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La vida en sociedad

La vida en sociedad

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Acerca de los elementos que constituyen la vida social del hombre.
Acerca de los elementos que constituyen la vida social del hombre.

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12/11/2012

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I. Fundamento esencial de la naturaleza social del hombre:Todo hombre para alcanzar el fin último depende, en tres aspectos, del auxilio de sus semejantes: en lo material, en locultural y en el aspecto ético.1.
 El individuo depende en lo material de sus semejantes.
Prescindiendo por completo de que todo hombre viene a este mundo en virtud de un acto social, a saber, la procreación, yde que tampoco puede prescindir, desde el origen, del auxilio de sus progenitores, también después se halla sometido a estadependencia de otro, y en grado no menor, en lo relativo a procurarse medios materiales para subsistir y, ante todo, para elevar el nivel de vida. Pero es te anhelo sólo puede ser satisfecho con la cooperación común.Y para esto se precisa del esfuerzo común de todos, tanto en sus modalidades materiales como espirituales, y no sólo de loshombres de una época, sino de toda la humanidad en conjunto. En la recíproca dependencia material entre hombre y hombreno se trata sólo de obtener el sustento imprescindible, sino de alcanzar el nivel de vida más elevado posible, lo que en ningúncaso puede ser tarea de un Robinson.2.
 Interdependencia cultural de los hombres entre sí 
.Por dependencia cultural entendemos la recíproca necesidad de ayuda para conseguir todos aquellos valores queconstituyen, aunque no con carácter esencial, perfeccionamientos morales del hombre. Así pues, pertenecen a este orden devalores los dominios totales del saber en el más amplio sentido (incluido el lenguaje) y el arte. También el dominio económicodel mundo de los bienes es un quehacer cultural en este sentido. Nadie se atreverá a poner en duda que los valores culturalessólo surgen de la cooperación social. Si bien la cultura recibe impulsos decisivos de personalidades extraordinarias, estosespíritus creadores han de ser considerados únicamente como (partes principales), como (partes) sobresalientes y de primeracategoría del todo que constituye la sociedad humana. Su aportación espiritual les impulsa a la sociedad, porque ladependencia cultural no sólo está constituida por el recibir, sino también por el dar, y con esto por el ser recibido por parte del prójimo,¿Qué conviene, pues, hacer? Únicamente distribuir las funciones. Unos se afanan por los bienes materiales, otros se aplicana los espirituales. Cada uno desarrolla en su parcela el máximo posible. Los que desarrollan una labor de esfuerzo físicodeparan a los que estudian, sobre todo a los filósofos, los bienes que éstos necesitan para encontrarse libres al afrontar losasuntos más elevados. El artesano, que tiene también interés por el progreso del conocimiento moral, se dirá sensatamente a símismo que es más provechoso que algunos se dediquen a descubrir las supremas verdades de esta vida, que consentir queninguno las descubra, si todos se dedican a los trabajos artesanos. En cambio, puede exigir legítimamente de los sabios laorientación que conduzca a las verdades fundamentales de la vida.3.
Dependencia recíproca de los hombres en el aspecto moral 
.El hombre es responsable de sus propias acciones ante su conciencia personal. No puede trasladar a otros estaresponsabilidad. Por consiguiente, la desviación o extravío moral, en el supuesto de que sea moral, esto es, responsable,siempre tiene alguna relación con la caída personal y con el pecado individual. No hay pecados con categoría de hecho social,a no ser que se piense en el concepto teológico del “estado de pecado”, consecutivo al pecado original.Aun cuando en el más íntimo dominio de la libertad el hombre es dueño de si mismo, a saber, independiente, recibe, no obs-tante, del mundo que le rodea los juicios morales por vía de afinidad. Esto ocurre a causa de que el juicio concreto de valor depende esencialmente (en cuanto haya de ser perfecto) de la capacidad del entendimiento.Los juicios morales de valor acción son, en su forma concreta, sentimientos y sensaciones de valores, en contraposición alos juicios morales generales que son conocimiento.La experiencia personal no basta para acelerar suficientemente este ascenso hacia el perfeccionamiento Por eso definióAristóteles la docilidad como condición esencial del juicio personal de prudencia. Sin embargo, la docilidad necesaria paraaprender a formar juicios morales concretos de valoración no es sólo una categoría intelectual, sino, en gran parte, un adaptarsea una persona venerada como ideal, sustentado por la simpatía. De esta manera el avance en la vida moral está vinculado al prójimo del modo más intenso, a causa del sentimiento valorativo concreto. Esta vinculación es ciertamente esencial, tanesencial como el modo en que la docilidad condiciona a la prudencia.Si se considera, por último, la formación de los juicios de valor, tal como tiene efecto en la vida cotidiana, se compruebaque la mayor parte toma de la percepción de valores incluso los juicios más comunes sin sobrepasar en modo alguno elconocimiento abstracto. Pero con esto crece la esfera de influencia de la simpatía y antipatía hacia el mundo que nos rodea. Esharto conocido que una ordenación jurídica vigente no sólo es expresión del comportamiento moral de una sociedad, sino queincluso refleja en gran medida la apreciación valorativa privada. La venganza de la sangre, cuando es de derecho común en lasociedad, se convierte en la conciencia de cada uno de los miembros de dicha sociedad en una representación moral tanhabitual y querida, que apenas habrá alguno que se remonte al juicio ético de que asesinar por motivos privados pudiera ser moralmente condenable. La actitud de los romanos ante la vida del hombre, determinada por las leyes positivas, se extendiótambién a la amoralidad del suicidio.Así puede resultar evidente que sólo en la cooperación social se pueden perfeccionar, y en realidad sólo así sonactualizados, no sólo el saber general acerca de las normas éticas, sino incluso el sentimiento moral valorativo que poseeestructura ética propia.Para probar la dependencia del hombre en el ámbito moral, suele aducirse el hecho de que determinadas virtudes, como lamagnanimidad, la generosidad y, sobre todo, la caridad, no pueden adquirirse, ni ser practicadas sin vivir en sociedad. Sinembargo, la prueba de la necesidad de estas virtudes presupone ya el conocimiento de la predisposición social. Algo muydistinto ocurre, en cambio, cuando se habla del impulso natural del hombre a comunicar su amor a otros. Sobre esta base se puede elaborar un argumento para probar la inclinación social, como veremos en la exposición de la doctrina de santo Tomás.El Aquinate observa certeramente, en relación con esto, que la magnanimidad posee dos facetas: la primera se manifiesta en el
 
opulento rico en sentido espiritual o material al efectuar grandes realizaciones, la segunda en el menos dotado al esperar delrico actos generosos adecuados. Claro indicio de la reciprocidad del comportamiento moral.II.
 Lo eticosocial en la naturaleza humana
.
 No es la dependencia reciproca sino la misión común encomendada por la naturaleza, la que fundamenta lanaturaleza social en sentido propio
.Naturalmente sería prematura considerar como naturaleza social del hombre la dependencia del individuo humano respectode los demás en el dominio material del mundo y en la apropiación de valores éticos y culturales. Ya que con esta idea se permanece aún en el orden causal, en el que tiene lo social su fundamento, pero que no es lo social propiamente dicho. Por ejemplo, la dependencia también agrupa animales sin que de esto surja algo social.En el concepto de la dependencia aún continúa siendo demasiado primordial el punto de vista de la ventaja propia y del per-feccionamiento personal. Un hombre acaudalado que desee construirse una casa necesita obreros y especialistas de laconstrucción. Pero mientras estas fuerzas auxiliares no pasen de la categoría de medios para lograr su fin personal, no se puedehablar de cooperación social, desde el punto de vista de lo ético social. No se podrá hablar de una empresa, en el sentido éticosocial, hasta que tanto el personal constructor como el dueño de la casa consideren como aspiración común la edificación de lamisma. Sin el concepto de un verdadero bien común, en el que la acción del individuo sea una fracción, y se considereintencionadamente como tal fracción, no se puede llegar a lo ético social.Puede servir como aclaración el siguiente ejemplo: tres hombres navegan en una misma embarcación y saben perfectamenteque cada uno de ellos sólo puede salvar su propia vida si a la vez consigue salvar la de los otros, esto es, si a pesar de susansias individuales por escapar al naufragio, antepone a éstas la intención de salvarse únicamente en compañía de los otros, eincluso esto de tal manera que prefiere su propia muerte a la más pequeña deslealtad. En este sentido cada uno cumple unafunción parcial y a la vez desea desempeñar tan sólo (estrictamente en este sentido) una función parcial. Es así como se nos presenta por primera vez un objeto ético social. Con esto no se afirma que cada uno de estos tres individuos renuncie al ser  personal. Cada uno de ellos sabe por ser persona que, en una situación determinada, sólo puede ser leal a su ser si estdispuesto, ciertamente como persona, es decir, con toda su voluntad ética, a desempeñar una función de mera parte. Esta ideaes muy importante para la explicación del bien común. Aunque el bien común pueda ser un valor auxiliar en relación con el fin personal de los miembros de la sociedad, es abusivo, sin embargo, hablar de valor auxiliar dentro del ámbito del bien común.Pero de esto se hablar más adelante, en el capítulo relativo al bien común.
 La prosperidad material como bien común
.Para llegar a la naturaleza social del hombre no basta, pues, la prueba de la dependencia reciproca en la prosecuci6n del finindividual. Antes bien, debemos saber que a todo individuo se le ha encomendado un objeto moral, en cuya realización aquélno desempeña más que una función parcial. Por tanto, el deseo de la posesión pacífica e ininterrumpida de los bienes de estemundo no debe ser considerado únicamente como una aspiración al servicio del individuo. La persona individual debe saber, por el contrario, que la necesidad de sustento no sólo le incumbe a ella, sino también, y al mismo tiempo, a los demásindividuos y que, por consiguiente, sólo podrá resolver este problema sobre la base de la comunidad. Así pues, no sólo esválida la máxima solidaria: uno para todos y todos para uno, sino que más bien hay que entenderla así: uno para todos y todos para todos. Realmente, el mundo material sólo tiene para el hombre este sentido comunitario: todo con todos para todos.Pertenece al hombre, en general, no a éste o a aquél. Por esto se ha de considerar la prosperidad material, en primer término,como prosperidad común. Por esto no sólo está permitido expropiar la “posesión privada” en favor del bien común, sino queincluso es una obligación.
 La cultura como misión común
.Lo mismo se puede decir de los valores culturales. Todo hombre aspira a entrar en plena posesión, tan ampliamente como lesea posible, de los valores culturales, como la ciencia y el arte. Pero todo hombre sabe que, aun cuando la posesión subjetivadel bien (expresado en términos escolásticos:
beatitudo subiectiva
) significa algo individual, el objeto, es decir, la cultural esun bien común y como tal ha de ser deseado, esto es, que el individuo debe desarrollar la cultura como un valor común y ha dehacerlo juntamente con los demás. Mientras permanezca en el dominio de esta función parcial hallar por sí mismo sobre otro plano, es decir, en el ámbito personal, su dicha particular. Lo que aquí ocurre no es diferente, por ejemplo, de lo que aconteceen el deporte futbolístico. Cada uno de los jugadores obtiene el triunfo únicamente si todo su equipo se alza con la victoria.Estos pensamientos ofrecen ciertamente el aspecto de un comunismo perfecto, según el cual el individuo singular sólo se beneficia de los bienes en la medida de su parcial función. No obstante, el hombre que se encuentra en la sociedaddesarrollando una función parcial se concibe en el pensamiento cristiano de una manera radicalmente ajena a la concepción delmismo en la ideología comunista, esto es: se piensa en un hombre diferente.
 El perfeccionamiento moral como misión común
.Estas consideraciones sobre la predisposición social natural del hombre son adecuadas incluso para el ámbito moral. Detodos modos es decisiva, precisamente aquí, la esfera personal que sobrepasa a todo lo social. Pues lo moral, como orientacióndel hombre hacia su fin último, reside en el dominio puramente personal. Por otra parte, toda acción moral ofrece a la vez unaspecto social. La moderación, como virtud, no sólo obliga a un individuo y a todos como personas singulares aisladas, sinoque más bien representa un bien auténticamente social, en tanto que todos deben alcanzar la perfección con la moderación practicada en común.Con esto no se ha de pensar sólo en la obligación de ofrecer a los demás un ejemplo de vida honesta. Este sería sólo unmodo de ver ético individual, puesto que no se pensaría en los “otros” como una totalidad en la que aquel que se propone llevar 
 
una vida ejemplar fuese una parte, sino que los “otros” serían en cierto modo una “oposición”. Pero en el dominio social no seda ninguna contraposición pura. El integrado socialmente se halla en el todo. El mutuo estímulo debe realizar, pues, la plenitud del todo (y a partir de ésta la de los diversos individuos). El estado de virginidad, por ejemplo, no es sólo la perfección personal del que vive castamente, ni tampoco es sólo un estímulo para que otros practiquen una vida pura, sino que es a la vezuna parte integrante de la moral social, un miembro inapreciablemente valioso en el gran “organismo" ético. Aquí se ve precisamente cuán aprovechable puede ser la manera simbólica y analógica de expresarse. Alcanza un estado de cosas que no podrían convencer mejor al hombre que las viviese de cerca. La teología ha dado expresión certera a esta función social de lomoral en su doctrina del Corpus Christi mysticum, al explicar que la santidad del individuo contribuye a edificar el “cuerpomístico de Cristo”.Así se puede comprender la doctrina de santo Tomás de que la justicia del bien común dirige todos los actos de todas las vir-tudes al bien común. Seguramente santo Tomás no quiere decir con ello que el hombre se encuentre subordinado a la sociedaden todos los aspectos. Conoce muy bien una faceta parcial del hombre, que no pertenece a la sociedad de este mundo, perosi quiere significar que el hombre en su totalidad moral posee,
además
, un matiz social.III. La naturaleza social según Aristóteles y Tomás de Aquino.
1. Aristóteles
.a)
Concepciones fundamentales de Aristóteles
.Sería mal comprendido Aristóteles si se quisiera interpretar su teoría de la naturaleza social del hombre como una doctrina bio1ógica, según la cual concibiésemos al hombre como un ser inteligente viviendo en rebaños y en enjambres. Es cierto quese designa a los seres vivos como “seres sociales” y no vacila en nombrar al hombre entre los caballos, animales bovinos,cerdos, ovejas, cabras y perros... Para Aristóteles es decisivo el hecho, observado en la propia esfera humana, de que el hombreno puede estar en situación de alcanzar el perfeccionamiento propio, no puede llegar al fin ú1timo, sin pasar por la comunidadEsta experiencia comprende dos afirmaciones: en primer lugar, que el individuo no puede procurarse por sí solo los bienesmateriales y espirituales, sino que precisa la ayuda de sus semejantes, y en segundo lugar, que todos los hombres se sientenimpulsados hacia la comunicación. El que carece de este impulso hacia la comunidad y finalmente hacia el Estado, no puedeser, según Aristóteles, sino un ente infrahumano o sobrehumano, una bestia o un dios. Esta necesidad de incorporarse a lacomunidad significa una imperfección en tanto que descubre la insuficiencia del individuo. Y, por otro lado, la comunidad es elúnico medio de afrontar esta imperfección. b)
 La dependencia reciproca de los hombres, fundamento de la naturaleza social del hombre
.Aristóteles sabía muy bien que la mera dependencia física no basta para fundamentar un todo social. Si un hombre aisladonecesitase a otro y lo convirtiese después en instrumento propio, no surgiría aún comunidad social de ninguna especie. En talcaso no tendríamos más que la relación de causa principal a causa instrumental. Pero los hombres, al darse cuenta de que cadauno siente por sí la misma dependencia del prójimo y que todos y cada uno se afanan por el mismo objeto final, comprenden lanecesidad de la reciproca prestación de auxilio. En esto radica en Aristóteles lo decisivo en la inclinación social. Esta recíproca prestación de ayuda tiene efecto primeramente en el círculo menor de la familia para satisfacer las necesidades fundamentalesde la vida. Cuanto más se elevan las exigencias, es decir, cuanto más se afana el hombre por configurar perfectamente su vida,tanto más necesitará de una vinculación más completa: primero en la comunidad local, y finalmente en el Estado. Por eso lainclinación social es una predisposición natural hacia la formación de Estados. En la inclinación política por naturalezaAristóteles no ve más que la consecuencia de la razón humana de superar, mediante la cooperación en comunidad, la limitaciónfísica que padece el individuo aislado.Por tanto, en la interpretación que expone Aristóteles de la inclinación social del hombre, lo decisivo
no es el instinto, sinoel conocimiento de la misma orientación final natural y de la misma necesidad de ayuda respecto a este fin
. A causa de esteconocimiento, los hombres “fundan” la comunidad. Por eso es el hombre el primero que creó el estado, el “iniciador de los bienes máximos”.c)
La necesidad humana de comunicación
.Lo que impulsa a la creación de la comunidad no es sólo la tendencia, en cierto modo egoísta, de utilizar al prójimo en provecho propio con el intento de alcanzar el fin último de la propia vida, para superar así la limitación y deficiencia de la persona aislada, sino que es también el impulso que acerca al hombre a su prójimo. Aristóteles considera el idioma como elindicio más evidente de este carácter comunicativo, que se revela no menos claramente en la necesidad que siente el hombre dela amistad. Aristóteles consagró toda su atención al estudio de la amistad en los libros ocho y nueve de la ética. En el impulsohacia la amistad, lo que se pone de manifiesto no es el sentimiento de someter al prójimo al propio servicio, sino más bien lanecesidad de realizar, en comunidad con él, un mismo ideal de vida de amor en común. Por esta razón es justamente la amistaddesinteresada la más valiosa. Aristóteles ve en este impulso hacia la amistad algo típicamente natural: “todo hombre es amigo para cada hombre”. La amistad es deseable como máximo bien, incluso para aquel que posee en cumplida abundancia todaclase de bienes y que, en cierto sentido, se basta a sí mismo. La comunidad de las ideas e ideales supremos, a saber, los del bien y de lo justo, son causa de la formación de la familia y el Estado. Precisamente este pensamiento demuestra queAristóteles no ve la inclinación social del hombre únicamente como instinto común de la especie, sino que la arraiga profundamente en el conocimiento personal, a partir del cual los mismos ideales e ideas fomentan la comunidad.
2.
 
Santo Tomás de Aquino
.

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