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1951
 
PROLOGO
Las ideas políticas e historiográfcas de Julio César Jobet
Este libro tiene un marcado carácter polémico. Se acentúan en sus páginas y se difunden en ellas las doctrinas socialistas. Enla tesis que sustenta, hay un contenido de raíz marxista inteligentemente aprovechado. Las expresiones peculiares del lenguaje
político de un partido aoran con frecuencia. Una crítica acerba del régimen político, social y económico del liberalismo que hagobernado la república anima el pensamiento del autor. Es maniesta la tendencia a hacer la historia del pueblo en su áspera lucha
por el mejoramiento de su destino.Se enjuicia la conducta de los grupos sociales formados en el Poder que controlaron la agricultura, la industria y el comercio, como
una plutocracia, en la dirección superior del país. De aquí deriva la violencia, a veces, de la palabra en un estilo escueto y sin
adornos literarios ni estéticos.Todas estas circunstancias, unas más, otras menos, y quién sabe cuántas otras, provocarán las más enardecidas controversias
acerca del valor histórico y sociológico de este libro como ensayo de interpretación, muy personal, del proceso del desenvolvimiento
de Chile, a partir de la primera mitad del siglo xix hasta nuestros días.
Nos anticipamos a vaticinar el porvenir de la obra. Se le hará, por los sectores conservadores, políticos y económicos, cuanto
se pueda por ignorarla y silenciarla, de acuerdo con la láctica de esa escuela; y el desdén y el desprecio, por el valor de sus
armaciones, será el otro recurso con que se la ahogará. Más de una persecución se impondrá a su autor. Pero los hombres depensamiento más renovado, de mayor cultura histórica y sociológica, discutirán este libro, y dejando de mano lo puramenteexterno, la modalidad socializante de Julio César Jobet, verán en sus páginas un considerable esfuerzo de investigación, unarespetable tarea de ordenación de datos de toda clase, reunidos, comparados y vericados con una dignísima probidad intelectual.Más aún: descubrirán un valor nuevo que aparece en el campo de la historia y de la sociología. Pero este nuevo valor tiene elmérito indiscutible de poseer el dominio de las ideas generales de la losofía, de una cultura, y la virtud de un pensamiento claro
y también honrado por sus sinceras convicciones.
La defensa de la obra de Jobet, en el tiempo, se encuentra, precisamente, en esta condición, y ella la hará duradera a pesar de las
negaciones que impondrán las circunstancias y las oportunidades del círculo del conservantismo. Y debo comenzar por advertirla.Yo no estoy de acuerdo con el juicio de Jobet en muchos aspectos, y declaro, desde luego, que no acepto ni comparto, por motivo
alguno, la opinión que le merece la primera y segunda administración del Presidente Alessandri. El autor, que en el curso de laspáginas de su obra ha visto señorearse en el gobierno de la República a una plutocracia sin visión del porvenir, pero con bastanteprestigio histórico y moral, que condena, no ve en Alessandri al caudillo que en 1920 la derriba y la reemplaza con un nuevoideario político’ y social; no le hace fuerza, en la segunda presidencia, el aanzamiento del régimen civil y la izquierdisación, siasí pudiéramos decirlo, de los partidos de la Derecha por la obra personal de Alessandri, conducir a ese grupo a una acción que lo
apartaba de su individualismo para recoger, siquiera a medias, las primeras concepciones socialistas. Estos y otros juicios, que no
suscribiríamos, no invalidan el libro de Jobet como ensayo de verdadero mérito histórico.En mi opinión la obra de Jobet tiene, además del valor histórico y sociológico que reconozco sin trepidación alguna, otro muyinteresante para el estudio de las ideas de su generación.Estoy en condiciones de agregar a la historia de esa generación, que es la juventud de 1930, algunos datos que pueden ser útilesmás tarde. Jobet fue mi discípulo muy querido y muy brillante en el Departamento de Historia del Instituto Pedagógico de laUniversidad de Chile Desde 1925 he visto formarse en esas aulas a hombres de verdadero mérito en los estudios históricos, cuyaspublicaciones el acervo historiográco ha recogido con aplauso. Julio Alemparte Robles, Mariano Picón Salas, Julio Heisse González,Eugenio Pereira Salas, Julio Vega, Mario Góngora, Olga López, Leonardo Fuentealba, Hernán Ramírez Necochea, Néstor Meza, OlgaPoblete, Alejandro Soto Cárdenas, fueron mis alumnos, y cada uno de ellos, en el magisterio y en el cultivo de la historia, se han
ganado un nombre.
Julio César Jobet perteneció a la generación de 1930. Un fuerte sentido de responsabilidad social, que se empapaba en el fervientedeseo de provocar un cambio de régimen en Chile, agitaba las conciencias de esa juventud. Apareció en la acción pública en contrade la dictadura de un vulgar soldado, encaramado en el poder, llamado Carlos Ibáñez, cuyo gobierno merecía ya entonces, por susactos de tiranía, un sentimiento de repudio. Los grupos más esforzados y dinámicos de la juventud de 1930 fueron formados porlos estudiantes universitarios. En ellos se alistó Jobet. Esos jóvenes debieron improvisarse para la lucha con rapidez en círculos
que conspiraban y que, al mismo tiempo, nutrían sus inteligencias con las ideas marxistas que entonces se esparcían por todo el
mundo, como consecuencia del triunfo de la Revolución Rusa. Según ellos, el sistema democrático-capitalista había hecho crisiso atravesaba por una honda disgregación; era visible el advenimiento de la era de los obreros, cuyo vigoroso movimiento se
observaba en los grandes países democráticos.
Bajo la orientación de las ideas marxistas se organizó en Chile el Partido Comunista, creándose diversos grupos socialistas, yfusionándose algo más tarde, el 19 de abril de 1933, el Partido Socialista. Su acción doctrinaria y proselitista se vio robustecida porel movimiento sindical de la clase trabajadora que ese partido llegó a controlar en grande escala.Los movimientos políticos de 1931, y los que sucedieron más adelante, quedaron señalados como la obra de la generaciónrevolucionaria de 1930. Contaba a su haber con la caída del régimen de oprobio y de vergüenza del teniente coronel Ibáñez, laturbulenta revolución de junio de 1932, el derrumbe de Carlos Dávila, el desarrollo del Partido Comunista, la fundación del PartidoSocialista, la organización sindical, hasta constituirse la Confederación de Trabajadores de Chile (C. T. CH.), la constitución delFrente Popular, y el triunfo decisivo del 25 de octubre de 1938, con las fuerzas completas de izquierdas que llevó a la Presidenciade la República a Pedro Aguirre Cerda.La generación de 1930 marchó a la vanguardia del movimiento político y social de Chile: fue la que inuenció considerablementesu dirección y la que vio su triste desenlace. En el fondo, era ésta una juventud esencialmente izquierdista. Atrajo a sus lasla de los partidos Socialista y Comunista. Un sector apreciable de católicos la miraba con simpatías, y éstos eran los jóvenescatólicos que sentían anidades por el programa social de aquellos partidos. Luchaban esos jóvenes católicos por modicar laorientación individualista de los grupos de la Derecha, y al malograrse esas iniciativas de re-novación, ellos dieron vida a la Falange
Nacional.
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Julio César Jobet participó como un modesto soldado en todas estas lides. Le encontrarnos en ellas desde 1930 hasta 1933, enque, como estudiante, desde la Universidad, y como su representante de los círculos avanzados del Instituto Pedagógico, aportósu concurso en conferencias de divulgación de las ideas socialistas en la cátedra para los obreros en la que los ilustró sobre laHistoria Nacional, en asociaciones de bienestar social, en campañas de opinión en la prensa y en la tribuna de base absolutamente
popular.
En ese año de 1933, se incorporó al Partido Socialista. Apenas se había fundado.Recordamos con emoción ahora las esperanzas que pusimos en ese Partido que a nuestros ojos-, a nuestros Sentimientos, se nosrepresentaba como el mejor logro de las conquistas -políticas de Chile. Nos parecía que con ese partido, formado con hombres tan
brillantes, de tan esclarecida inteligencia, de tan puros ideales, tan honrados y virtuosos corno fueron sus primeros directores, la
República había alcanzado la etapa más cercana de su denitiva organización. Eugenio Matte se nos alzaba como un símbolo. Ynosotros no éramos militantes de ese partido ni nunca lo hemos sido, porque nuestra fe política, la herencia de nuestra tradición,el romántico amor por una libertad que agoniza, el eco todavía muy vivo en nosotros por la emancipación de las ideas, nos han
llevado con todas nuestras simpatías hacia el Partido Radical, al cual tampoco pertenecemos y del que somos un simpatizante al
margen de sus las. Pero comprendíamos que el Partido Socialista, en una virtual alianza con el Partido Radical, llegaría a unirseen una formidable coalición, por la semejanza de la doctrina social, económica, política, por sus elementos de clase media, por las
mismas aspiraciones intelectuales que conjugaban y por el mismo destino que la historia parecía inexorablemente depararles.
No fue más que una ilusión, pero una bendita ilusión reconfortante.Jobet debió alimentar sobre el partido en que formaba su hogar político ilusiones parecidas. Con una diferencia: las suyas eran
las de un joven lleno de ideales y ambiciones; las nuestras se retemplaban con los primeros desengaños de la vida, a los treintaaños.
Con brillo y dignidad guró Jobet en el Partido Socialista. La juventud que formaba en sus las, casi toda ella salida de las aulasuniversitarias, era culta, inteligente, esforzada y con un sentido verdaderamente religioso por la causa. Jobet sobresalió entre esa juventud. De todos ellos, fue el que se compenetró mejor de la idea losóca del socialismo. Estudió Su historia, sus tendenciascontemporáneas, las nuevas bases en que funda su acción., las características de las fuerzas políticas militantes y adherentesque lo integran, sus fundamentos cientícos, la razón de su expansión, los problemas internacionales que debe confrontar ensu expansión, y las relaciones de este partido, en su sentido universal, con los organismos económicos de la clase obrera. Porúltimo, son muchas las meditaciones que se le deben, y que corren en artículos, sobre el socialismo como fenómeno histórico. Launicación del socialismo en América le ha merecido a Jobet más de un valioso ensayo.En las las del partido se distinguió, además, por la serenidad del espíritu, la rmeza del carácter sin estridencia, la voluntadejecutiva de la acción carente de asperezas. Jobet une a una suave y elegante discreción, una manera de insinuarse que le captasimpatías, con la que rinde a sus contradictores y se les impone. Pero también posee los dones de una cultura amplia. Irónico,bulliciosamente irónico, su sangre gala, na y traviesa, habla de un espíritu renado en incesante renovación de sus ideas.Fueron todas estas condiciones las que lo hicieron miembro del Comité Central, elegido en el IV Congreso General Ordinario delpartido celebrado en Talca en marzo de 1937. Reelegido hasta 1942, se alejó entonces de la acción directiva cuando percibió ladesorientación teórica y política del socialismo. Su discrepancia con la nueva marcha del partido, su crítica violenta a esta conductade la directiva, quedó escrita en un largo prólogo al libro de Humberto Mendoza intitulado ¿Y Ahora? El socialismo móvil de postguerra, que apareció a nes de ese mismo año.En esos tiempos brillantes del Partido Socialista, por desgracia muy cortos, Julio César Jobet concibió una tenaz acción organizadora
y de propaganda a lo largo del país para difundir el estudio sistemático de la doctrina, del socialismo, estudio que había ya realizado
al ingresar a su hogar político. Lo que le interesaba era la divulgación de la idea. De esta época es su librito Los Fundamentos delMarxismo, que ha alcanzado dos ediciones, y algunos folletos sobre la teoría y el programa del partido y la realidad chilena. Esteúltimo estudio sobre el socialismo y la realidad chilena está inuido por su formación histórica en el Instituto Pedagógico, y creo,aunque parezca presuntuoso decirlo, que contribuí como Profesor de Jobet a despertar su vocación por los estudios históricos,
sintiéndome ahora orgulloso de haberlo logrado.
En su afán de interpretar el desarrollo histórico nacional, Jobet ha empleado un nuevo método o concepción. Lo voy a exponer talcual lo entiendo a través de esta obra, de innidad de artículos y de libros que le he leído, y me imagino que puedo dar una ideabastante clara de su punto de vista personal. Esta concepción deriva, a su juicio, de una contradicción del fenómeno político ysocial con el económico chileno. ¿En qué estriba esa contradicción? La evolución histórica de Chile, proclamada por los historiadoresconservadores y liberales, como grandiosa en lo político y ejemplar desde el ángulo de la organización jurídica, es una cción.Magnícas leyes establecen grandes conquistas sociales, mientras en la vida diaria las más tremendas injusticias, miserias yexpoliaciones agobian al pueblo. Para descubrir las causas de esta contradicción en la estructura del país, Jobet se remonta alanálisis de todo el proceso histórico, guiado por el método del materialismo histórico, preocupándose de una manera sustancial pordesentrañar los cambios económicos y las transformaciones sociales que experimentó el país, mucho antes que las luchas políticasde simple supercie, reejos de aquellos cambios estructurales.Los datos en que funda su interpretación son considerables y no pueden merecer objeción, si se los toma con buena fe.Llega a comprobar que Chile carece de una estructura económica y social homogénea, entrelazándose en ella formas de produccióncapitalista, lo que le asigna un carácter de país semifeudal y semicapitalista. A partir de aquí acomete el estudio y análisis de laevaluación histórica de la república que le permite seguir el proceso que ha generado tan, lamentable y dolorosa situación.El margen de la discusión queda aquí abierto.
Jobet ya había avanzado algunos de estos puntos de vista en otras obras. El primer fruto de este análisis y desvelo corresponde al
de su iniciación literaria, en un libro de juventud, aparecido en 1942. Lleva por título Santiago Arcos Arlegui y la Sociedad Igualdad.Un socialista utopista chileno.La fecha indicada corresponde al año de la publicación del libro, porque la investigación del material que lo compone y su primeraredacción, es muy anterior. Jobet presentó este estudio como tesis que coronaba el término de ellos en el Instituto Pedagógicode la Universidad de Chile, para Obtener su título de Profesor de Estado en las asignaturas de Historia, Geografía e InstrucciónCívica. Nos correspondió informar la memoria del que fuera nuestro distinguido alumno, y hemos leído ahora el informe que
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