PRIMERA PARTEEL DON DE LA MISA
INTRODUCCIÓNCRISTO ESTÁ A LA PUERTALA MISA REVELADADe todas las realidades católicas, no hay ninguna tan familiar como la Misa. Con sus oraciones de siempre,sus cantos y gestos, la Misa es como nuestra casa. Pero la mayoría de los católicos se pasarán la vida sin ver más allá de la superficie de unas oraciones aprendidas de memoria. Pocos vislumbrarán el poderoso dramasobrenatural en el que entran cada domingo. Juan Pablo II ha llamado a la Misa «el cielo en la tierra»,explicando que « la liturgia que celebramos en la tierra es una misteriosa participación en la liturgiacelestial»
.La Misa es algo próximo y querido. En cambio, el libro del Apocalipsis parece lejano y desconcertante.Página tras página nos deslumbra con imágenes extrañas y aterradoras: guerras y plagas, bestias y ángeles,ríos de sangre, ranas demoníacas y dragones de siete cabezas. Y el personaje que despierta más simpatía esun cordero de siete cuernos y siete ojos. «Si esto es solamente la superficie, dicen algunos católicos, no creoque quiera ver las profundidades».Bien, en este pequeño libro me gustaría proponer algo insólito. Mi propuesta es que la clave para comprender la Misa es el libro bíblico del Apocalipsis; y, más aún, que la Misa es el único camino por el que un cristiano puede encontrarle verdaderamente sentido al Apocalipsis.Si te sientes escéptico, deberías saber que no estás solo. Cuando le dije a una amiga que estaba escribiendosobre la Misa como una clave del libro del Apocalipsis, se echó a reír y dijo «¿Apocalipsis?, ¿no es esa cosatan extraña?». Nos parece extraño a los católicos, porque durante muchos años lo hemos estado leyendo al margen de latradición cristiana. Las interpretaciones que la mayoría de la gente conoce hoy son las que han hecho los periódicos o las listas de libros más vendidos, y han sido mayoritariamente protestantes. Lo sé por propiaexperiencia. Llevo estudiando el libro del Apocalipsis más de veinte años. Hasta 1985 lo estudié comoministro protestante y en todos esos años me encontré enfrascado, una tras otra, en la mayoría de las teorías
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La afirmación de Juan Pablo II está tomada de su Discurso en el Angelus (3 de noviembre de 1996). Juan Pablo II dirigió tambiénun «Discurso sobre la Liturgia» a los Obispos de los Estados Unidos en su visita ad limina de 1998, en el que declara: «el desafíoahora consiste [...] en alcanzar el punto exacto de equilibrio, en especial entrando más profundamente en la dimensióncontemplativa del culto [...]. Esto sucederá sólo si reconocemos que la liturgia tiene dimensiones tanto locales como universales,tanto temporales como eternas, tanto horizontales como verticales, tanto subjetivas como objetivas. Precisamente estas tensionesdan al culto católico su carácter distintivo. La Iglesia universal está unida en un gran acto de alabanza, pero es siempre el culto deuna comunidad particular en una cultura particular. Es el eterno culto del cielo, pero a la vez está inmerso en el tiempo». Yconcluía: «en el centro de esta experiencia de peregrinación está nuestro viaje de pecadores a la profundidad insondable de laliturgia de la Iglesia, la liturgia de la creación, la liturgia del cielo que, en definitiva, son todas culto de Jesucristo, el eternoSacerdote, en quien la Iglesia y toda la creación se ordenan a la vida de la Santísima Trinidad, nuestra verdadera morada» (9 deoctubre de 1998; traducción de L'Osservatore Romano, ed. esp., en DP 130/1998). Cf. Juan Pablo II, Springtime of Evangelization,Basilica Press, San Diego 1999, pp. 130, 135. Juan Pablo II desarrolla más a fondo esta visión en su Carta Apostólica de 1995Orientale lumen («La Luz de Oriente»).