44
CUADERNOS DE PEDAGOGÍA.
Nº373
}
miento familiar no existe y para quienesme parece totalmente necesario que laescuela acometa esta tarea.
También es un gran defensor del tra-bajo en grupo.
Sí, no es del todo contradictorio. Alcontrario, es necesario que la escuelatenga tiempos colectivos en los que elalumno aprenda a participar en un gru-po, y que los articule con los tiemposmás individualizados. Pero la individua-lización se puede hacer colectivamente.Si, por ejemplo, en una clase hay cuatroniños un poco más tímidos, que no sa-ben expresarse oralmente, la individua-lización consistirá en juntar a estos cua-tro alumnos para permitirles expresarse juntos y ayudarlos a desinhibirse. Pero,más allá de estos casos, la escuela esun sitio en el que debe haber gruposarticulados en función de proyectos.
¿A qué se refiere?
Debe haber tiempos colectivos congrupos incluso más importantes que elgrupo clase habitual, pero debe habertambién tiempos individuales y tiemposen pequeño grupo. Yo veo la escuelacomo un lugar en el que se hacen con-ferencias u obras de teatro con gruposmuy numerosos, un centenar de alum-nos y alumnas, por ejemplo; pero don-de también hay grupos de cuatro o cin-co para hacer lenguas vivas de unamanera interesante, y grupos de expe-riencias en física o en biología, en losque no son más de diez, y también lasclases tradicionales, en las que sonunos 30. Es necesario multiplicar los ti-pos de reagrupamiento en función delos objetivos de aprendizaje. Pero paraque esta multiplicación no sea una dis-persión, es preciso que haya un segui-miento, y que cada alumno tenga comoreferente a una persona adulta a la quepueda dirigirse y que, en cierto modo,reflexione y coordine su escolaridad.Por esto decía que la noción de clasese convierte en un obstáculo.
Y lo que usted propone es flexibilizarla.
Sí, hace falta diversificar las formas deenseñanza para que cada cual puedaencontrar sitios, marcos, que puedanayudarlo a superar los problemas a losque se enfrenta. Pero a lo largo de todala vida escolar, incluso en la universi-dad. Y en este sentido es fundamentaldesarrollar ese acompañamiento perso-nal del que hablaba. No será suficiente,pero es, en mi opinión, absolutamenteindispensable.
¿Qué más hace falta?
Si se quiere luchar contra el fracaso es-colar, más allá de esta necesaria perso-nalización de la pedagogía, hace faltareflexionar sobre lo que se podría lla-mar un nuevo tipo de relación con elsaber. Se trata de procurar que losalumnos con grandes dificultades perci-ban el interés de aprender, de invertirsu energía en la escuela, de movilizarsepor el trabajo escolar. Hoy los alumnoscon fracaso son alumnos para quienesel trabajo escolar no tiene ningún senti-do. Y lo importante, me parece, es darsentido al trabajo escolar.
Usted dice que lo que moviliza a unalumno es el deseo, que no hay apren-dizaje sin deseo…
Sí, por supuesto, no hay aprendizaje sindeseo. Pero el deseo no es espontá-neo. El deseo no viene solo, el deseohay que hacerlo nacer.
¿Cómo?
Es responsabilidad del educador haceremerger el deseo de aprender. Es eleducador quien debe crear situacionesque favorezcan la emergencia de estedeseo. El enseñante no puede desearen lugar del alumno, pero puede crearsituaciones favorables para que emerjael deseo. Estas situaciones serán más fa-vorables si son
diversificadas, variadas,estimulantes intelectualmente y activas,es decir, que pondrán al alumno en laposición de actuar y no simplemente enla posición de recibir. Y pienso que co-