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Problema Carcelario en Venezuela

Problema Carcelario en Venezuela

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La situación en las cárceles en Venezuela en la última década sigue arrojando una conclusión común, a saber, que en la mayoría de los centros de reclusión persisten condiciones infrahumanas.
La situación en las cárceles en Venezuela en la última década sigue arrojando una conclusión común, a saber, que en la mayoría de los centros de reclusión persisten condiciones infrahumanas.

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03/16/2014

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ACTUALIDAD SOBRE
CRISIS CARCELARIA ENVENEZUELA
 
Las cárceles del país tienen años en crisis. Pero gracias a recientesacontecimientos - específicamente muertes y disturbios - han puesto al temanuevamente en la palestra. El gobierno ha anunciado recientemente queadelantan una reforma penitenciaria y la próxima inauguración de cárceles dignas.La problemática de la crisis carcelaria a nivel mundial es un tema parareflexionar. Si algo no se puede negar, es que las personas que ingresan a lascárceles como procesados o penados, no pierden sus condiciones ni derechoscomo seres humanos. Si bien los órganos competentes determinaron suculpabilidad en el sometimiento de un delito, no es menos cierto que siguen siendociudadanos de un estado, entonces ¿quién o quiénes son los llamados a resolver la situación penitenciaria?. Sin duda alguna el rol del nuevo Juez Venezolano estállamado a enfrentar este reto en la esfera de su competencia.
"...En 1998, un año de vacatio legis parecía ser suficiente para adecuar lasobsoletas estructuras del sistema de justicia a las demandas sociales y legales.Debían formarse e incorporarse más jueces, fiscales, defensores públicos, ydelegados de prueba. Sin embargo, y especialmente en este último aspecto, laprevisión no fue tomada. A sólo tres meses de entrar en vigencia plena el CódigoOrgánico Procesal Penal, se presentan huelgas y motines carcelarios, ynuevamente el escenario penitenciario se torna dantesco. Rápidamente seestablecieron comisiones interinstitucionales integradas por jueces, fiscales,defensores y delegados de prueba entre otros, a los fines de acelerar elotorgamiento de beneficios. De cualquier forma, el objetivo debía cumplirse y engran medida, así fue, y se descongestionaron las cárceles gracias a un vastoproceso de otorgamiento de beneficios, que dejaba de lado la importancia delproceso de selección y evaluación de la población que iba a incorporarse alPrograma, proceso cuya importancia ha sido reconocida como primordial dentrodel sistema de tratamiento penitenciario y para el éxito o fracaso del tratamientono institucional (Canestri, 1981; Henríquez y González, 2003), pese a las críticasque pudieran realizársele, por intentar objetivar variables obtenidas a través de lautilización de métodos
 –
quizá simbólicos
 –
de exploración psicológica, social y/ocriminológica a la población reclusa. Lo cierto es que la puesta en libertad de milesde presos, puso en cuestión los criterios de selección, la metodología, la legalidaddel otorgamiento de medidas de prelibertad, e incluso se puso en cuestión el
 
propio proceso de reforma procesal penal (Morais, 2003b; Fernández, 2003). Elgrave desorden judicial que caracterizó este movimiento de reforma, trajo comoconsecuencia la implosión del sistema de justicia penal y específicamente, elcolapso del Programa de tratamiento no institucional. En este sentido, se observa(Figura 1) una notable disminución numérica en la población reclusa durante elperíodo 1998-1999, para llegar a su límite mínimo en el año 2000 con sólo 15.107reclusos, lo cual representa una disminución de 37% con respecto al año 1998. Lopreocupante es que la población atendida en el Programa de tratamiento noinstitucional durante ese mismo período (1998-2000) experimentó un incrementode 110%. Sin duda una escalada inesperada para las distintas instancias delsistema de justicia y riesgosa para la vida de un Programa, cuyas bases no habíansido fortalecidas desde su creación en 1980. Fuente: elaboración propia sobredatos suministrados por la Dirección General de Custodia y Rehabilitación delRecluso, del Ministerio del Interior y Justicia. Ante la incapacidad de lasinstituciones del Estado para asumir con seriedad la reforma procesal penal yfortalecer las estructuras administrativas y jurisdiccionales destinadas a suejecución, no se encontró otra solución que reformar el Código Orgánico ProcesalPenal en el año 2000 y luego en el 2001, estableciendo un cerco para la obtenciónde la suspensión condicional de la ejecución de la pena y las formas alternativasde cumplimiento de pena. Ello explica en cierta medida porqué durante el períodocomprendido entre los años 2000-2002, la población en prelibertad se mantuvierarelativamente estable, mientras la población reclusa ascendía nuevamente.Con una media de un muerto y dos heridos cada dos días en las cárceles,el sistema penitenciario es una de las grandes asignaturas pendientes del procesobolivariano. Una amplia reforma busca revertir esta situación.Como en el resto de América Latina, el sistema penitenciario venezolanotiene mucho de cámara de los horrores. 30 penales, con aproximadamente 19.000personas recluidas, y 19 Centros de Tratamiento Comunitario (CTC), de régimenabierto, muchos de ellos en un lamentable estado de deterioro, sin apenasinfraestructuras ni medios.Predominan los varones (93%) jóvenes (el 60% son menores de 30 años)habitantes de zonas urbanas, fundamentalmente barrios marginales (61,3%).Ocho años de gobiernos de Hugo Chávez no han logrado alterar la situación
heredada tras 20 años de abandono anterior. El „Plan de Humanización‟ podría
revertir esta situación. En muchos casos, las únicas actividades que losaproximadamente 4.000 carceleros, muy mal pagados y formados, realizan adiario con los presos son las de recuento, traslados y alimentación. Para el resto,los reclusos se auto organizan. Así, en los módulos, gobernados a través de
estructuras jerárquicas por jefes o „pranes‟, los presos viven en una especie de
 
régimen feudal extremadamente violento: tienen que pagar impuestos como el
„diezmo‟ o la „causa‟, cuyo impago
puede suponer la muerte.Existe el derecho de pernada sobre las familiares. Los presos rechazadospor el resto se alojan donde pueden (áreas administrativas, zonas insalubres a laintemperie.). Las diferentes bandas se enfrentan constantemente, a veces conarmas de guerra (granadas de fragmentación.), incluso durante las visitas de losfamiliares, por el control efectivo de cada zona y el negocio que eso lesrepresenta. Los hechos de violencia quedan impunes. Son constantes lasdenuncias, por parte de los reclusos, de malos tratos y de la obligación de pagar sobornos. Y cercando los penales, la Guardia Nacional, cuerpo militar-policialreputado por sus abusos y corrupción (son los únicos que no son registrados alentrar en los penales), se encarga de que nadie se fugue.
Causas estructurales
  Así las cosas, las cárceles son escenarios de constantes protestas: deenero a marzo de 2007, ha habido 11, entre huelgas de hambre, cosidas de boca,huelgas de sangre (los reclusos se autolesionan y desangran) y autosecuestros delos familiares (éstos se niegan a salir del penal al finalizar la visita), por reivindicaciones diversas (denunciar abusos, exigir traslados o más visitas...),todas ellas resueltas por los actuales responsables de la Dirección General deCustodia y Rehabilitación del Recluso (DGCRR) con la negociación. A este panorama han contribuido numerosos factores: el retraso judicial(muchos de los presos han superado en prisión el tiempo fijado por la ley), a loque se suma la mezcla de los presos ya condenados con los preventivos(alrededor de un 50% de los personas presas), la corrupción, la burocracia (laDGCRR no tiene el control sobre buena parte del sistema penitenciario, repartidoentre varios organismos) y, sobre todo, el desinterés general ante lo que esconsiderado lo peor del cuerpo social.
¿Cuál es la situación del sistema penitenciario?
 La situación en las cárceles en Venezuela en la última década siguearrojando una conclusión común, a saber, que en la mayoría de los centros dereclusión persisten condiciones infrahumanas y se registra una violacióngeneralizada de derechos humanos. Pese a la persistencia de este diagnóstico, apartir de la implementación del Código Orgánico Procesal Penal (COPP), en 1999,se han registrados algunas variaciones en los indicadores de la violenciacarcelaria, hacinamiento y la proporción de reclusos procesados y penados. A finales de 1998, la situación se mantenía adversa para el resguardo delos derechos de las personas privadas de libertad, y entre los indicadoresencontramos que, según cifras oficiales, 1998 registró el mayor número devíctimas de la violencia carcelaria en los últimos cinco años: 471 reclusos muertos

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