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Diner Colombia

Diner Colombia

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03/22/2013

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Peatón, DF
Fabrizio Mejía MadridEn el Valle de México el atardecer comienza como sin querer, con colores pastel, rosas,morados con los árboles de bugambilias tirando a las aceras unas flores que, si las pisas,eyaculan. Es la primavera en Ciudad de México. Es una hipocresía sobre lo que está por ocurrir: habrá un destripamiento ---el atardecer--- y saldrá tanta sangre que inundará loscielos y después, todo, será tragado por la negrura. No hay rojos más sangrientos que losdel anochecer en la ciudad de México. Lo único que hicieron los aztecas fue leer la masacrediaria. Estoy frente al árbol de chicle, no el natural, sino el cultural, ese en cuya corteza los paseantes le van pegando lo que traen entre mandíbulas y ya no quieren. Casi todos loschicles secos son blancos. La menta. Los blanqueadores de dentaduras. Extrañamente hayunos negros. Las creaciones colectivas son así en la ciudad: chispazos del que va pasando,la celebración del anonimato y, sobre todo, de la igualdad en el desperdicio. Cuando vean aesta ciudad movilizarse por algo es siempre para esa misma idea.El paso de la naturaleza por la cultura. Los árboles a la mitad de la banqueta, las banquetastronadas por sus raíces y te tienes que bajar al arrollo. Los peseros que pasan a trescentímetros de la cara, y tu caminando como si se tratara de una calle y en realidad no essino una extensión del árbol, del pesero, de la casa de enfrente, del todo. La ciudad no es elser ni el tiempo sino sus extensiones. No existes. La ciudad te aplasta pero no te vas porquela utopía no es arreglar la vida sino resistirla.Los peatones no deberían existir. Son como la tierra en que conviven las semillas de losfresnos, las hojas caídas, con cucharas de plástico a medio partir del café a toda prisa de lamañana, platos del almuerzo del “viene-viene” que agita su trapo amarillo ---el rojo es más
 
del PRI--- detrás de mí, un refresco de tetrapac chupado hasta el último respiro, y un troncosobre el que hay un altar de la virgen de Guadalupe. Hora de persignarse. Una pareddescarapelada con un grafiti incomprensible: 2G. Luego, nueva fonda: ARRACHERAS LAMALINCHE. ¿Por qué La Malinche? ¿Por qué no venden perro xolozcuintle? Lascamionetas que dan vuelta como si no existieras, y aceleran en el momento en que decidescruzar, para ganarte, porque lo más chilango es decir “yo te gané”; te gané el hueco, te ganéel espacio, te gané el tiempo. Las raíces de los árboles embotando el pavimento. La casalujosa que no cuida el jardín justo en frente de su puerta, la gente con prisa, los niños queestorban agarrados de la mano, una señora se estaciona sobre la banqueta. Es el único actode potestad posible, que le permite decirnos a todos: soy dueña aunque sea de esta banqueta por un instante. En esta ciudad realmente no se camina, se espera a que el tráfico amaine yalguien gustosamente te haga el milagrito de dejarte cruzar la calle, se anda como se surfea,entre olas de concreto, entre papeles y olas secas. Está atardeciendo en este inicio de primavera y lo rojo se lo tragará la negrura. Con sus fauces aztecas. El señor del Chevyamablemente me ha dejado pasar. Agradecer lo que es un derecho. Sonreírle a lo quesiempre es una dádiva: que el otro te permita existir.A diferencia de los ininteligibles grafitis, la ciudad se comunica con carteles de papel en postes: AUXILIARES CUIDADORAS. ¿QUIERES INGRESAR A LA UNIVERSIDAD?¿LO HA VISTO? Se ofrecen servicios, se pregunta por desaparecidos, ausencias, lo quetodavía no está ahí o la que ya no está son la materia del anuncio hecho a mano. ¿Quiéndiría que entre los 18 millones de habitantes de México, DF, un papel, una pluma, y unmasquin son el único medio de comunicación honesto? Toda la desconfianza chilanga
 
---donde “nos hablamos” quiere decir que nunca la vas a volver a ver--- se derrite en el poster manual, el que denota verdaderas preocupaciones.Las mujeres de colita de caballo y lentes de pasta, las mujeres con cara de venadito en laluz, las que tienen cuerpos de luchadoras, las mujeres dibujo animado, manga. La gente platica saliendo de sus trabajos. Las mujeres foca con la ropa entallada, las mujeresmantarraya con la ropa suelta, la gente que camina, sus espaldas de nucas y cabello, lashojas que se mueven con el viento, una tonada por ahí de Shakira, la gente bajando del pesero, desconcertada porque no sabe qué le depara el destino, una mujer se maquilla aestas alturas del oscurecer bajo una caseta donde espera el autobús, el tráfico se detiene.Estamos en rojo. Pasa un camión y nos llena de humo. Tosemos todos. La democracia delenfisema pasivo. Los puestos de revistas que por fuera exhiben BARBIE, MUSTANG,MUY INTERESANTE y adentro venden NIÑAS TRAVIESAS II, LAS PUERCAS DELHOSPITAL, ABIERTAS Y DISPUESTAS. Los tacos, siempre es la hora de la comida enesta ciudad, papas, nopales, corta limones, échale más salsa, con todo, con jardín, como ledecimos al cilantro con cebolla.El Chupacabras debajo del puente de Churubusco. Un restorán debajo de un puente, al ladode una avenida principal. Estamos en rojo otra vez, pero me lo voy a pasar. Corro por mivida. Los taxistas empujando sus coches en sitios que no son sitios. Hay que tomar uno“seguro”, dice el alcalde porque, si no, tú tienes la culpa de que te secuestren. Historia deltaxi seguro: la que te dice a cuál subirte está tuerta, el chofer, llamado El Grandote, nacióen un pueblo de Durango que se llama Nombre de Dios, y cada vez que te subes te confiesaque está borracho. Te persignas aunque seas ateo. A eso le llamamos seguro en la ciudad: aque no traiga una pistola visible. A la salida del metro un hombre rubio cruza erguido. Los

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