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98771339-Elizabeth-Power-El-Hijo-de-Otra.doc

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06/30/2013

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Harlequín BiancaElizabeth Power
El hijo de otra
Después de una aventura de una noche……una equivocación había vuelto a reunirlos
Cuando descubrió que su hijo había sido cambiado porotro al nacer, Annie Talbot tuvo la sensacn de estarviviendo una pesadilla... Y s n cuando se enteró de quesu guapísimo ex jefe, Brant Cadman, tea a su hijo y ellatea el de él. Nada más saber la noticia, Brant le hizo unaproposición dicil de rechazar: quea casarse con ella.Annie sabía perfectamente que ambos niños losnecesitaban... del mismo modo que sabía que entre Brant yella haa una increíble pasión... por la que ya se haandejado llevar una vez.
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Capítulo 1
—NO, NO! ¡No puede ser cierto! ¡No te creo! Annie se dirigió al ventanal ydio la espalda al hombre que le había dado aquella terrible noticia. Bajo su oscuroflequillo, dos ojos marrones sorprendidos se quedaron mirando la pequeñaterraza ajardinada de su piso de Londres. Allí, el gato atigrado de pelo largoesperaba a cualquier minino perdido que osara colarse en su territorio.—Dime que es todo una broma cruel. Estás de broma, ¿verdad?—Lo siento, Annie —contestó el hombre con ternura—. Si hubieraencontrado una forma más fácil de decírtelo, de verdad que lo habría hecho.—Me habría dado cuenta —insistió Annie girándose hacia él.Le pareció ver en sus ojos... ¿qué? ¿Compasión? Era un sentimiento quesuavizaba los duros rasgos de su poderosa mandíbula y de su nariz de halcón,que añadidos a su pelo negro y liso y al inmaculado traje oscuro quellevaba aquel hombre hacían de él una presencia intimidatoria.—¿No crees que me habría dado cuenta si se hubiera cometido un errorasí? ¿Crees que no conozco a mi propio hijo?—Annie. Annie... —le dijo el hombre alargando el brazo hacia ella.Pero Annie hizo una mueca de disgusto pues no quería que nadie la tocaraen aquellos momentos.—Acabas de sufrir una fuerte conmoción. —¿Y qué esperabas? —le espetóAnnie. El hombre suspiró.—¿No te das cuenta de que para mí esto también ha sido muy duro?Annie se fijó en que aquellos preciosos ojos verdes parecían cansados yen que aquel rostro de piel aceitunada reflejaba un tumulto de sentimientosencontrados.Parecía más violento que cuando lo había conocido, si se podía decir quelo hubiera conocido claro porque ella no había sido más que una pieza de suimperio empresarial.Brant Cadman, de treinta y cinco años era la fuerza motora de CadmanLeisure, una cadena de establecimientos dedicados al deporte y unascuantas fábricas que manufacturaban las prendas deportivas.Así lo había conocido, en la empresa en la que trabajaba con Warren.Claro que eso había sido antes de darse cuenta del precio que había que pagarpor confiar en la gente, antes de haber tenido que dejar el trabajo avergonzadaporque todo el mundo lo sabía, antes de tener a su hijo.Y allí estaba Brant, diciéndole que ese niño al que ella había criado durantedos años no era suyo sino de él. De él y de otra mujer.Por lo visto, el hospital donde había nacido su hijo se había dado cuenta deque algo no iba bien cuando padre e hijo se habían hecho unas pruebas desangre tras regresar de un viaje en el que habían estado expuestos a unainfección vital.Annie sentía lágrimas ardientes en los ojos mientras sacudía la cabeza.—No, no. ¡No puede ser cierto! ¡Sean es mío!A sus veinticinco años, a Annie jamás se le hubiera ocurrido que le iba a
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suceder algo tan terrible. Sintió que las piernas le fallaban y Brant seapresuró a acercarle una silla.—Annie, siéntate.Annie obedeció como un autómata pues estaba demasiado débil parareaccionar.—Cuando me lo dijeron, yo tampoco quise creerlos —le dijo Brantangustiado—, pero, en cuanto te he visto en la puerta, no me ha cabidoninguna duda.¿Qué le estaba diciendo? Annie lo miró con dolor y confusión. ¿Le estabadiciendo que el niño que él estaba criando como suyo en realidad se parecíaa ella? ¿Le estaba diciendo que era su hijo?Annie volvió a negar con la cabeza. Era imposible. Su hijo era el bebé queestaba durmiendo tranquilamente en la habitación de al lado. Su hijo era Sean.—Muy bien, así que el niño que tu mujer y tú creíais vuestro no lo es,pero, ¿qué te hace pensar que Sean sea tu hijo? —le preguntó Annie presa de laira—. ¿Cómo se te ocurre presentarte en mi casa para quitarme a mi hijo? ¿Te handicho en el hospital que vinieras a verme?—No —contestó Brant metiéndose las manos en los bolsillos—. Lo últimoque quiero hacer es quitarte a tu hijo —añadió muy serio. Annie tomó aire.—No podrías hacerlo aunque quisieras —le espetó.Brant ignoró el reto.—El hospital se en contacto conmigo cuando comprobaron que el tipode sangre de Jack no correspondía con el que tenían en la base de datos delordenador. Me confirmaron que Naomi y yo jamás podríamos haber tenidoun hijo con el grupo sanguíneo que tiene Jack. Aquel día de hace dos años sólonació un bebé cuyas características coincidieran con el grupo sanguíneo correctoy ese bees el tuyo, Annie. En el hospital están seguros de que se produjo unintercambio entre nuestros hijos.—¡No, tiene que ser un error! —exclamó Annie—¡En cualquier caso, no teníanningún derecho a darte mi nombre!—No me lo dieron —dijo Brant mindose la punta de los zapatos—. Medijeron que no podían divulgar la identidad de la madre biológica de nuestrohijo.¿Madre biológica?En ese momento, llegó desde el jardín un gemido largo y agudo que muybien podría haber procedido de su garganta, pero que era un grito felino deadvertencia.—¿Y para qué has venido?¿Sabría aquel hombre que Annie Talbot, la pobre Annie que había trabajadopara él, había dado a luz el mismo día que su esposa? Ella no lo había sabidohasta que una amiga le había contado que Naomi Cadman había muerto a lasveinticuatro horas de ser madre.—El hospital no se ha puesto en contacto conmigo. Lo habrían hecho sicreyeran que lo que me estás diciendo es cierto, ¿no crees?—Tendrían que haberse puesto en contacto contigo porque, de hecho, medijeron que lo iban a hacer. En cualquier caso, Annie, lo que te estoycontando, por desgracia, es verdad. Te aseguro que todo lo que te he contado
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