Ciberpsique
conmoverse y de sentir que hay una tragedia implícita en la disfunción de nuestro sistemaeducacional, y a mí por éso me mueve mucho este tema.La crisis de la educación, que no es la crisis de los estudiantes, es una crisis antigua - casi desiempre - que estaba invisible y que tiene su lado positivo. Pues es bueno que ahora el mal sehaga presente. Es como el dolor de un oído que hace sentir que se necesita un cirujano. Aunqueestamos ya hace mucho tiempo viviendo la obsolescencia de una educación, ahora ya no se lepuede meter a la fuerza a la generación que viene, y es bueno eso. Hace pensar en algo queahora se cita muy a menudo: cómo la palabra crisis en el libro chino de los oráculos (el I-Ching,en el que hay un hexagrama que lleva ese nombre) la palabra se compone de dos ideogramassuperpuestos, que significan “peligro” y “oportunidad,” respectivamente. Tal es la naturaleza dela crisis. Lo positivo de ella es el hacerse obvio que es necesario el cambio, y el estímulo paraéste.Naturalmente la crisis de la educación no es una cosa aislada, sino un aspecto de una sociedaden que prácticamente todas las instituciones están en crisis.Escribí hace unos diez años un libro al que llamé “La Agonía del Patriarcado” en el quepropuse que la crisis no es ni sólo del capitalismo, ni sólo de la mentalidad industrial (comohabía propuesto Willis Harman años antes) ni meramente cosa de explotación como propusoMarx. La crisis está resultando de la quiebra de algo mucho más antiguo: un sistema que tuvosu período de funcionalidad pero que se ha tornado peligrosamente obsoleto: podemos llamarloel sistema patriarcal o el sistema de autoridad patriarcal. Es un sistema eminentemente jerárquico, a diferencia de lo que podría ser un sistema heterárquico (y ya muchos negociosestán empezando a experimentar con heterarquías, en que se distribuye la autoridad en distintosdepartamentos a cargo de distintas cosas en una red más horizontal), pero principalmente es unsistema implícitamente opresivo.Lo que propongo en aquel libro no es una idea mía original sino la de un visionario chileno aquien yo conocí íntimamente. Así como él, Totila Albert, había experimentado una profundatransformación que había implicado el reconocimiento e integración de los aspectos paternos,maternos y filiales de su mente, intuía que la comprensión de esta trinidad bio-psíquica ymetafísica podría ser liberadora para otros y esclarecedora para nuestra evolución colectiva. Porello intentaba sacudir a la gente y hacerle comprender lo que él llamaba el “secreto de los tres.”El principio “Padre” de Totila Albert, ligado a la función intelectual, es un poco como el“super-yo” freudiano, que representa el dictado de la sociedad, de lo aprendido. El principio“Madre,” vinculado al mundo instintivo, es un poco como el “id” o el “ello” freudiano, la vozde la naturaleza dentro de nosotros. Y el principio “Hijo,” como el “yo” freudiano, es unainstancia sintetizante que está entre las dos anteriores. Estas tres estructuras, hoy día sabemos,se relacionan con tres estructuras que componen nuestro cerebro. Y un gran maestro desabiduría anterior al descubrimiento por parte de los fisiólogos de que somos tri-cerebrados,Gurdjieff, ya definió su trabajo como una armonización de los cerebros (o centros) intelectual,emocional e instintivo.Pienso que ambos sistemas de categorías constituyen buenas referencias en el intento depromover el desarrollo de seres humanos completos. La visión de armonizar y de equilibrar las
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