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09/08/2014

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La esclavitud en el Uruguay
pof" el Ing. PONCIANO S. TOBHADO
EL TRAFICO NEGRERO EN LAS COLONIAS DE ESPAÍÍAEste comercio funcionó bajo siste-mas diferentes según las épocas. El ré-gimen de "licencias" aplicado entre losaños 1493 y 1595, consistía en un per-miso otorgado por el rey, obligándoseel traficante al pago de un derechopor cada negro que introdujera en susdominios.El segundo sistema que rigió entrelos años 1595 y 1789, se estableció pararestringir las licencias por el temor deun predominio de negros sobre blan-
cos.
El permiso se concedía a particu-lares o compañías llamados "Asentís-
las"
con quienes la Corona de Españacelebraba un contrato llamado ASIEN-
TO.
El tercer régimen, aplicado des-pués de 1789, se llamó de "libre tráfi-
co"
para evitar el monopolio que esta-ba en manos de negreros franceses.Después del tratado de Utrech, ese de-recho pasó a los ingleses,De cualquier manera que fuera elnegocio de esclavos redituaba amplias
* 43
 
ganancias estimulando, cada vez más,la llegada de negros al continente his-pano americano.Se atribuye a Fray Bartolomé de lasCasas haber influenciado ante las Cor-tes españolas para que se implantaraeste sistema denigrante en favor delos indios, cruelmente explotados porlos encomenderos españoles. Con elpropósito, se decía,
"de aumentar elnúmero de brazos que se dedicarían ala agricultura, al trabajo de minas. 7faena de ganados..."
Lo que se im-pulsaba en defensa del indio se crea-ba contra otra raza, también indefen-sa, sojuzgada como lo era la indígenapor aquellos que, según la declaratoriade Viena, contrariaban los principioshumanos y morales.
EL TRAFICO DE ESCLAVOS EN MONTEVIDEO
El
Uruguay no pudo sustraerse a es-te negocio infame. La trata de negrosen la Banda Oriental, igual que en sushermanas latino americanas, constitu-yó un excelente negocio para los ne-greros y, en cierto aspecto, para las ar-cas del Cabildo. En particular paraMontevideo, porque su puerto favore-cía el tránsito de buques de ultramar.En la segunda mitad del siglo XVIII,entre los años 1750 y 1810, entraron apuerto, traídos
por
buques de diferen-tes nacionalidades, unos veinte mil es-clavos que aportaron, por concepto detributos, unos trescientos mil pesosfuertes. Un negro valía unos doscien-tos pesos de esa moneda.
En cambio,unos pocos de ellos quedaban en Mon-tevideo.
Un censo practicado en 1778indicó un total de 1368 esclavos, sumaequivalente a5 20 % de la poblaciónmontevideana de entonces. Con el cre-cimiento y desarrollo de Montevideo,el número de esclavos aumentó consi-derablemente llegando, en 1790, a
5.000
aproximadamente, más de la mi-tad de la población total.Las condiciones sanitarias en quellegaban los pobres infelices hacinadosen las bodegas, mal alimentados y sincondiciones higiénicas de ninguna cla-
se,
causaban mortandad y afeccionesgraves que alertaron a las autoridadesresponsables de la salud pública. Encierta oportunidad, el Cabildo de Mon-tevideo, teniendo en cuenta que el-de-
1
pósito de los negros se hacía dentrodel pueblo, procedimiento que estimó*
"opuesio a la piadosa menle del Sobe-rano que no vigila en otra cosa queproporcionar a sus vasallos por cuantosmedios le dicta su tierno amor, la ma-yor sanidad y preservarlos de iodocontagio"...
dispuso una serie de me-didas profilácticas con respecto a laintroducción de negros que
"vienencubiertos de sarna 7 Henos de otrosmales capaces de infectar la parroquia",
por lo cual
"corresponde prevenir eldaño general que pueda esparcirse enla ciudad
Las disposiciones de orden higiénicocomprendían la creación de una Junta 'de Sanidad, la obligación de visitarlos buques que hacían tráíico de ne-gros y la permanencia en puerto porun plazo de cuarenta días.* Un episodio que merece destacarseocurrió en 1787 cuando llegó a Mon-tevideo un barco cargado con estos in-felices. El Cabildo de Montevideo,cuenta Isidoro de María, dispuso quese alojaran fuera de la ciudad, dispo-niendo que, con tal fin, se levantaraun barracón con capacidad suficientepara albergarlos. La construcción selevantó próxima al arroyo Miguelete,
1
en un lugar cercano al que ocupan hoy,las instalaciones de la Ancap, en laEambla Sud América y calle Eepúbli-
44 *
 
ca Francesa.
Ocupaba,
dice de María,
una man2ana aproxim adámenle, bajomuro, teniendo en el cenlro cinco pie-zas edificadas, dos grandes almacenes,cocina, lecho de teja.
Por mucho tiem-
po,
continúa de María, sirvió para de-pósito de los pobres negros condena-dos a la esclavitud. Vino luego el sitiochico y grande
"de esta, plaza, del año11 al 14 y
olro
*u*
su
desuno, convir-tiéndose en ruinas, quedándole el nom-bre vulgar de CASERÍO DE LOS NE-GROS".
Allí acudían les señores deentonces a comprar esclavos. Algunoscomo Lucas Obes negociaban al pormayor, para luego revenderlos.Así fue el triste comienzo de la es-clavitud en estas tierras donde, cin-cuenta años más tarde, campearía lagallarda figura
"del
único campeón de
la democracia
en el Rio de la Piala, elbravo y caballeresco republicano Ge-neral José Artigas".LA DOCTRINA ARTIGUISTA
Lo que sufrieron esos negros sojuz-gados, maltratados y vejados inspiróun sentimiento humanitario al Pro-tector de los Pueblos Libres, que plas-mó en las Instrucciones del año XIII.Entre ellas las de promover la liber-tad civil y religiosa y lograr como fi-nalidad de gobierno: la igualdad, la li-bertad y la seguridad de los ciudada-
nos.
Pero el comercio había tenido suorigen y desarrollo mucho antes queesa doctrina. La esclavitud en el Uru-guay, como en las demás colonias, fueun mal fuertemente arraigado contrael cual era muy difícil luchar.
LA VIDA DE LOS ESCLAVOSEN EL URUGUAY
Dice Horacio Arredondo que la So-ciedad en la época del Virreinato, fueesencialmente patriarcal. Se caracteri-
,
en lo que a esclavitud se refiere,por la forma humana como se tratabaal servidor doméstico, contrastandocon ios terribles castigos que ¡os por-tugueses del Brasil propinaban a susesclavos, igualados a los animales, alextremo de que el látigo era cosa usualy corriente. Pero eso no era todo. El]át,go cedía paso, casi siempre, a tor-turas de otra naturaleza como la mar-cación con hierro candente o el esta-queado, medios utilizados para intimi-darlos, ,Entre los criollos se consideraba laesclavitud un recurso económico. Co-mo recurso político se la considerabaun instrumento útil para facilitar lacolonización de los territorios conquis-tades llegándose a decir, en algunaoportunidad, que la colonización deAmérica fue posible gracias a su ayu-da.Hemos dicho ya que el esclavo cum-plía tareas domésticas. Servía a susdueños con fidelidad llamándolos"amos",y "amitos" a los hijos de susdueños. Vivian, acota Arredondo, en unpie de igualdad con la clase asalaria-da generando, en las casas de larga fa-milia, sentimientos de amistad y de fa-miliaridad, difíciles de encontrar entrelos servidores domésticos de hoy.Por lo general las esclavas domésti-cas eran muy pulcras en cuanto a hi-giene personal.
"Las mulatas esclavasson hermosas,
dice Robertson en suobra: La Argentina en los primeros
* 45

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