PRESENTACIÓN
Los que hayáis empezado a usar el
COMENTARIO AL NUEVO TESTAMENTO
de William Barclay por los tomos de
Lucaso
de
Hechos
-que es lo más recomendable, y por eso los hemos publicado antes, siguiendo su consejo- notaréis en
Romanos
uncambio notable que ya esperaríais. Reconoceréis que es el mismo Barclay, pero el libro que comenta es único en su género. Detodas maneras estamos seguros de que os ayudará, enseñará, edificará y entusiasmará por lo menos tanto como los otros.Cuando leáis el segundo párrafo de la página 19 comprenderéis por qué yo, que cuando Barclay publicó este tomo en 1955era uno de sus alumnos, no podía vivir tranquilo hasta compartir con vosotros, estudiantes de la Biblia que usáis mi lengua, estecomentario sencillo, sugestivo, simpático y edificante.Lo de
sencillo
ya se supone que, en el caso de
Romanos,
es en la medida de lo posible. Pero esa medida en el caso deWilliam Barclay, es «apretada, remecida y rebosando», porque nuestro autor se crece ante las dificultades. Ya se supone que, enuna carta tan importante, escrita hace más de diecinueve siglos por un judío de Tarso de Cilicia y ciudadano romano a algunoshabitantes de Roma, se incluyan alusiones y referencias a las condiciones de vida de aquel entonces y a los forjadores y principales exponentes de aquella cultura. Para entender esta carta tendríamos que espigar muchos datos en los escritos de aqueltiempo. Eso es lo que ha hecho para nosotros William Barclay, especialista y forofo de la historia y las lenguas clásicas,cicerone ideal para guiarnos en la visita al Foro romano, con sus tribunales en los que se tramitan adopciones entre bebésabandonados de los que sólo sobrevivirán, si a eso se puede llamar sobrevivir, los que recojan para lasespeculaciones de aquel tiempo, que no eran tan diferentes de las actuales en algunos sitios. Nos presentará a emperadorescrueles, viciosos, ansiosos de notoriedad y de poder, y a otros que figuran entre los grandes santos estoicos de entonces y detodos los tiempos; y a personas de todas las escalas sociales hasta llegar a los esclavos, porque no se puede llegar más abajo.Pero, sobre todo, nos mostrará cómo ha ido penetrando el Evangelio en toda la gama de la sociedad romana, desde los esclavoshasta las clases más altas, probablemente en este orden, produciendo grandes santos y mártires de Cristo.Es natural que en un comentario como éste haya que explicar palabras que ya entonces estaban encintas de una gran cartahistórica y psicológica. Si nos inspira excesivo respeto el descubrir que Barclay estudia una por una las 20 palabras griegas de la«larga lista de cosas terribles» de los versículos 28 a 32 del capítulo primero, se nos pasará el susto en seguida cuandocomprobemos que las expone en una galería de escenas costumbristas y de retratos entre los que no faltan graciosas caricaturas.Y no digamos cuando se enfrenta con las listas de nombres. Nos confiesa en algún sitio que hubo un tiempo en que pensabaque no perderían gran cosa las Sagradas Escrituras si se omitieran las genealogías y cosas por el estilo; pero nos hace felicescomprobar que superó aquella actitud, y que desarrolló una de sus habilidades superlativas como expositor
par excellence:
la deseguir el hilo de esos nombres que no nos dicen nada a la mayoría por los laberintos de la Biblia, las historias romanas, los papiros egipcios, las inscripciones y hasta las catacumbas, para reconstruirnos verdaderas sagas que, si no siempre podemosdecir que «escrito lo tenemos, es verdadera historia», merecerían serlo. Si en algún momento se os hace pesada la lectura con-tinuada, os aconsejo que paséis al último capítulo, el de los saludos finales. Sólo os advertiré, por propia experiencia, quetengáis pañuelos abundantes a mano. ¡Que os aproveche mucho!
Alberto Araujo
INTRODUCCIÓN GENERAL A LAS CARTAS DE PABLO
LAS CARTAS DE PABLO
Las cartas de Pablo son el conjunto de documentos más interesante del Nuevo Testamento; y eso, porque una carta es laforma más personal de todas las que se usan en literatura. Demetrio, uno de los antiguos críticos literarios griegos, escribió unavez: «Cada uno revela su propia alma en sus cartas. En cualquier otro género se puede discernir el carácter del escritor, pero enninguno tan claramente como en el epistolar» (Demetrio,
Sobre el Estilo, 227).
Es precisamente porque disponemos de tantascartas suyas por lo que nos parece que conocemos tan bien a Pablo. En ellas abría su mente y su corazón a los que tanto amaba;en ellas, aún ahora podemos percibir su gran inteligencia enfrentándose con los problemas de la Iglesia Primitiva, y sentimos sugran corazón latiendo de amor por los hombres, aun por los descarriados y equivocados.
EL ENIGMA DE LAS CARTAS
Por otra parte, muchas veces no hay nada más difícil de entender que una carta. Demetrio
(Sobre el Estilo, 223)
cita aArtemón, el editor de las cartas de Aristóteles, que decía que una carta es en realidad una de las dos partes de un diálogo, ycomo tal debería escribirse. En otras palabras: leer una carta es como escuchar un lado de una conversación telefónica. Por
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