Tentativa de Perec
Parte sustancial de la obra de Georges Perec puede ser considerada como el trabajo de un cronista. Pienso en Plinio, en Herodoto, en Tácito, en Julio César, en Marco Polo, en Bernai Díaz del Castillo, en el Inca Garcilaso o en Concolorcorvo para citar apenas algunos ilustres ejemplos que lo anteceden en la tarea de explorar, describir y nombrar el espacio y lo que lo puebla, así como las maneras de llevar a cabo este poblamiento. En la mayoría de los autores menciona- dos los nombres de animales, plantas, pueblos, cos- tumbres, objetos, trayectorias e itinerarios permiten dejar sentadas las bases de lo que más adelante vamos a llamar zoología, botánica, etnología, historia y todas las otras ramificaciones que constituyeron lo que, durante mucho tiempo, se entendió por saber. La diferencia, no obstante, radica en que Perec —que escribe en la Francia de Braudel y de Lévi–Strauss—
nombra y describe para sus lectores no ya realidades ajenas,distantes en la geografía y, en ocasiones, en el tiempo,ni los hechos de hombres célebres, sino la realidad más tangible, la que puede ser corroborada por quien lee con sólo abrir la puerta de su casa y salir, o ni siquiera: a veces basta con la observación, el mero recuerdo, la in- trospección.
El espacio de Perec es, entonces, “nuestro” espacio; los datos que de él obtenemos son “sus” datos (los de Perec, que en todo momento deposita una singular carga autobiográfica en todo lo que escribe), pero nos sirven por analogía. En su proyecto (y conviene desta-
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