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DDT: Un Mito Criminal 
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CAPITULO 6
EL DDT: UN MITO CRIMINAL
 
El DDT, Una Dura Lección
Como casi toda la argumentación ambienta
-
lista, el tema del DDT se caracteriza por unafalta absoluta de bases científicas serias, porun fraude continuado desde el principio al finy de una campaña de los medios de prensacomo nunca se había visto en la historia.Cuando se hizo pública la prohibicióndel DDT en los Estados Unidos, el jefe de laEPA (Agencia de Protección del Ambiente)dijo
"Es una decisión política. No tiene nadaque ver con la Ciencia."
 
En 1962, la escritora Rachel Carson pu
-
blicó su libro
«Primavera Silenciosa»
, que seconvirtió rápidamente en la Biblia del ultra
-
ecologismo. Fue el primer paso de una gigan
-
tesca campaña para prohibir al DDT. Actual
-
mente es reverenciado por el ecologismo co
-
mo el libro que expuso a la opinión públicalos horrores del progreso y el peligro de loscompuestos químicos. También es notableentre los científicos como el más crudo ejem
-
plo de
tergiversación de datos, manipulación de estadísticas y falsificación de información 
 que se pueda encontrar en al amplio campode la pseudociencia de la ecología romántica.El famoso ambientalista y entomólogoDr. J. Gordon Edwards, profesor de Entomo
-
logía de la San José University de California,socio del ecologista
Sierra Club 
, de la Audu
-
bon Society, y miembro de la Academia deCiencias de California, expresa su repudiopor el libro, en un artículo titulado:
«Lasmentiras de Rachel Carson.»
publicado en larevista
21st Century, Science & Technology 
,vol. Summer 1992:
«Cuando hube leído los primeros capítu-los me di cuenta de que varias afirmacioneseran falsas. Cuando llegué a la mitad del libro, tuve la sensación que Rachel Carsonestaba jugando libremente con los hechos,construyendo las frases de tal manera desugerir ciertas cosas, sin decirlas de verdad.Ella estaba omitiendo todo aquello que noapoyara su tesis que los pesticidas eran
ma-los
 , que la industria era
mala
 , y que todoslos científicos que no compartieran sus ideaseran
malos
 Afirma el Dr. Gordon Edwards que mu
-
chas de las referencias citadas por Carsonen su libro no apoyaban para nada sus teo
-
rías acerca de los daños causados por lospesticidas. Cuando finalmente se convencióde que el libro «
Primavera Silenciosa 
 » era unconjunto de inexactitudes, medias verdades,distorsión de estadísticas y directa falsifica
-
ción de datos, el Dr. Gordon Edwards se unióa la legión de científicos que alzaron su vozpara defender al DDT de la prohibición queexigían los ecologistas. A las recomendaciones finales de la
Or 
-
ganización Mundial de la Salud 
(OMS), elServicio de Salud Pública de los EEUU, la
Organización Paname-ricana de la Salud 
ymuchas otras, que recomendaban
NO prohi
-
bir al DDT
, se unió al dictamen final del Tri
-
bunal Examinador de la misma EPA queexpresaba textualmente:
«El DDT no es can 
-
cerígeno, mutagénico o teratogénico para el ser humano, y estos usos del DDT no tienen efectos deletéreos sobre peces, pájaros, vida silvestre u organismos estuarianos.» 
Sin embargo, en Junio de 1972, el jefe dela EPA, Sr. William Ruckelshaus anunció pú
-
blicamente la prohibición del DDT diciéndo
-
le a una atónita audiencia que
«la decisióntomada no tiene nada que ver con la ciencia.
 
ECOLOGIA: Mitos y Fraudes
108
Se trata de una decisión política.»
 Se imponía así el tremendo precedenteque, en materia ecológica, los hechos científi
-
cos carecen de importancia, y que lo únicoque cuenta es la presión de las campañasecologistas. La prohibición del DDT se convir
-
tió entonces, en la
«Madre» de todos los frau
-
des ecologistas por venir
, desde la salvaciónde la «
hierba piojera 
 » hasta el insecticida
 ALAR
, el 2,4,5-T, la dioxina, el Calentamien-to Global y El Agujero de la Capa de Ozono.El patrón es siempre el mismo: se pre
-
senta un escenario catastrófico inminente, laprensa lo promociona como de una urgenciaterrorífica, y la campaña llena las arcas dequienes la inventaron. Eventualmente, lascampañas terminan dando forma a las polí
-
ticas ambientales y a prohibiciones irracio
-
nales. No importa cuán descabellado puedaser el escenario presentado: una vez que hasido repetido la cantidad de veces necesaria,la gente termina por aceptarlo como un he
-
cho real y comprobado. En la década de los30, el Ministro de Propaganda nazi, JosephGoebbels recomen-daba a sus seguidores
« 
¡Mentir, mentir y mentir... que algo siem
-
pre queda
!» 
El ecologismo nutre sus raícesen este tipo de fascismo.El DDT había eliminado, en poco más de20 años de uso, a la mayoría de las enferme
-
dades que antiguamente habían impedido alos habitantes de amplias regiones tropicalesrealizar un buen día de labor productiva. ElDDT permitió, tal como lo asevera el Dr. Al
-
bert Schweitzer en su biografía, que la genteocupara grandes áreas de África, Asia y Amé
-
rica del Sur (que antes eran inhabitables porlas enfermedades producidas por insectos yartrópodos) para poder cultivar y cosecharalimentos. Esto fue muy importante, porquela desnutrición provoca en los niños un dañocerebral irreversible, condenando a las vícti
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mas a una vida de mentalidad subnormal yde logros inferiores.El DDT fue el principal responsable, enla década del 40, del espectacular incremen
-
to de la producción de alimentos cosechadosa escala mundial, aumentando la productivi
-
dad y los rendimientos, bajando los costos yayudando a mantener bajo el precio de losalimentos. Pero, por sobre todo, el DDThabía casi provocado la erradicación de lamalaria en todo el mundo, permitiendo asíque cientos de millones de seres humanospudiesen vivir vidas plenas y productivas,sin el flagelo de las recurrentes y postrantesfiebres palúdicas.Lo mismo se puede decir con respecto ala Fiebre Amarilla, la
Leishmaniasis 
, lasEncefalitis y Meningitis, el Chagas, Denguey muchas infecciones más transportadas ytransmitidas por insectos. Por ello, RachelCarson y los ecologistas que impulsaron laprohibición del DDT comparten por igual lahorrible responsabilidad de las
2 a 4 millo
-
nes de personas que mueren anualmente demalaria
, y otras enfermedades transmitidaspor insectos, además de las 200 millones depersonas que contraen las fiebres cada año,con terribles consecuencias para sus sistemasinmunológicos, sus vidas, las economías re
-
gionales y el bienestar de sus familias.
Una Mentira Detrás de Otra
La primera de las mentiras de Rachel Car
-
son fue la dedicatoria
: «A Albert Schweitzer que dijo que: 'El hombre ha perdido la capa 
-
cidad de prever y prevenir... Terminará por destruir a la Tierra.» 
Dado que el libro deCarson es antipesticida, el lector puede serllevado - ladinamente - a creer que Schweit
-
zer se oponía al uso de pesticidas. Sin embar
-
go, en su autobiografía, (pág. 262) dice clara
-
mente:
«¡Cuánto trabajo y pérdida de tiempo nos causan estos malditos insectos...! Pero un rayo de esperanza, con el uso del DDT, se ex 
-
tiende hacia nosotros! 
 » Al leer su libro, unose da cuenta que Schweitzer estaba más pre
-
ocupado por las armas atómicas, que por lospeligros del DDT!. Cuando el profesor J. Gor
-
don Edwards daba clases a sus alumnos, solíaingerir delante de ellos una cucharadita deDDT para demostrar la falta de peligrosidaddel insecticida! Entonces dejemos que sea elProfesor J. Gordon Edwards quien nos cuen
-
te qué fue lo que realmente sucedió con elDDT. Preste mucha atención:
 
DDT: Un Mito Criminal 
109«En 1962, cuando Rachel Carson publicó sulibro, Primavera Silenciosa, quedé encanta-do. Yo pertenecía a diversas organizacionesde tipo ambientalista, no tenía sentimientoscon respecto a la industria o los grandes ne-gocios, el Sierra Club había publicado uno demis libros, y había escrito artículos para el
Indiana Waltonian
, el
 Audubon Magazine
yotras revistas ecologistas. En ese tiempo, yohabía estado ocupado con trabajo de campoen la estación de investigación de la Univer-sidad de Wyoming, en Jackson Hole, durantetres veranos y trabajaba como coordinadorpara el Servicio Nacional de Parques en elParque Nacional Glaciar. Leí ávidamente laversión condensada de
Primavera Silenciosa
 en la revista
New Yorker 
, y compré un ejem-plar del libro en cuanto estuvo disponible enlas librerías.A medida que fui leyendo los primeros ca-pítulos me di cuenta de que varias afirmacio-nes eran falsas; sin embargo, uno puede pa-sar por alto tales cosas cuando provienen denuestra cohorte, y yo hice sólo eso.»«Cuando llegué a la mitad del libro, crecióen mi mente el sentimiento que Rachel Car-son estaba jugando libremente con los he-chos y estaba deliberadamente construyen-do las frases de manera de insinuar ciertascosas, sin llegar a decirlas en realidad. Ellaestaba omitiendo cuidadosamente todoaquello que no apoyase su tesis
de que lospesticidas eran malos, que la industriaera mala, y que todos los científicos queno compartían sus puntos de vista eranmalos.
 Me fijé entonces en su bibliografía, y medi cuenta que estaba llena de referencias defuentes
para nada científicas
. Además, cada referencia estaba citada de manera separada cada vez que aparecía en el libro, produ-ciendo el efecto de una lista impresionantede «
referencias
», aunque no eran muchaslas fuentes realmente citadas. Comencé aperder mi confianza en Rachel Carson aun-que,
como ecologista
pensé que debíacontinuar apoyándola.»«A continuación miré algunas de las refe-rencias que Carson citaba y comprobé muyrápido que ellas no apoyaban sus conclusio-nes acerca del daño provocado por los pesti-cidas. Cuando importantes científicos comen-zaron a publicar duras críticas sobre sus mé-todos y sus afirmaciones, lentamente fui dán-dome cuenta que Rachel Carson no estabainteresada en la verdad sobre esos tópicos,y que yo estaba siendo embaucado, junto amillones de otros americanos.»«Como consecuencia, volví al principio dellibro y lo leí todo otra vez, pero esta vez
misojos estaban abiertos
y no me dejé influira creer en que sus motivos eran nobles y quesus afirmaciones podían ser apoyadas por lalógica y los hechos científicos. Escribí mis co-mentarios en borrador, y reuní los artículoscientíficos que refutaban lo que Carson habíaafirmado como informado por esos mismos ar-tículos. Fue una experiencia muy frustrante.»«Pronto me vi forzado a unirme a los detrac-tores de Primavera Silenciosa, y cuando serealizaron las audiencias para determinar lasuerte del DDT, en varios estados de esta na-ción, pagué mi boleto hasta ellas para testifi-car contra los esfuerzos para prohibir a eseinsecticida salvador de vidas. Fue gratifican-te descubrir que gran número de científicosy funcionarios de salud que yo había tenidosiempre en elevada estimación, estabantambién testimoniando en esas audienciasen defensa del DDT y contra la creciente olade propaganda antipesticida de las publica-ciones ecologistas y los medios.»«Cuando testificaba o hablaba en públicoexponía con frecuencia las engañosas referen-cias que Rachel Carson había nombrado ensu libro, citando las afirmaciones de
Prima-vera Silenciosa
y leyendo luego en voz altadeclaraciones pertinentes de las mismasreferencias. Esto revelaba a la audiencia loengañosas y falsas que realmente eran lasafirmaciones de
Primavera Silenciosa
Es Necesario Revertir la Prohibición
DDT, el nombre corto para el 1,1,1-Tricloro-2,2-bis (p-clorofenil) etano (también conocidocomo Difenil-Dicloro-Tricloroetano) fue sin
-
tetizado por primera vez en 1937 y patenta
-
do como insecticida por el químico suizo Dr.Paul Müller. En 1942 se demostró que mata
-
ba los piojos sin tener efectos adversos paralos seres humanos
(1)
 
La malaria o paludismo transmitida porel mosquito Anofeles ha sido desde siemprela peor de las enfermedades, a juzgar por elnúmero de sus víctimas. Hasta la llegada del
of 00

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