A QUIEN ME LEYERE
OS LIBROS caían sobre mi máscara (y donde había un rictus de viejomoribundo), y las palabras me azotaban y un remolino de gente gritaba contra loslibros, así que los eché todos a la hoguera para que le fuego deshiciera laspalabras...Y salió un humo azul diciendo adiós a los libros ya mi mano que escribe:“Rumpete libros, ne rumpant anima vestra”: que ardan, pues, los libros en los jardines yen los albañales y que se quemen mis versos sin salir de mis labios:el único emperador es el emperador del helado, con su sonrisa tosca, que imita ala naturaleza y su olor a queso podrid y vinagre. Sus labios no hablan y ante esa mudezme asombro, caigo estático de rodillas, ante el cadáver de la poesía.Leopoldo María Panero1/3/87
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