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La Rana Que Queria Ser Una Rana Autentica

La Rana Que Queria Ser Una Rana Autentica

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03/01/2013

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La rana que quería ser una rana auténticaAugusto Monterroso
Había una vez una rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los díasse esforzaba en ello.Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscandosu ansiada autenticidad. Unas veces parecía encontrarla y otras no, según elhumor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejoen un baúl.
Por n pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opi
-nión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuandono le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y recono-cían que era una Rana auténtica.Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especial-mente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar  para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa paralograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas,y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuan-do decían que qué buena rana, que parecía pollo.FIN
El espejo que no podía dormirAugusto Monterroso
Había una vez un espejo de mano que cuando se quedaba solo y nadie seveía en él se sentía de lo peor, como que no existía, y quizá tenía razón; perolos otros espejos se burlaban de él, y cuando por las noches los guardabanen el mismo cajón del tocador dormían a pierna suelta satisfechos, ajenos ala preocupación del neurótico.FIN
La tela de Penélope o quién engaña a quiénAugusto Monterroso
Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y
singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida ación a tejer,
costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas.Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observabaque a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar unode sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando ahurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba arecorrer el mundo y a buscarse a sí mismo.De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba consus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y noque Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero,que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.FIN

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