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Versión castellana de Roberto R. Aramayo.
ISEGORÍA
/
25
(
2001
) pp. 287-291.287. TEXTOS Y DOCUMENTOS.
Contestación a la pregunta
: ¿
Qué es lailustración
?http://isegoria.revistas.csic.es/index.php/isegoria/article/viewFile/595/596TEXTOS Y DOCUMENTOSContestación a la pregunta: ¿Qué es la ilustración? *IMMANUEL KANT«
[Ak. VIII, 35]
Ilustración significa el abandono por parte del hombre deuna minoría de edad cuyoresponsable es él mismo
. Esta
minoría de eda
significa laincapacidad para servirse de suentendimiento sin verse guiado por algún otro.
Uno mismo es el culpable
de dicha minoría de edad cuando sucausa no reside en la falta de enten-dimiento, sino en la falta de resolucióny valor para servirse del suyo propiosin la guía del de algún otro.
Sapereaude! 
¡Ten valor para servirte de tupropio entendimiento! Tal es el lemade la ilustración.Pereza y cobardía son las causasmerced a las cuales tantos hombrescontinúan siendo con gusto menoresde edad durante toda su vida, pese aque la naturaleza los haya liberadohace ya tiempo de una conducciónajena (hacndoles sicamenteadultos); y por eso les ha resultadotan fácil a otros el erigirse en tutoressuyos. Es tan cómodo ser menor deedad. Basta con tener un libro quesupla mi entendimiento, alguien quevele por mi alma y haga las veces demi conciencia moral, a un médico queme prescriba la dieta, etc., para queyo no tenga que tomarme talesmolestias. No me hace falta pensar,siempre que pueda pagar; otrosasumirán por mí tan engorrosa tarea.El que la mayor parte de los hombres(incluyendo a todo* Versión castellana de Roberto R.Aramayo.ISEGORÍA/25 (2001) pp. 287-291el bello sexo) consideren el pasohacia la mayoría de edad como algoharto peligroso, además de muymolesto, es algo por lo cual velanaquellos tutores que tan amablementehan echado sobre esa labor desuperintendencia. Tras entontecer pri-mero a su rebaño e impedicuidadosamente que esas mansascriaturas no se atrevan a dar un solopaso fuera de las andaderas dondehan sido confinados, les muestranluego el peligro que les acecha cuandointentan caminar solos por su cuenta yriesgo. Mas ese peligro no es cier-tamente tan enorme, puesto quefinalmente aprenderían a caminar bien
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desps de dar unos cuantostropezones; pero el ejemplo de unsimple tropiezo basta para intimidar ysuele servir como escarmiento paravolver a intentarlo de nuevo.Así pues, resulta difícil paracualquier individuo el zafarse de unaminoa de edad que casi se haconvertido en algo connatural. Inclusose ha encariñado con ella y eso lehace sentirse realmente incapaz deutilizar su propio entendimiento, dadoque nunca se le ha dejado hacer eseintento. Reglamentos y rmulas,instrumentos menicos de un usoracional —o más bien abuso— de susdotes naturales, constituyen losgrilletes de una permanente minoríade edad. Quien lograra quitárselosacabaría dando un salto inseguro parasalvar la más pequeña zanja, al noestar habituado a semejante libertadde movimientos. De ahí que sean muypocos quienes han conseguido,gracias al cultivo de su propio ingenio,desenredar las ataduras que lesligaban a esa minoa de edad ycaminar con paso seguro.
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Sin embargo, hay másposibilidades de que un público seilustre a sí mismo; algo que casi esinevitable, con tal de que se leconceda libertad. Pues ahí siemprenos encontraremos con algunos quepiensen por cuenta propia inclusoentre quienes han sido erigidos comotutores de la gente, los cuales, trashaberse desprendido ellos mismos delyugo de la minoría de edad, difundiránen torno suyo el esritu de unaestimación racional del propio valor yde la vocación a pensar por sí mismo.Pero aqse da una circunstanciamuy especial: aquel blico, quepreviamente había sido sometido a talyugo por ellos mismos, les obligaluego a permanecer bajo él, cuandose ve instigado a ello por algunos desus tutores que son de suyoincapaces de toda ilustración; así deperjudicial resulta inculcar prejuicios,pues éstos acaban por vengarse dequienes fueron sus antecesores o susautores. De ahí que un público sólopueda conseguir lentamente lailustración. Mediante una revoluciónacaso se logre derrocar un des-potismo personal y la opresióngenerada por la codicia o la ambición,pero nunca lograestablecer unaauténtica reforma del modo depensar; bien al contrario, tanto losnuevos prejuicios como los antiguosservirán de rienda para esa enormemuchedumbre sin pensamientoalguno.Para esta ilustracn tan lo serequiere
libertad 
y, a decir verdad, lamás inofensiva de cuantas puedenllamarse así: el hacer 
uso público
dela propia razón en todos los terrenos.Actualmente oigo clamar por doquier:
¡No razones! 
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El oficial ordena:¡No razones, adiéstrate! El asesor fis-cal: ¡no razones y limítate a pagar tusimpuestos! El consejero espiritual: ¡Norazones, ten fe! (sólo un único señor en el mundo dice:
razonad 
cuantoqueráis y sobre todo lo que gustéis,
mas no dejéis de obedecer 
). Imperapor doquier una restriccn de lalibertad. Pero, ¿cuáles el límite que laobstaculiza y cuál es el que, bien alcontrario, la promueve? He aqmirespuesta: el uso
 público
de su razóntiene que ser siempre libre y es el
único
que puede procurar ilustraciónentre los hombres; en cambio muy amenudo cabe restringir su
uso privado
,sin que por ello quede particularmenteobstaculizado el progreso de lailustracn. Por uso blico de lapropia razón entiendo aquel que cual-quiera puede hacer,
como alguiendocto
, ante todo ese blico queconfigura
el universo de los lectores
.Denomino uso privado al que cabehacer de la propia ran en unadeterminada función o
 puesto civil 
, quese le haya confiado. En algunosasuntos encaminados al interés de lacomunidad se hace necesario uncierto automatismo, merced al cualciertos miembros de la comunidadtienen que comportarse pasivamentepara verse orientados por el gobiernohacia fines blicos mediante unaunanimidad artificial o, cuando menos,para que no perturben la consecuciónde tales metas. Desde luego, aquí nocabe razonar, sino que uno ha deobedecer. Sin embargo, en cuantoesta parte de la maquinaria seaconsiderada como miembro de unacomunidad global e incluso cosmopo-lita y, por lo tanto, se considere su con-dición de alguien instruido que sedirige sensatamente a un blicomediante sus escritos, entoncesresulta obvio que puede razonar sinafectar con ello a esos asuntos endonde se vea parcialmente concernidocomo miembro pasivo. Ciertamente,resultaría muy pernicioso que unoficial, a quien sus superiores le hayanordenado algo, pretendiese sutilizar envoz alta y durante el servicio sobre laconveniencia o la utilidad de tal orden;tiene que obedecer. Pero en justicia nose le puede prohibir que, comoexperto, haga observaciones acercade losISEGORÍA/25 (2001)
 
defectos del servicio militar y lospresente ante su blico para seenjuiciados. El ciudadano no puedenegarse a pagar los impuestos que sele hayan asignado, e incluso unaindiscreta crítica hacia tales tributos alir a satisfacerlos quedaría penalizadacomo un escándalo (pues podría ori-ginar una insubordinacióngeneralizada). A pesar de lo cual, élmismo no actuará contra el deber deun ciudadano si, en tanto queespecialista, expresa
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pública-mente sus tesis contra lainconvenienciao la injusticia de tales impuestos. Igual-mente, un sacerdote está obligado ahacer sus homias, dirigidas a suscatecúmenos y feligreses, con arregloal credo de aquella iglesia a la quesirve, puesto que fue aceptado en ellabajo esa condición. Pero en cuantopersona docta tiene plena libertad,además de la vocación para hacerloasí, de participar al público todos susbienintencionados y cuidadosamenterevisados pensamientos sobre lasdeficiencias de aquel credo, así comosus propuestas tendentes a mejorar laimplantación de la religión y lacomunidad eclesiástica. En estotampoco hay nada que pudieseoriginar un cargo de conciencia. Pueslo que enseña en función de supuesto, como encargado de losasuntos de la iglesia, será presentadocomo algo con respecto a lo cual él notiene libre potestad para enseñarlosegún su buen parecer, sino que hasido emplazado a exponerlo segúnuna prescripción ajena y en nombre deotro. Dirá: nuestra iglesia enseña estoo aquello; he ahí los argumentos deque se sirve. Luego extraerá para suparroquia todos los beneficiosprácticos de unos dogmas que élmismo no suscribia con plenaconvicción, pero a cuya exposición sípuede comprometerse, porque no esdel todo imposible que la verdadsubyazca escondida en ellos o,cuando menos, en cualquier caso nohaya nada contradictorio con la religióníntima. Pues si creyese encontrar estoúltimo en dichos dogmas, no podríadesempeñar su cargo en conciencia,tendría que dimitir.ISEGORÍA/25 (2001)Por consiguiente, el uso de su razónque un predicador comisionado a talefecto hace ante su comunidad esmeramente un
uso privado
; porque,por muy grande que sea eseauditorio, siempre constituirá unareunn doméstica, y bajo esterespecto él, en cuanto sacerdote, noes libre, ni tampoco le cabe serlo, alestar ejecutando un encargo ajeno.En cambio, como alguien docto quehabla mediante sus escritos al públicoen general, es decir, al mundo, dichosacerdote disfruta de una libertadilimitada en el
uso público
de surazón, para servirse de su propiaran y hablar en nombre de supropia persona. Que los tutores delpueblo (en asuntos espirituales)deban ser a su vez menores de edadconstituye un absurdo que terminapor perpetuar toda suerte dedisparates.Ahora bien, ¿acaso una asociacióneclesiástica —cual una especie denodo o (como se autodenominaentre los holandeses) grupovenerable— no debiera estar auto-rizada a juramentarse sobre ciertocredo inmutable, para ejercer unasuprema e incesante tutela sobrecada uno de sus miembros y, a travéssuyo, sobre
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el pueblo, a fin deeternizarse? Yo mantengo que talcosa es completamente imposible.Semejante contrato, que daa pocancelada para siempre cualquieilustración ulterior del género humano,es absolutamente nulo e inválido, yseguiría siendo así, aun cuandoquedase ratificado por el poder supremo, la dieta imperial y los mássolemnes tratados de paz. Una épocano puede aliarse y conjurarse paradejar a la siguiente en un estado enque no le haya de ser posible ampliar sus conocimientos (sobre todo loss apremiantes), rectificar suserrores y en general seguiavanzando hacia la ilustración. Talcosa supondría un crimen contra lanaturaleza humana, cuyo destinoprimordial consiste justamente en eseprogresar, y la posteridad estaría, por lo tanto, perfectamente legitimadapara recusar aquel acuerdo adoptadode un modo tan incompetente comoultrajante.
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