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LA VIDA BUENA Y LA BUENA VIDA: UNA CONFUSIÓN POSIBLE
 
1. La versión clásica
No es indiferente colocar el calificativo “bueno” antes o después de la palabra“vida”. Una cosa es la “vida buena” y otra la “buena vida”. Esta distinción es muyneta para el pensamiento filosófico acerca del hombre a partir de Sócrates. A lainspiración socrática debe la filosofía gran parte de su desarrollo puesto que Sócratesproporciona el motivo de fondo al que se aplica el esfuerzo pensante de Platón yAristóteles. Es patente que Sócrates se decidió por la vida buena a costa de la buenavida. A aquella sacrificó el buen pasar hasta el extremo de morir defendiendo laverdad, sin componendas. La decisión socrática por la vida buena es biográfica, seencarna en su propia existencia. De manera que los grandes socráticos aludidos,seguramente dos de los pocos filósofos eminentes de la historia, encontraron enSócrates no un simple punto de arranque temático que convenía desarrollar, sino unmodelo vivo. Es decir, la reflexión de los grandes socráticos se ejerce, más que sobrelas ideas de Sócrates, sobre su vida, pues es en esa vida donde se muestra elverdadero sentido de la filosofía de Sócrates. Sócrates es, por decirlo de algunamanera, una cantera personalizada y no sólo un bagaje de ideas. Realmente las ideasenunciadas por Sócrates son pocas; Sócrates se pasó la vida preguntando, tratandode averiguar y rectificar, sin lograr resultados bien elaborados. Pero el atractivo de sufigura es enorme, precisamente porque es un hombre auntico que vive elcompromiso existencial con la verdad hasta el final. No es ninguna casualidad, y porotra parte constituye una circunstancia extraordinariamente afortunada, quecumpliendo su intención mayéutica se desarrollen las dos primeras síntesis temáticasde la filosofía. Sin duda, es ésta la mejor situación para la creación filosófica, porquela filosofía se hace con la propia vida (la teoría es una forma integradora de vida), yes preciso, por decirlo así, poner toda la carne en el asador para que la tarea depensar no decaiga en la repetición de una serie de fórmulas. Para unas inteligenciaspenetrantes como eran la de Platón y la de Aristóteles, es un privilegiado empuje lafeliz ocasión de meditar, desde y en torno a un alto vivir humano, ocuparse endesarrollar lo que Sócrates, insisto, más que pensar, llevó a cabo.
 
La virtud y la ley
De todo el conjunto de asuntos elaborados por la reflexión platónica y aristotélica, elque ahora nos interesa es la aludida distinción entre la buena vida y la vida buena.El ejemplo socrático conduce a fijar la vida buena en dos conceptos básicos. Enprimer lugar, el concepto de virtud, que es la cu1nlinación de la antropología dePlatón y, sobre todo, porque está más desarrollada, de la antropología aristotélica.También la interrogación socrática recae en gran parte sobre la virtud.El segundo de los conceptos en que se cifra la vida buena (y también la meditaciónsobre Sócrates como modelo conduce a ello) es la noción de nomos, o, para decirlo enlatín, la lex. De la virtud y de la ley deriva la posibilidad de la vida buena en elámbito propiamente humano (para los griegos el ámbito donde transcurre la vidahumana es la polis; por eso, otra de las dimensiones de la antropología griega es lafilosofía político-social). El hombre puede ser libre en el ámbito de la ciudad sólo sisu vida es virtuosa y sólo si la ley es adecuada.Primero la virtud. La palabra griega que traducimos por virtud es areté. La areté esun rasgo de la cosmovisión griega que surge, mucho antes de la época socrática,vinculada a la aristocracia. La aristocracia, el gobierno de los mejores, era el régimeninstalado en Grecia antes del desarrollo de las democracias que advienen con elcrecimiento de las ciudades. Pero antes del siglo V el régimen político de Grecia esaristocrático, y la areté en cuanto que vinculada a la aristocracia, o en su versióntradicional, tiene un contenido muy amplio. Semánticamente es muy difícil fijar suslímites porque realmente abarca toda la vida desde el punto de la excelencia y, enconcreto, significa la vida buena tal como la puede llevar adelante el aristócrata.La areté contiene inteligencia y habilidad en el conducirse. Inteligencia, es decir, unestar atento, un saber de qué va la cosa; llevado a la práctica, eso significa ante todoque uno se sabe conducir: ser una persona oportuna, discreta, que dice lo que tieneque decir en su momento, que toma decisiones adecuadas; una persona bieneducada, cortés. Para saberse conducir en la práctica es menester control sobre símismo, dominar la propia actuación de tal maneta que se despliegue en la medida enque uno inteligentemente lo permite. Moderación, o como diría un ariscrataespañol del siglo XVI, sosiego. El hombre sosegado, el que no se extralimita y, por
 
tanto, el hombre elegante. La elegancia también ha sido tenida muy en cuenta en lafase aristocrática de la historia de España. Azorín dice que la elegancia es la fuerzacontenida. Es una espléndida descripción de la elegancia del aristócrata. La eleganciadel hombre zafio, que no es sino ostentación, no es areté.En segundo lugar, la areté tradicional griega comporta valentía y, en orden a lavalentía, el dominio de los propios impulsos. De manera que, si por una parte eldominio consistía en la elegancia, en la habilidad de saber tratar a la gente, de sabermoverse en sociedad, de saber conducirse, etc., también el dominio de esimprescindible para ser valiente; distinción, decoro, desde el punto de vistaindividual. El modelo aristocrático se ha repetido en la historia, no sólo en la fasemedieval griega a partir del ciclo homérico, sino también en las aristocraciaseuropeas. El decoro es otra manera de dominarse: saber distinguir lo que hay quedecir de lo que hay que callar, lo que hay que mostrar y lo que no. Es un autocontrolen lo que respecta a la expresión y al gesto. Hay cosas que conviene que sean dedominio público, y otras que no. Esto también tiene que ver con el pudor.El reconocimiento y la famaPrecisamente porque en Grecia la vida individual está estrechamente vinculada alámbito social, hay un correlato blico de la aredel ser humano que es sureconocimiento. En el ámbito social la areté significa fama, prestigio y bienestar. Elreconocimiento de esas buenas cualidades se concretaba en la recompensa simbólica;la fama comporta, además, un voto de confianza: al que por sus buenas cualidadestenía fama, se le añadía el prestigio. Un hombre prestigioso goza de autoridad moral;una especie de eminencia por la que, en principio, sus opiniones pesan más que lasde otros, porque se confía más en él no solamente por honesto, sino por más sabio.Pero una persona que vive así tiene también bienestar: en principio no lo pasa mal,sino todo lo contrario. El aristócrata solía tener bienes de fortuna, no muchos porqueel momento de la riqueza es posterior (la Grecia tradicional es pobre y mientras elcomercio no se desarrolla la gente no tenía muchos bienes); pero precisamenteporque se ha de mostrar como tal, desarrolla una actividad en beneficio de losdemás, lo cual supone la disposición de bienes, es decir, una situación de bienestardadivoso. El euergetés, el bienhechor, era un título concedido por la ciudad.
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