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gómez robledo. platón, teoría de las ideas

gómez robledo. platón, teoría de las ideas

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08/07/2013

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ANTONIO GÓMEZ ROBLEDO
Del Colegio Nacional
,
PLATON
 Los seis grandes temas de su filosoa
FONDO DE CULTURA ECONóMICA
MÉXICO
 
Primera edición, Centro de Estudios Filosóficos de la UNAM, 1974Primera reimpresn, Fondo de Cultura Ecomica, 1982Av. de
la
Universidad 975,
03100
México,
D. F.
D. R.
©
1982, Fo:-;oo
DE CULTURA
ECO:-;Ó?-IICA
ISBN 968-16-1071-7
Impreso en México
PRóLOGO
E HAYA
un "Plan" s, qué importa al mundo ... Segura.mente que así ha de ser, y sobre todo con un Platón mexicano,cuando los hispanoamericanos, en tanto que filósofos, estamosapenas -y esto en el mejor de los casos- en nuestra etapa
"pre-
socrática". De ella, sin embargo, no saldremos jas si no nosdecidimos a hacer, por nuestra cuenta y riesgo, lo mismo que 1super<le~arrollados. En el campo de la economía hace ya tiemp:>que tomamos esta decisn, y no hay por qué no tomarla tam-bién en el de la cultura.En la circunstancia mexicana, concretamente, no es ya ningumnovedad el que nosotros mismos tratemos, con originaria reponsabilidad, de repensar las obras de los grandes pensadores.Con Grecia, s en concreto, lo hicieron así, hace s de mediosiglo,
todos
los miembros de la generación del Ateneo, y uno deellos, Alfonso Reyes, perseveen esta empresa casi por mediosiglo, mientras tuvo vida.
y
su "aficn de Grecia", del mundoclásico en general, redundó de hecho -¿qun podrá negarlo?-en incremento de la cultura mexicana, así hayan podido encoger-se de hombros, ante su obra, ciertos
scholars
con los cuales nadanos va ni nos viene. Con respecto a otros pensadores o a otrascorrientes filosóficas se dividieron luego los ateneístas, como teníaque ser en una comunidad de esritus libres, pero en el cultode Grecia estuvieron unánimes siempre. En una de sus grandeshumoradas, Vasconcelos llegó a escribir aquel infortunado artícu·lo de "La Antorcha": "Reneguemos del latinismo", pero nUnGldel helenismo. Tan lejos estaba de ello, que lo que buscaba eraprecisamente suprimir la mediación de Roma para establecer las direcla e inmediata comunión con Grecia. .Ahora bien, y como lo dijeron explícitamente tantos de entreellos -Reyes sobre todo-, era justo la circunstancia mexicana,y no una inclinacn cultural como cualquier otra, lo que lesempujaba apremiantemente a buscar en Grecia lo que necesita-ban transvasar luego en sangre propia, en nuestros bitoss íntimos y en nuestra propia mentalidad. El culto de laRan, el equilibrio espiritual, la
sophmsyne
sobre la
h)'bris,
¡tantas cosas más!, dean convertirse tambn, como en otraspartes, en patrimonio espiritual mexicano. Con lo Dyonisos-o sus émulos del Pantn azteca- nos había ido como era tan
[7 )
 
8
PRÓI.OGO
patente. Apolo dea ycnir tambn, }' con (;1la medida, el ordeny la claridad del espíritu. Todaa, sin embargo, parece que algoqueda por hacer, cuando no hace tantos alÍas sentimos una vezs cómo Huichilobos, sen dea el gran cronista, "hedía muymalamen te".Desde que me decia lamarme -un mexicano s, enamora-do de Grecia- en esLe gl·nero de estudios, he tcnido como pautay ga la ele aquellos varones, la más ilustre promocn en lahistoria espiri tual de l\xico. Con "la equis en la frente" -la delnombre de la patria- fueron ellos en procura de Grecia, y poresto fue su obra tan humastica como mexicana. En ellos ope-, instintivamente tal vez, pero no por esto con menos segurodiscernimiento, un criterio selectivo por virtud del cual esco-gieron, en el inagotable legado clásico, los temas o motivos deque s necesitamos para poder llegar aln a, nosotros tam-bién, a la plenitud del esritu.Mi criterio selectivo, en lo que concierne a Platón, está patenteen los que para , naturalmente, son los seis grandes temas desu filosofía: la Virtud, las Ideas,
el
Alma, el Amor, la Educacióny el Estado. Podré haber errado por carta de más o de menos,pero creo que nadie podrá negar que se trata de temas indiscu-tiblemente platónicos.
y
si los he tratado bien o mal, a otros tocadecirlo, pero la opel'ación selectiva, en suma, me parece perfecta-mente letima, como la que hizo Heimsoeth con "los seis gran-des temas de la metafísica occidental". Mera coincidencia, comoleemos en la pantalla, de hallazg·o y nomenclatura.Me parecasimismo que, consideradas todas las circunstan-cias, el enfoque tetico de Platón es el único posible, en laactualidad, para un filósofo o filosofante hispanoamericano. Unabiografía espiritual de Plan, acompasada con cada uno de los(llogos, puclo hacerla \Vilamowitz, así como un esLudio de lafilosofía platÓnica, de diálogo en diálogo, con su análisis s omenos exhaustiyo, fue la gran empresa amparada con nombrestales como los de Grote, Ritter, Taylor y Shorey, para no hablarele überweg, Zeller y Gomperz, los grandes historiadores de lafilosoa henica. Querer ponerse en el mismo plan de estoscolosos es como ponerse con Goliat, pero sin el auxilio divino.Lo quc, en cambio, puede hacer cualquiera riecorosamente, esdiscurrir libremente por el tema o temas elegidos, con sólo quesus lucubraciones tengan primero el suficiente apoyo documentalen los textos platónicos. Lo único que no puede hacerse es dis-currir en el vao o tomar a Platón como pretexto ele nuestro
PRÓLOGO
9di vagar. Y tambn este género de platonismo libre, como si di- jéramos, tiene ilustres precedentes, como, por ejemplo, el célebrelibro de Walter PateroCon todo ello, podrá siempre objetarse que esto de llevar unlibro s a la biblioteca (bibliotecas mejor dicho) de los librosescritos sobre Platón, es tanto como querer llevar lechuzas aAtenas, según decían los antiguos, o cocos a Colima, para decirloa la mexicana. Así es, desde luego, con tantos libros o libeloscomo andan por ahí, y podría serlo tambn con el presente(los lectores lo dirán), cuando el libro en cuestión no aporta lamellar novedad, en ningún sentido, a lo que ya consta en los quele precedieron. lo que, cuando tal es el lamentable caso, laculpa entera es del autor y no de la materia, o dicho de otromodo, que no está clausurado, ni con mucho, el campo de la exe-tica platónica. Los grandes pensadores, en efecto, tienen en estoun destino análogo al de Cristo, quien se defina sí mismocomo signo de contradiccn. Mientras los sintamos vivos, comolo sentimos a Plan, habrá de seguir librándose, en torno a sumensaje, la eterna pelea, como lo dejarán ver -as1 lo espero porlo menos- las páginas que siguen. Ni sobre Platón mismo, nisobre su filosoa, ha podido hasta hoy decirse la última palabra.Xo hay uno solo, entre los grandes temas platónicos, que no sea,en el momento actual, campo de beligerancia,
y
en la afluenciade concurrentes bien puede entrar uno s. Sería tan cil comolargo e impertinente hacer el catálogo de los contendientes en elpalenque platonizante, los de hoy y los del pasado inmediato.Uno de los últimos en haberse ido, Cassirer, expi, como quiendice (si tomamos
El mito del Estado
como su testamento), com-batiendo contra Jaeger en la interpretacn, en puntos cardina-les, de la personalidad
y
de la obra de Plan.No se ha dicho sobre él la última palabra, por la simple ybuena ran ele que Platón está vivo,
y
lo de los muertos hay,al enterrarlos definitivamente, Últimas palabras. Las hay de mu-chos filósofos que, con todos sus méritos, están bien muertos, perono puede haberlas de quien prosigue actuando entre nosotros,en los problemas s vitales del hombre y del Estado. Habrámuerto sólo cuando haya muerto la civilización occidental, la quelleva él (se ha dicho muchas veces) , hace veinticinco siglos, sobresus anchas espaldas. Es una comparacn que, por verdadera quesea, no acaba de gustarme del todo, porque Atlas es un viejocansado que soporta, a más no poder, el peso del mundo, al pasoque Platón está hoy entre nosotros, para dirigirnos, con la misma

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