evangelio de Cristo, se hallarán miserablemente errados. El apóstol imprime a los gálatas la debidasensación de su culpa por abandonar el camino de la justificación según el evangelio, aunque lareprensión la hace con ternura y los retrata como arrastrados a eso por las artes de algunos que los perturbaban. Debemos ser fieles cuando reprendemos a otros, y dedicarnos, no obstante, arestaurarlos con el espíritu de mansedumbre. —Algunos desean instalar las obras de la ley en ellugar de la justicia de Cristo, y de este modo, corrompen el cristianismo. El apóstol denuncia consolemnidad, por maldito, a todo aquel que intente poner un fundamento tan falso. Todos los demásevangelios, fuera del de la gracia de Cristo, sean más halagadores para el orgullo de la justicia propia, o más favorables para las lujurias mundanas, son invenciones de Satanás. Mientrasdeclaremos que rechazar la ley moral como regla de vida tiende a deshonrar a Cristo, y a destruir lareligión verdadera, debemos también declarar que toda dependencia de las buenas obras para la justificación, sean reales o imaginarias, es igualmente fatal para los que persisten en ellas. Mientrasseamos celosos de las buenas obras tengamos cuidado de no ponerlas en el lugar de la justicia deCristo, y no proponer ninguna cosa que pudiera traicionar al prójimo con un engaño tan horrendo.
Vv. 10—14.
Al predicar el evangelio el apóstol buscaba llevar personas a la obediencia, no delos hombres, sino de Dios. Pero Pablo no deseaba alterar la doctrina de Cristo, sea para ganar elfavor de ellos o evitar la furia de ellos. En un asunto tan importante no debemos temer el enojo delos hombres, ni buscar su favor usando palabras de humana sabiduría. —En cuanto a la manera enque él recibió el evangelio, fue por revelación desde el Cielo. No fue llevado al cristianismo, comomuchos, sólo por la educación.
Vv. 15—24.
San Pablo fue llevado maravillosamente al conocimiento y la fe de Cristo. Todoslos convertidos para salvación son llamados por la gracia de Dios; la conversión de ellos es obra desu poder y gracia que obran en ellos. De poco nos servirá que tengamos a Cristo revelado
a
nosotrossi Él no es revelado también
en
nosotros. Estaba preparado para obedecer instantáneamente, sinimportar su interés, crédito, comodidad mundano o la misma vida. Qué motivo de acción de graciasy de gozo es para las iglesias de Cristo cuando saben de casos semejantes para la alabanza de lagloria de su gracia, ¡sea que los hayan visto o no alguna vez! Ellos glorifican a Dios por su poder ymisericordia al salvar a tales personas, y por todo el servicio hecho a su pueblo y a su causa, y elservicio que puede esperarse con posterioridad.
CAPÍTULO II
Versículos 1—10.
El apóstol declara que ha sido reconocido como apóstol a los gentiles.
11—14.
Resistió públicamente a Pedro por judaizar.
15—21.
De ahí pasa a la doctrina de la justificación por la fe en Cristo, sin las obras de la ley.
Vv. 1—10.
Nótese la fidelidad del apóstol al dar un relato completo de la doctrina que había predicado entre los gentiles, y que aún estaba resuelto a predicar, la del cristianismo, libre de todamezcla con el judaísmo. Esta doctrina sería desagradable para muchos, pero él no temíareconocerla. Su preocupación era que no decayera el éxito de sus labores pasadas, o fuera estorbadoen su utilidad futura. Mientras dependamos claramente de Dios para el éxito en nuestras labores,debemos usar toda la cautela necesaria para eliminar errores, y contra los opositores. Hay cosas quese pueden cumplir lícitamente, pero cuando no se pueden hacer sin traicionar la verdad, debenrechazarse. No debemos dar lugar a ninguna conducta por la cual sea rechazada la verdad delevangelio. —Aunque Pablo hablaba con los otros apóstoles, no recibió de ellos nada nuevo para suconocimiento o autoridad. Se dieron cuenta de la gracia que le fue dada, y le dieron a él y aBernabé, la diestra de compañía, por la cual reconocían que había sido nombrado en el oficio ydignidad de apóstol como ellos mismos. Acordaron que los dos debían ir a los gentiles mientrasellos seguían predicando a los judíos; juzgaron que agradaba a Cristo la idea de dividirse así en la
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