventud. Apareció en la acción pública en contrade la dictadura de un vulgar soldado, encaramado en el poder, llamado Carlos Ibáñez, cuyo gobierno merecía ya entonces, por susactos de tiranía, un sentimiento de repudio. Los grupos más esforzados y dinámicos de la juventud de 1930 fueron formados porlos estudiantes universitarios. En ellos se alistó Jobet. Esos jóvenes debieron improvisarse para la lucha con rapidez en círculos
que conspiraban y que, al mismo tiempo, nutrían sus inteligencias con las ideas marxistas que entonces se esparcían por todo el
mundo, como consecuencia del triunfo de la Revolución Rusa. Según ellos, el sistema democrático-capitalista había hecho crisiso atravesaba por una honda disgregación; era visible el advenimiento de la era de los obreros, cuyo vigoroso movimiento se
observaba en los grandes países democráticos.
Bajo la orientación de las ideas marxistas se organizó en Chile el Partido Comunista, creándose diversos grupos socialistas, yfusionándose algo más tarde, el 19 de abril de 1933, el Partido Socialista. Su acción doctrinaria y proselitista se vio robustecida porel movimiento sindical de la clase trabajadora que ese partido llegó a controlar en grande escala.Los movimientos políticos de 1931, y los que sucedieron más adelante, quedaron señalados como la obra de la generaciónrevolucionaria de 1930. Contaba a su haber con la caída del régimen de oprobio y de vergüenza del teniente coronel Ibáñez, laturbulenta revolución de junio de 1932, el derrumbe de Carlos Dávila, el desarrollo del Partido Comunista, la fundación del PartidoSocialista, la organización sindical, hasta constituirse la Confederación de Trabajadores de Chile (C. T. CH.), la constitución delFrente Popular, y el triunfo decisivo del 25 de octubre de 1938, con las fuerzas completas de izquierdas que llevó a la Presidenciade la República a Pedro Aguirre Cerda.La generación de 1930 marchó a la vanguardia del movimiento político y social de Chile: fue la que inuenció considerablementesu dirección y la que vio su triste desenlace. En el fondo, era ésta una juventud esencialmente izquierdista. Atrajo a sus lasla de los partidos Socialista y Comunista. Un sector apreciable de católicos la miraba con simpatías, y éstos eran los jóvenescatólicos que sentían anidades por el programa social de aquellos partidos. Luchaban esos jóvenes católicos por modicar laorientación individualista de los grupos de la Derecha, y al malograrse esas iniciativas de re-novación, ellos dieron vida a la Falange
Nacional.
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