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mundo, y ofrecen, cosas en que la elocuencia y prudencia pueden desplegaranchamente sus banderas. Sola una causa hallo, y ésta tengo para mí que esla total causa desto, que es la diversidad de los lenguajes. Porqueaquellas naciones, en su propia y vulgar lengua, en la cual nacían, y enque se criaban dende los pechos de sus madres, en la que tratabancomúnmente en casa, de fuera, con el siervo, con el amigo, con el padre,tenían escritas las doctrinas de los sabios, las oraciones de loselocuentes, los graves pareceres de los prudentes senadores; de manera queninguna dificultad les podía causar para entenderlos el tener poco uso yexperiencia de la lengua, cuya ignorancia del todo impide el llegar alcabo de entender el ser y naturaleza de las cosas, las cuales tratan loshombres mediante los vocablos, como las contrataciones mediante losdineros. Y así, con mediana diligencia que ponían, venían a ser doctos: niles era forzado para sólo entender el lenguaje, como agora lo hacemos,gastar los mejores años de la vida. Pero agora, después que el vulgar usode hablar es tan diferente, los hombres no tienen comúnmente noticiadestas cosas, y todo aquello en que varones muy sabios, para comúnprovecho de todos, echaron el resto de sus habilidades, ha venido areducirse en provecho de muy pocos, y aun de algunos que el saberlo ellosimporta no mucho para la común utilidad de la república. Porque, considereV. M. cuán pocos son en número los que aprenden las Letras griegas y aunlatinas, en comparación de tantos millares de hombres como hay en tantonúmero de pueblos y ciudades que al señorío y gobierno de V.M. estánsubjetas, que ni entienden la una lengua ni la otra. Pues de los que lasestudian, ¡cuántos son los que, espantados del trabajo que se ofrece pasarhasta llegar a entender del todo el propio modo del hablar de los griegoso latinos, se paran en mitad de la corrida! ¡Cuántos que, teniendo por finúltimo la exterior utilidad, toman de la lengua latina sólo aquello quepara las sciencias que ennoblecen más las bolsas que los ánimos, lesbasta; y destas cosas de la filosofía, como cosas al parecer dellos pocoprovechosas, del todo se descuidan! ¡Cuántos que, por ser hombres ajenosde negocios y aficionados a la contemplación, ya que estudian estas cosas,las estudian más por su curiosidad que no para ponerlas en uso, lo cualhacer es del todo pervertir la moral filosofía! De manera que si queremosbien echar la cuenta, habiéndose escrito y trabajado estas cosas para bieny utilidad generalmente de todos, por la diversidad de las lenguas hasucedido que sirvan para pocos, y déstos para los que menos importaba quesirviesen. Pues ¿qué será si consideramos la dificultad que para elentenderlo bien, aun a los que lo tratan, les pone el no ser estas lenguasusadas vulgarmente? ¿Cuántos lugares están puestos en disputa, por nosaberse bien del todo qué es lo que aquel pueblo por aquellas palabrasentendía comúnmente? Porque de la misma manera que acontece a muchos, quetopando una moneda extranjera, y que no corre por aquella tierra,comúnmente unos dicen ser moneda de tal o de tal rey, otros de tal o detal príncipe, otros dicen que no, sino de tal o de tal pueblo, así tambiénacerca del interpretar de los vocablos hay muy grande contienda y diversasopiniones, en las cuales examinar se gasta gran parte de la vida. Por
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