2
En boca cerrada no entran moscas, me dijo mi papá cuando yo le dije que le había visto a Carlosuna pistola.
Esa tarde Junio de 1964 no quería que Pedro Gordillo hablara de otras cosas diferentes a las delsecreto que me había revelado, pero sentía temor de preguntarle más cosas porque pensaba que no legustarían mis curiosidades. Por la noche me acosté a repasar situaciones vividas en los mesesanteriores: Mi hermano mayor y Carlos me pusieron a estudiar en Bucaramanga y Carlos me regañó undomingo porque él me fue a visitar y yo estaba en misa: Eso, -me dijo- no te ayuda a comprender el mundo, te voy a regalar este libro que te enseña mucho más que oír al cura decir lo que ni el mismo entiende (el libro que me regaló lo sacó de una chaqueta vieja que llevaba al hombro: JOSÉ ANTONIO GALÁN, se llamaba).
Seguía recordando cosas sin poder dormir; el domingo recién pasado uno de los muchachos quesupuestamente era trabajador, tenía sus tragos en la cabeza y montando una yegua al galope se dejócaer y se lastimó la cara, los brazos y las rodillas, compungido le dijo a Carlos: sanciónemeCompañero, pero yo voy a matar a ese hijueputa caballo, Carlos lo regaño y le dijo que se acostaraa dormir y después hablaban.
Ahora sí comprendo, me dije esa noche, para qué son esas hamacas que cose mi mamá hasta tan tardede la noche y esos pedacitos de trapo rojo y negro con las letras ELN.
Sentía ganas inmensas de preguntarle a Pedro muchas otras cosas y cuando desperté así lo hice.Hermano, yo me puedo ir también pa'l monte? Gran pingo, su papá no lo deja, usted es todavía unpelao y eso es pa' mayores, por eso no se va mi hermano Jesús ni José Miguel. . . Su respuesta meprodujo desencanto.
Al día siguiente le dije a Carlos que si me prestaba la pistola para hacer un tiro; se sorprendióy me dijo: yo no cargo eso, quién le dijo que yo cargaba pistola? Yo se la vi el domingo -lecontesté-, cuando se le levantó la camisa, tranquilo que yo no soy sapo. De esa manera logré queCarlos conversara conmigo. Le pregunté que si me llevaba para el monte que yo también era capaz de pelear contra los soldados. No te da mucho miedo? Me preguntó. Sí, le dije, pero soy capaz. Se puso a conversarme de cosas que yo entendía porque mi padre me las explicaba cuando yo leía la Vanguardia Liberal los domingos por la tarde: que los ricos robaban a los pobres, que la vidadebía ser distinta, que los obreros y campesinos debíamos organizarnos, que Bolívar y Galán habíanluchado contra los españoles y ahora nos tocaba luchar contra los gringos, etc.
Como a los ocho días mis viejos comprendieron que me alistaba para ingresar y me dijeron: Eso noes un juego, el que se va a la lucha es a vencer o morir; nosotros lo dejamos que usted decida,pero eso sí, para atrás ni un paso. Mi mamá me organizó dos mudas de ropa y con los ojos llorososme abrazó y me dijo: Dios lo bendiga y lo guarde, hijo.El 4 de Julio de 1964 a las ocho de la noche, reconocí por la voz a varios vecinos; este güevónqué hace aquí?! me dijo un muchacho del que no tenía ni la más mínima sospecha que estuviera allí,Ciro Silva, jornalero de la vereda Santa Rosa.Por primera vez nos encontrábamos todos los 18 que iniciábamos la primera marcha guerrillera... Enun rancho abandonado, a mil metros de la casa de Pedro Gordillo sucedía todo esto que quedaríacomo un hecho de trascendencia histórica, pero insospechado para casi todos sus protagonistas.
Entre humo de cigarrillos, olor a sudor y a mierda de vaca, una voz dijo lo siguiente:"Compañeros, marcharemos esta noche hasta el amanecer. Bizcocho-Tornillo es el santo y seña.Parmenio, José, Guillermo y Leonardo irán a la vanguardia. Policarpo, Pedro, David, Segundo yRovira irán a la retaguardia, los demás iremos en el grueso, yo seré la cabeza del grueso. Nadiefuma sin autorización mía ni se encienden linternas a menos que lo haga la vanguardia; si nosatacan por la vanguardia aquí nos encontraremos. Ningún compañero deje nada de lo asignado y laretaguardia borre el piso que hay en el rancho para que mañana los campesinos no lo noten".
A las 9:30 p.m. en medio de una lluvia a la que nadie le paró bolas, salió la columna guerrillera.Yo no podía imaginarme para donde íbamos, pero no lo preguntaba porque Parmenio me habíaadvertido; "Nadie debe saber más de lo que necesita para su trabajo". Luego de cuatro horas de unamarcha muy lenta, pasamos por junto a donde yo ordeñaba tres vacas flacas todos los días, allí ledije a Carlos (Fabio Vásquez): Compañero, yo conozco mejor por aquí que los de adelante, si quiereecho adelante. Así vamos bien -me respondió-.Habíamos partido del Progreso, de la finca de los padres de Parmenio, la marcha era hacia elNoroccidente hasta llegar al Cerro de Los Andes, a tres días de camino a pié y con carga.A las 3 de la mañana, cansados y con sueño nos tocó caminar la carretera que va del municipio deSan Vicente al hoy municipio de El Carmen (en el 64 era corregimiento). A las 5 de la mañanapasamos junto a cinco campesinos que descuartizaban una vaca para venderla en la carnicería deJorge Pinzón. En medio de risas de aquel grupo entusiasta que no tenía idea que en ese momentonosotros pasábamos por allí, se oía en un transistor una canción arrabalera:"Aquellos ojitos verdescon quien se andarán pasiandoojalá que me recuerdenaunque sea de vez en cuando".
Leave a Comment