Los cuentos de Teódulo López Meléndezpor Marisol Marrero
Allí donde todo acabatodo empieza eternamente"
Poimandres
Un "sí mismo" dual que produce tremendas contradicciones se refleja en la narrativade este escritor. El crepitar de la mente está en las páginas de sus dos volúmenes decuentos, pero late como en el cerebro. La palabra fluye delirante, afiebrada, se sumergeen la oscuridad de los símbolos.A través del testimonio, que responde a la vida profunda, esta narrativa es de difícillectura porque lo de adentro, el mundo de los sueños, es arduo de aprehender, comotodo exceso de imaginación. Por algo el autor escogió, para el primero, este epígrafe deAragón que dice: "El arte es el delirio de interpretación de la vida".
"La cotidianeidad es morbosa", "no ha pasado nada, nunca pasa nada".
De ahí uncalendario, para tachar los días. En su prosa el almanaque es reiterativo, responde comosímbolo del paso del tiempo, pero, como dice el autor,
"se piensa en la numeración deotras cosas y en otro sentido".
¿Qué día cae el lunes?, y él responde: el lunes cae viernes. ¿Memoria arcaica decuando se inventaron los días? El tiempo se hace número en el calendario, siempre hayuna vinculación con el registro de los días,
"porque son siete y el lunes está solo y vanlos otros de dos en dos".
El número parece ser el elemento de orden más primitivo delespíritu humano. Para el autor, sin embargo,
"el tiempo es una trampa puesta entre losárboles para cazar animales salvajes, curare sometido sobre la piedra, necesidad dereforzar la piel con barro y de proteger la barba contra los mosquitos".
Parece que elorden de Teódulo López Meléndez es onírico, uno que se contradice con el punto devista psicológico que ve en el número un factor ordenador del inconsciente. ¿Arquetipodel orden? No. Número-orden-calendario, no responden en este escritor a lo quenosotros pensamos de ellos. Es algo más profundo. Es una vivencia que él atesora en los baúles, como el poeta Fernando Pessoa.
"El viejo sigue colocando cajones, ordena por ordenar"
o
"cómo saber que se podía contemplar la soledad amontonando cajones"
,enumerando, llenando álbumes,
"analizando con detenimiento de águila".
Sabemos quetanto el viejo como el águila son símbolos del espíritu. Esta última es una imagenarcaica de Dios. Es un espíritu inquieto, volátil, terrible. Recordemos el AntiguoTestamento donde Dios lanza llamas por su boca y su palabra es fuego, "el fuego deDios".Esto nos plantea un difícil problema, ¿dónde está lo consciente y lo inconsciente enLópez Meléndez? Lo diferente, al final, es siempre lo mismo y también se enumera y seclasifica. Hoy será lo mismo en todas partes porque al alma humana la guían siemprelas mismas energías psíquicas y quien transforma esa realidad no es más que unomismo, haciéndola diferente a voluntad. En esta compilación de cuentos se plantea, de nuevo, el problema del tedio.
"Aún
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