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La Educación en El Siglo XIX

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 La Educación en el Siglo XIX 
Por:Rafael Fernández Heres
 
"Sí en algún sector de la vida venezolana la cuestión ideológica hamarcado y dejado huellas, es en el de la educación. Y si observo de hoyhacia atrás con pupila que abrace con su mirada los dos últimos siglos, percibo que la cuestión ideológica en la educación fue más acentuada y permanente durante el siglo XIX que en el siglo XX, y que las polémicas que surgen en el siglo XX no son sino consecuentescoletazos de planeamientos formulados en el siglo XIX. El tema de laescuela laica que comparte con otros de análoga naturaleza como ladirección y orientación única de la enseñanza o monopolio estatal, la formación docente, etc., está en el fondo de la llamada tesis del Estado Docente, quizás la más polemizada durante el siglo XX, y tiene susantecedentes en la tendencia de secularización de la enseñanza, primeramente tan enfatizada ya a partir de 1820, más acentuadasluego en las definiciones y acciones del gobierno de Guzmán Blanco y por los positivistas y librepensadores, que se apoderan de las tribunas, particularmente durante la última década del siglo XIX. El primer congreso pedagógico venezolano reunido en 1895 se fracturó aconsecuencia del debate allí planteado sobre escuela laica y escuelaconfesional y el Código de Instrucción Pública aprobado en 1897 tienecomo idea aspiradora de su articulado las ideas de la pedagogía positivista.Se me ha pedido que trate en esta oportunidad sobre la cuestióneducativa durante el siglo XIX, pero este tema no lo puedo ni debotratar de manera insular, y sin ver hacia atrás, porque buena carga deideas e iniciativas educacionistas del siglo XVIII venezolano caen sobre el siglo XIX. Además no podemos perder de vista los siglos del  período hispano con la huella cristiana y el fenómeno del siglo XVIII,donde entre nosotros se observa convivencia o tolerancia de pensamiento cristiano con pensamiento ilustrado. Porque el  pensamiento ilustrado en materia educacional si bien irrumpe entrenosotros, en 1770, con la disputa entre el Padre A. Valberde y el, Condede San Javier, donde el primero pedía liberarse de Aristóteles y SantoTomás y dar acogida en la enseñanza que se impartía en laUniversidad de Caracas a la ciencia moderna y a otros teólogos y filósofos cristianos y el segundo, profesor aristotélico - tomista, y luegoen 1789 el pleito entre el abogado Doctor Cayetano Montenegro de lamisma estirpe académica y el Padre Baltasar de los Reyes Marrero,
 
abanderado de la apertura ideológica, todos coinciden tantoconservadores (el Conde San Javier y Montenegro) y avanzados(Valberde y Marrero) en la profesión de fe y lealtad a la ortodoxiacatólica en materia de dogma y moral. De modo que el pensamientoilustrado venezolano en materia educativa representado en laVenezuela del siglo XVIII por Valberde, Marrero, Juan Agustín de laTorre, Evaristo de Buroz, Simón Rodríguez, Sanz y Andújar, penetra enVenezuela, se puede afirmar, sin actitud volteriana y desafiante al estatuto religioso imperante y luego recorre, aunque con tonoideológico y estilo diferentes un itinerario hasta bastante avanzado el  siglo XIX. Así pues, pensamiento cristiano, pensamiento ilustrado y pensamiento positivista han abonado buena parte de nuestro quehacer educacionista, no menos de cuatrocientos años de cultura pedagógica. En el campo filosófico, me atrevo a señalar, que el sensismo que seenseñaba en la Universidad de Caracas, aprendido en Verney yCondillac, por lo que se desprende del pensamiento de Baltasar de los Reyes Marrero y del enunciado de las tesis que presentaban estudiantes para obtener el grado académico correspondiente, es aquel que ponela observación y la experiencia como principio o fuente para construir el conocimiento del mundo natural y de las cosas finitas y la validez del método experimental, sin que plantearan la idea de proscribir o de sembrar dudas en forma directa sobre la existencia de ciertos valores suprasensibles como la existencia de Dios, la inmortalidad yespiritualidad del alma y la existencia del mundo sobrenatural. No sedeclara deista para sustituir lo que enseña como verdad de fe lareligión positiva ni hace campaña al modo volteriano paradesprestigiar al clero, ni predica el valor e importancia de la ciencia yde la razón para llenar el vacío que se pudiera presentar al desconocerse la autoridad de la fe religiosa que se profesa, se haceénfasis en la ciencia, en la instrucción pública y en el aprendizaje delas artes útiles como factores que promueven el progreso y la felicidad de la provincia sin desmedro de aquellos estudios que la tradiciónescolástica había creado. En este sentido se procura un criterio deenriquecimiento y de complementación para satisfacer las exigenciasde mejoramiento del aparato productivo del país y de la diversidad vocacional de la juventud, y así lo testimonian los escritos del Doctor  Juan Agustín de la Torre y del Padre Francisco de Andújar. Este señalado criterio de enriquecimiento y de complementación con propósitos de progreso y de bienestar inicia en el país un proceso de formulación de pensamiento laico para mejorar la economía y laeducación pública, y esta última en función de la primera y ademásamplía el marco de objetivos educacionales para dar cabida al 
 
aprendizaje de los saberes útiles. Se manifiesta interés por lo social quedará lugar a la reflexión sobre una ética de igual naturaleza, en dostiempos, como en el caso de Miguel José Sanz: en primer lugar  planteando durante el dominio español la reforma de la primeraeducación para instituir un régimen de formación que construya encada niño un espíritu de autenticidad basado en el amor, el respeto, labuena fe, "la justa emulación por las virtudes de los buenoscompatriotas y el horror de los vicios y delitos de los malos" y ajeno ala vanidad, al orgullo y a la ostentación; y luego en los días de larevolución, en 1810, un régimen de formación ciudadana para laconstrucción del ser republicano que se basa en el amor a la ley. Este itinerario a que me he referido antes, es recorrido en tres fases,donde ideas del pensamiento ilustrado contribuyen, particularmente enla segunda y tercera fases, a vitalizar al llamado liberalismovenezolano del siglo XIX: La primera fase se puede ubicar, de manera aproximada y a los efectosmetodológicos, de 1770 a 1810, o sea que se inicia formalmente con el  grito cuestionador del Padre Valberde y se cierra con el inicio de larevolución. Esta primera fase se caracteriza por un movimientodestinado a conformar instituciones para el estímulo del desarrollo y el redimensionamiento de la orientación del régimen educativo, y queindudablemente contribuirá a abrir camino para el planteo de la propuesta política. El progreso económico busca soportes en laeducación y las ciencias útiles y tras esta orientación inicial decarácter científico - educacionista que se ensanchará a medida queentra el siglo XIX para dar cabida a la connotación político -educacionista, o sea para destacar la importancia de la educacióncomo instrumento para solidificar los propósitos de libertad y soberanía previstos en el proyecto político republicano. Sanz, Roscio, Bolívar, Revenga y Lander son exponentes representativos de estatendencia que conforma el espíritu de la segunda fase de este procesoque se caracteriza por su connotación política: ruptura de las provincias unidas de Venezuela con España y creación de la República. Esta fase corresponde al período 1810-1830 y contiene hechos como lalucha por la independencia, constitución de la República de Colombia y luego su desmembramiento. La tercera fase coincide con la reconstrucción del Estado Venezolano; y las ideas del pensamiento ilustrado acompañan al ideario del liberalismo venezolano que pone énfasis en reafirmar la autoridad  política del poder civil frente a la Iglesia Católica. Esta fase, a efectosmetodológicos, señalo que se inicia en 1830, concluye confundiéndose

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