2
P
ERSONAS
Y
COSAS
DEL
TIEMPO
DE
J
ESÚS
Nº 22
Suplemento
J
ERUSALEM
n e w s
Crucifixión y muerte de Jesús
Un tormento cruel
Los condenados eran azotados antes de ser cru-cificados. Las heridas producidas por los azo-tes atraían moscas y tábanos. La flagelación pre-tendía hacer la pena de muerte lo más dolorosaposible. Jesús ya había sido azotado.El comando de la ejecución estaba formado porcuatro soldados y un centurión. Dos soldadostomaban al condenado por los brazos, lo echa-ban sobre el leño transversal y fijaban sus bra-zos. Otros dos soldados clavaban las manos porla muñeca con gruesos clavos. El palo verticalde la cruz estaba izado de antemano en el lugarde la ejecución.Existía también la crucifixión sin clavos, simple-mente con cuerdas. Como la muerte por cruci-fixión era en realidad una muerte por asfixia, pocoimportaba que el colgado de la cruz lo fuese conclavos o con cuerdas.Según el derecho romano, sobre la cabeza delcrucificado debía figurar un letrero que expresa-se el motivo de la condena.
Una muerte por asfixia
El crucificado colgaba de la cruz durante horas yhasta durante días enteros, hundiéndose en la in-consciencia y despertando. Los crucificados seahogaban lentamente, y buscaban alivio a la faltade aire.Para poder respirar los condenados apoyaban lostalones sobre el tronco intentando poder respirar,y elevando el cuerpo para inspirar. Como la es-palda se hallaba en carne vida por la flagelación,estos movimientos provocaban el continuo rocede todas las heridas de la espalda sobre el tron-co rugoso de la cruz. Ello producía terribles dolo-res en la espalda.El calor del día, los mosquitos, el frío de la nochey las burlas aumentaban la tortura.
La mujeres que lloran
Las mujeres que lloran no son discípulas o se-guidoras de Jesús. Era costumbre que tambiénen este tipo de ejecuciones actuaran plañiderasprofesionales. Discípulos influyentes, tales comoNicodemo y José de Arimatea, debieron contra-tar a varias plañideras para que acompañasen alcondenado en su agonía.
Testamento de Jesús sobre su madre
Jesús expresa la voluntad última con respecto asu madre. Cerca de la cruz de Jesús estaban depie su madre y la hermana de ésta, María Mag-dalena y el discípulo a quien Jesús amaba.La tradición artística ha condicionado la imagende la presencia de las mujeres y de Juan al ladode la cruz. La realidad debió ser muy diversa: lasmujeres y Juan no debieron hallarse «al pie de lacruz» sino entre los espectadores, al pie de laroca del Gólgota. En algunas ocasiones los sol-dados permitían que los familiares y amigos delos crucificados subieran a lo alto de la colina paradar el último adiós. En esas circunstancias hayque situar las palabras de Jesús que contienenuna recomendación para el futuro de su madre.El testamento que realiza Jesús era necesariopara que María quedase debidamente atendida.Su esposo José había muerto. El resto de la fa-milia de Jesús había mostrado una actitud de re-chazo. En el momento de la crucifixión María sepuso inequívocamente de parte de su hijo, lo quele sería perjudicial en el futuro para poder partici-par en la «caja de los pobres» que a este fin teníadestinada la sinagoga. (Una especie de Cáritasde aquel tiempo) Por eso, Jesús pronuncia unafrase que da fuerza legal a la relación materno-filial entre María y Juan. La fórmula era sencilla.Bastaba con que alguien dijese: «Éste es mi hijo»,para que efectivamente se convirtiese en hijo contodas las consecuencias.Jesús deja a su madre atendida por el discípuloque está al pie de la cruz.
Leave a Comment