Prólogo
Es frecuente que en las entrevistas me pregunten si creo en los ovnis. Mi respuesta siempre es la misma: no creo, sé que existen. Hay una profundadiferencia; creer es una actitud afectiva en Ia que los sentimientos tienen un papel preponderante, en tanto que saber es una actitud racional derivada del conocimiento. No es posible dudar de Ia autenticidad del fenómeno cuando seestá «dentro» de él; es tal la cantidad y calidad de información acumulada, queuno se siente bajo el peso de una realidad abrumadora. Ninguna necesidad hay de posturas pasionales. Tan frívolo es creer, como no creer, cuando loselementos de juicio están al alcance de cualquiera que se tome el trabajo deinformarse adecuadamente. Tal vez por eso, nunca he pretendido convencer anadie de Ia realidad del fenómeno. Lamentablemente no es ésta una actitud compartida por muchos de los que investigan el tema, empeñados aún en laardua tarea de convencer a los escépticos, como si de ello dependiera su prestigio. Lo importante no es convertir el tema en materia a discutir por diputados o senadores, lo que dicho sea de paso, añadiría más confusión queclaridad, sino tratar de obtener respuesta a preguntas tan fundamentales como«¿desde cuándo?» o «¿por qué?».Entusiasme a unos o angustie a otros, lo evidente es que «ellos» están ahí,sobrevolando nuestros campos y ciudades, raptando a paseantes solitarios y adoctrinando con mensajes tendenciosos a los cada vez más numerososcontactados. Su presencia no pasa desapercibida en esta época marcada por el signo de la comunicación. Los medios de difusión actuales permiten que el ovni que hoy es visto sobre La Mancha, sea noticia dentro de unas horas en los periódicos de Nueva Zelanda. Ello ha contribuido a que muchos consideren al fenómeno ovni como algo actual y a que los sociólogos solucionen la cuestiónatribuyendo la «fiebre» de objetos volantes no identificados a unaconsecuencia del cambio de postura respecto al lugar que ocupamos en el Universo, derivada a su vez de nuestros incipientes viajes espaciales. Larealidad es otra. Ya antes de ahora, los ovnis y quienes los tripulan, visitabaneste pintoresco planeta. En unas épocas, con aparente desdén hacia nuestrosantepasados y sus problemas, y en otras, con decidido afán intervencionista.Relacionar su presencia con la de los antiguos dioses es casi inevitable, al menos cuando el tema se plantea sin prejuicios religiosos. Ha pasadodemasiado tiempo y demasiadas cosas para que Yahvé y otros como él puedan seguir siendo considerados como dioses. Su personalidad intolerante y vengativa en modo alguno puede conciliarse con el concepto de un Dios (así,con mayúscula) creador del Universo y responsable del orden natural. Sólo undemencia} narcisismo puede explicar que el hombre admita como lógico el comportamiento de un dios que, presentándose a sí mismo como omnipotente,entre a tomar parte en los intrascendentes avalares de uno cualquiera de los pueblos que habitan en el planeta. Sólo a las circunstancias puede atribuirseque ese experimento local haya superado los límites de lo folklórico; otrosdioses llevaron a cabo la misma experiencia adoctrinadora con otros pueblossin haber tenido la misma suerte. La pretenciosa Biblia es en realidad poco
Leave a Comment