EDITORIAL
S
on las ocho y cuarto de la tarde. Con la nochea mis espaldas, viajo en una de las principaleslíneas de autobús que conecta el centro deBurgos con el área más poblada de la ciudad:Gamonal, antiguo pueblo absorbido hace ya años aresultas de una fuerte migración interior del mediorural a las ciudades atraída por un incipiente desarro-llo industrial.Me he situado al final del autobús, sentado pero lige-ramente elevado sobre la plataforma del vehículoobservo distraídamente cómo se va llenando devoces, miradas, … y colores; colores muy diversos yhasta cierto punto llamativos para el tono más biensufrido que impera en la ciudad, especialmente a par-tir de otoño.Más atento a lo que sucede a mi alrededor, observoque el ambiente del autobús amalgama una renova-ción casi sorprendente para esta mediana capital deprovincia castellano-leonesa situada en el nortepeninsular. Una renovación interesante no sólo por laprocedencia de los nuevos viajeros –con sus acentos,expresiones, indumentaria, peinados negro azabacheo pieles adaptadas a otros climas y condiciones–, sinotambién por la revitalización –revivificante, podría-mos incluso afirmar– que comporta la presencia depersonas jóvenes acompañadas en algunos casos porsus recién nacidos.Acaso esta renovación vital –reducida por la lógicacapitalista a simple mano de obra– sea para esteobservador de lo cotidiano uno de los aspectos másextraordinarios que haya experimentado la ciudad yla sociedad española en general a lo largo de la últi-ma década. Hemos pasado en un corto periodo detiempo de país emigrante (interior y exterior) a serpaís receptor, aunque paradójicamente el fenómenomigratorio parezca tan ajeno a nuestra historia(reciente y pasada), tan ausente en nuestro imagina-rio colectivo.Así, se diluye la conciencia del “español migrante”saturándose de estereotipos la figura del “inmigranteextranjero”, sobre el que pasan a recaer una serie defalacias que conviene desvelar aportando datos sobreuna realidad vital para España, tal como hace conclaridad Zenón Jiménez-Ridruejo en la primera de las“Aproximaciones” que abren este segundo númerode la Revista.Conviene recordar que el envío de remesas por losemigrantes españoles fue uno de los pilares funda-mentales para el sostenimiento de la economía y nosólo las divisas generadas por el turismo de “sol yplaya” envuelto en el exótico eslogan de “Spain isdifferent” que el Régimen dictatorial promocionó:una España “beautiful” pendiente de recibir a los via-jeros del extranjero con los brazos, y las carteras,bien abiertos. Aquellas tan ansiadas divisas proveníande maletas con equipajes muy diversos: bañadores,bronceadores, pero también retratos de la familiadejada atrás, añoranzas, tristezas y recuerdos a vecesamargos, muy amargos.Despojados de esta necesaria memoria histórica, deuna experiencia colectiva de raíces en ocasiones vio-lentas, la inmigración, las personas que ahora laencarnan, acaban con facilidad siendo estereotipadaso simplemente objetivadas como cifras para las másvariadas explotaciones estadísticas, en un proceso dedistanciamiento que nos facilita mirar a otro lado o,en todo caso, contemplar el fenómeno como algotransitorio, que antes o después pasará.
entre dos orillas
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Fernando represa pérez
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