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http://www.scribd.com/people/view/3502992-jorge
Ejército de Liberación Nacional
El siguiente material ha sido extraído de la pagina web de la organización.
EL COMIENZO DE LA LUCHA ¿Cómo nace una Organización Guerrillera? ¿Cómo es la historia de esas historias a la vez pequeñasy grandes que dan contenido a eso que agarrado todo a la vez es la Historia, así grandota ydesprovista de detalles pequeños que son los que en el fondo hacen posible que suframos y amemos yluchemos en esta vida un tanto difícil y definitoria que nos ha correspondido afrontar en el sigloXX?
 La historia tradicional -contada por los dueños de las cosas y las personas- es una historiacompuesta solamente de héroes y batallas, de mentiras y condecoraciones, donde el pueblo -y sobretodo la mujer, cuya participación en la historia ha sido tan desconocida- aparece muy casualmentey apenas como convidado de piedra en la realización de la historia.Sin embargo, la verdad es otra. La verdad es que el pueblo es el hacedor auténtico de la historia,desde tiempos antiguos hasta hoy y en el futuro también. Cosa muy distinta es que la historia seaenfocada por las clases de modo tal que se desconoce que el pueblo construye cotidianamente -consu trabajo y su lucha- esa HISTORIA, así con mayúsculas. El pueblo, por lo tanto, tiene derecho adirigir y encauzar la historia que construye. Y en esa tarea estamos.Ya en nuestro caso, con ese objetivo venimos caminando desde el 4 de julio de 1964 cuando 18campesinos colombianos -la mayor parte iletrados- dimos comienzo y visa de identidad al Ejércitode Liberación Nacional -ELN-.Me he propuesto, contarles algunos detalles de cómo nació nuestra Organización -de ustedes y denosotros, de todos-, pues es una necesidad urgente que ahondemos, estrechemos y ampliemosmecanismos de comunicación, por que si como pueblo no asumimos esta tarea, nadie lo hará pornosotros. Y menos la autollamada "gran prensa", cuyo propósito es alejar y dividir al pueblorespecto de sus Organizaciones Revolucionarias.Fraternalmente,
Comandante Nicolás Rodríguez Bautista
 
CRÓNICA DEL 4 DE JULIO
 
Cuando regresé de llevarle el almuerzo a Don Cayetano Aguilar que estaba en ROMELANDIA, macaneandoel potrero que da a la carretera, encontré a Pedro sentado en el corredor de la casa jugando conun llavero.
 "Cuánto tiene pa' jugar esta noche...? "Me preguntó; no recuerdo la respuesta pero sentí que algomás que su pregunta, era su intención de conversar conmigo.
 Mano -me dijo después cuando quedamos a solas-, le voy a contar un secreto, pero júreme que no selo cuenta a nadie: Carlos no es primo mío, lo que pasa es que nos vamos a ir pa'l monte, porquehay que luchar contra los ricos, el gobierno y todo lo que esté en contra de los pobres; de SantaRosa se van varios, de La Granada otros, de Los Algibes está José Ayala, Carlos es el jefe y haycomo 20 más, yo también me voy.
Con todo esto, comprendí movimientos que se daban en la casa de lafamilia Gordillo y até cabos sobre la gimnasia de Carlos con siete muchachos más, que días anteslos asociaba como trabajadores amigos de José Ayala. En boca cerrada no entran moscas, me dijo mipapá cuando yo le dije que le había visto a Carlos una pistola.
Esa tarde Junio de 1964 no quería que Pedro Gordillo hablara de otras cosas diferentes a las delsecreto que me había revelado, pero sentía temor de preguntarle más cosas porque pensaba que no legustarían mis curiosidades. Por la noche me acosté a repasar situaciones vividas en los mesesanteriores: Mi hermano mayor y Carlos me pusieron a estudiar en Bucaramanga y Carlos me regañó undomingo porque él me fue a visitar y yo estaba en misa: Eso, -me dijo- no te ayuda a comprender el mundo, te voy a regalar este libro que te enseña mucho más
 Con todo esto, comprendí movimientos que se daban en la casa de la familia Gordillo y até cabossobre la gimnasia de Carlos con siete muchachos más, que días antes los asociaba como trabajadoresamigos de José Ayala.
 
 
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En boca cerrada no entran moscas, me dijo mi papá cuando yo le dije que le había visto a Carlosuna pistola.
Esa tarde Junio de 1964 no quería que Pedro Gordillo hablara de otras cosas diferentes a las delsecreto que me había revelado, pero sentía temor de preguntarle más cosas porque pensaba que no legustarían mis curiosidades. Por la noche me acosté a repasar situaciones vividas en los mesesanteriores: Mi hermano mayor y Carlos me pusieron a estudiar en Bucaramanga y Carlos me regañó undomingo porque él me fue a visitar y yo estaba en misa: Eso, -me dijo- no te ayuda a comprender el mundo, te voy a regalar este libro que te enseña mucho más que oír al cura decir lo que ni el mismo entiende (el libro que me regaló lo sacó de una chaqueta vieja que llevaba al hombro: JOSÉ ANTONIO GALÁN, se llamaba).
 Seguía recordando cosas sin poder dormir; el domingo recién pasado uno de los muchachos quesupuestamente era trabajador, tenía sus tragos en la cabeza y montando una yegua al galope se dejócaer y se lastimó la cara, los brazos y las rodillas, compungido le dijo a Carlos: sanciónemeCompañero, pero yo voy a matar a ese hijueputa caballo, Carlos lo regaño y le dijo que se acostaraa dormir y después hablaban.
 Ahora sí comprendo, me dije esa noche, para qué son esas hamacas que cose mi mamá hasta tan tardede la noche y esos pedacitos de trapo rojo y negro con las letras ELN.
 Sentía ganas inmensas de preguntarle a Pedro muchas otras cosas y cuando desperté así lo hice.Hermano, yo me puedo ir también pa'l monte? Gran pingo, su papá no lo deja, usted es todavía unpelao y eso es pa' mayores, por eso no se va mi hermano Jesús ni José Miguel. . . Su respuesta meprodujo desencanto.
 Al día siguiente le dije a Carlos que si me prestaba la pistola para hacer un tiro; se sorprendióy me dijo: yo no cargo eso, quién le dijo que yo cargaba pistola? Yo se la vi el domingo -lecontesté-, cuando se le levantó la camisa, tranquilo que yo no soy sapo. De esa manera logré queCarlos conversara conmigo. Le pregunté que si me llevaba para el monte que yo también era capaz de pelear contra los soldados. No te da mucho miedo? Me preguntó. Sí, le dije, pero soy capaz. Se puso a conversarme de cosas que yo entendía porque mi padre me las explicaba cuando yo leía la Vanguardia Liberal los domingos por la tarde: que los ricos robaban a los pobres, que la vidadebía ser distinta, que los obreros y campesinos debíamos organizarnos, que Bolívar y Galán habíanluchado contra los españoles y ahora nos tocaba luchar contra los gringos, etc.
 Como a los ocho días mis viejos comprendieron que me alistaba para ingresar y me dijeron: Eso noes un juego, el que se va a la lucha es a vencer o morir; nosotros lo dejamos que usted decida,pero eso sí, para atrás ni un paso. Mi mamá me organizó dos mudas de ropa y con los ojos llorososme abrazó y me dijo: Dios lo bendiga y lo guarde, hijo.El 4 de Julio de 1964 a las ocho de la noche, reconocí por la voz a varios vecinos; este güevónqué hace aquí?! me dijo un muchacho del que no tenía ni la más mínima sospecha que estuviera allí,Ciro Silva, jornalero de la vereda Santa Rosa.Por primera vez nos encontrábamos todos los 18 que iniciábamos la primera marcha guerrillera... Enun rancho abandonado, a mil metros de la casa de Pedro Gordillo sucedía todo esto que quedaríacomo un hecho de trascendencia histórica, pero insospechado para casi todos sus protagonistas.
Entre humo de cigarrillos, olor a sudor y a mierda de vaca, una voz dijo lo siguiente:"Compañeros, marcharemos esta noche hasta el amanecer. Bizcocho-Tornillo es el santo y seña.Parmenio, José, Guillermo y Leonardo irán a la vanguardia. Policarpo, Pedro, David, Segundo yRovira irán a la retaguardia, los demás iremos en el grueso, yo seré la cabeza del grueso. Nadiefuma sin autorización mía ni se encienden linternas a menos que lo haga la vanguardia; si nosatacan por la vanguardia aquí nos encontraremos. Ningún compañero deje nada de lo asignado y laretaguardia borre el piso que hay en el rancho para que mañana los campesinos no lo noten".
 A las 9:30 p.m. en medio de una lluvia a la que nadie le paró bolas, salió la columna guerrillera.Yo no podía imaginarme para donde íbamos, pero no lo preguntaba porque Parmenio me habíaadvertido; "Nadie debe saber más de lo que necesita para su trabajo". Luego de cuatro horas de unamarcha muy lenta, pasamos por junto a donde yo ordeñaba tres vacas flacas todos los días, allí ledije a Carlos (Fabio Vásquez): Compañero, yo conozco mejor por aquí que los de adelante, si quiereecho adelante. Así vamos bien -me respondió-.Habíamos partido del Progreso, de la finca de los padres de Parmenio, la marcha era hacia elNoroccidente hasta llegar al Cerro de Los Andes, a tres días de camino a pié y con carga.A las 3 de la mañana, cansados y con sueño nos tocó caminar la carretera que va del municipio deSan Vicente al hoy municipio de El Carmen (en el 64 era corregimiento). A las 5 de la mañanapasamos junto a cinco campesinos que descuartizaban una vaca para venderla en la carnicería deJorge Pinzón. En medio de risas de aquel grupo entusiasta que no tenía idea que en ese momentonosotros pasábamos por allí, se oía en un transistor una canción arrabalera:"Aquellos ojitos verdescon quien se andarán pasiandoojalá que me recuerdenaunque sea de vez en cuando".
 
 
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Con mucho sigilo seguimos caminando sin ser vistos por los "de la vaca". Rendidos, mojados deagua, sudor y barro, nos sentamos a descansar y esperar allí que volviera a oscurecer para seguirrumbo a Los Algibes, vereda por la que tendríamos que cruzar al amanecer siguiente.A las 10 de la mañana un compañero al que no conocía me llamó y me entregó un pedazo de panela, unpaquete de galletas de sal y dos salchichas. Mientras me comía con mucha avidez este desayunocomencé a observar Los rostros de todos mis compañeros, quienes seguramente hacían lo mismo queyo, mientras desayunaban.
De todo el grupo conocía a seis: Carlos (Fabio Vásquez), Parmenio (Pedro Gordillo), Miguel (Manuel Muñoz), Conrado (Ciro Silva) y a Rovira. A Parmenio le dije que me dejara coger su carabina, laúnica arma de guerra que iba en el grupo (una San Cristobal); la sentí tan pesada que me acordé delas recomendaciones que dos días antes me habían hecho mis padres.
 
 Al observar que el armamento del grupo eran sólo escopetas viejas y revólveres, pensé queestábamos en gran desventaja frente al enemigo y se lo comenté a PEDRO DAVID (Hernán MorenoSánchez) un compañero al que había visto 15 días antes de iniciar la marcha en la casa deParmenio. No te preocupes me respondió; con 4 escopetas, el apoyo del campesinado y con unas pelotas bien puestas le quitamos el fusil a un soldado, así nos iremos armando; cuando laviolencia así lo hicimos y cuando Pinilla ofreció la amnistía, la gente ya estaba armada; lástimaque nos confiamos en las cabezas del liberalismo, que fueron los que nos traicionaron por esoahora no podemos confiar sino en nosotros mismos.
 Leonardo (Luis José Solano), nos interrumpió para decir que en esa vereda en donde estábamos sehabrían librado combates con la CHULAVITA (policía contraguerrillera) en 1949 y que él era elestafeta de Rafael Rangel (Jefe liberal comandante de las guerrillas liberales en las áreas deBarranca y San Vicente); varios compañeros se fueron acercando ante la animada conversación peroCarlos la interrumpió para decir: compañeros acérquense que vamos a explicar algunas cosas: hoyvamos a permanecer aquí hasta anochecer, hay que hacer silencio para que nadie note nuestrapresencia. Al oscurecer tomaremos el camino y antes de amanecer volveremos a parar, nadie vaya aperder utensilios que delaten nuestra presencia y, todo mundo atento a cualquier orientación quese imparta.
De todo lo que dijo Carlos lo más duro me parecía era caminar en lo oscuro, sólo habían treslinternas para 18 caminantes, yo pensaba que era mejor meter las botas al morral, pues yo calzaba34, además ambas eran pie derecho y eso me enredaba más. Mamá sí me decía que está duro y yo nohice caso, me dijo Parmenio riéndose a la una de la madrugada, luego que se resbaló y cayó sentadoen el pantano.
 El cansancio de todos era grande, casi dos noches sin dormir, caminando en lo oscuro y un caminode mulas, con los inviernos de julio; el sonido monótono de botas entre el pantano me hizorecordar algún paraje del libro que 4 meses antes Carlos me había dado para que leyera y cuyoúltimo párrafo decía: "Por orden del Rey de España el sujeto JOSÉ ANTONIO GALÁN junto a suscompinches morirán en la horca, sus cuerpos serán diseminados en los lugares donde cometieron susfechorías y sus casas serán sembradas de sal a manera de escarmiento". El ruido del agua me sacóde estos pensamientos y nuevamente me concentré en la realidad.2:30 marcaba el reloj Rolex de Carlos cuando llegamos a la orilla del Río Oponcito; lo cruzamosagarrándonos fuerte de la mano y en cadena, el agua me dio al pecho, mojé el revolver, las balas yel morral, pero cuando se lo comenté a Parmenio que iba adelante mío me dijo: a eso no se le parabolas, cuñao.A las 4 y media de la mañana del 6 de julio llegamos a los potreros junto a la casa de Don PedroLandínez, reconocí una puerta de golpe que un año atrás yo abrí para cruzar un ganado que mi padrele había ayudado a negociar a Don Eliseo Acevedo, el rico dueño de la Hacienda San Carlos. Llovíaa cántaros y sentía que el agua me corría por todas partes; se ve más por el roto de una tela, medijo Parmenio impaciente porque estábamos allí parados como estatuas. De pronto con un relámpagologramos ver que delante de Parmenio no había nadie, Uy: jueputa -exclamó él- se me fueronadelante estos güevones y yo no me di cuenta; estaba dormido? refunfuñó Delio detrás de mí. Delioera un compañero cuya presencia me inspiraba respeto y seguridad. Diez minutos después doscompañeros venían a buscarnos.
Sálganse del camino procurando no dejar rastro, dijo una voz que no identifiqué. Cuñao, me dijoParmenio, levanté la pierna y de un paso largo para que no pise la yerba del lado; eso se hace para evitar el rastro. Yo pasé la misma voz hacia atrás y 200 metros al lado del camino me sentéen un hojarascal mojado, desperté a las 7 de la mañana tal como me había sentado, sin safarme el morral de los hombros; a mi lado habían varios compañeros en similares circunstancias. Acérquense para acá que vamos a dar unas orientaciones dijo Carlos. Rovira, organice la posta de modo quevigile el camino y donde se vea la escuela; nadie se sienta para evitar quedarse dormido, pues a más de riesgoso es un error serio de quien lo haga. Los demás compañeros guinden las hamacas y adormir, antes de oscurecer salimos de aquí.
 Me fijé en Los que ya sabían amarrar la hamaca y también lo hice evitando preguntar. Me acosté enuna hamaca de lona gruesa que pesaba bastante, sobretodo porque estaba muy mojada; me cambié deropa pero también estaba mojada, no dije nada por que observé que así lo hacían Los demás.A mediodía me desperté sudando; el sol me daba en la cara y un compañero que no conocía me dijo:vamos a almorzar que es sancocho de gallina, luego del almuerzo puede lavar la ropa en aquelpocito y por lo menos le saca el barro.
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