La orientación educativa desde una perspectiva intercultural
1. INTRODUCCIÓN
En los tiempos que corren asistimos a una creciente homogeneización universalque, sin embargo, no es óbice para el desarrollo de aversiones culturales.Paradójicamente, la llamada mundialización está funcionando como pretexto paraejercer hostilidades, marginación o exclusión de los que son diferentes culturalmente.En un mundo que cada vez es más uniforme, están aumentando los desmanes delracismo, de la xenofobia, del nacionalismo y de la intolerancia religiosa. Cuestareconocer que todas las culturas tienen capacidad tanto para plegarse sobre sí mismascomo para abrirse a las demás. Como vimos en el tema anterior
“(...) las culturas no tienen como una única función identificar a los miembros de un grupo:también sirven para desarrollar idiosincrásicamente lo que no pertenece a ningún grupoconcreto, aquello que nos identifica en lo distinto y no sólo con lo próximo y lo igual; en una palabra, lo que nos abre a la pluralidad universal de lo humano”
(Savater, 1999: 8).
En el espacio social que nos concierne, en el más allegado a nosotros, palabrascomo “convivencia”, “diálogo”, “pluralismo”, “tolerancia” y otras muchas estánfuncionando como lemas, y están presentes en gran número de discursos, sobre todo enlos que promueven el reconocimiento de las diferencias culturales. Debemos seguirsospechando que quizá estas palabras estén siendo utilizadas como la antigua “misióncivilizadora”, y encubriendo, de forma más hipócrita que antaño,
la íntimacertidumbre de nuestra superioridad moral
(Larrosa, 1998). A la hora de tratar lostemas del multiculturalismo, interculturalismo, aceptación de las diferencias otolerancia, que nutren los discursos “pedagógicos” y “democráticos”, no puede pasarsepor alto considerar la existencia de cierto contenido demagógico: los discursospedagógicos de la multiculturalidad y el interculturalismo están saturados de efectosretóricos y en su deseo de agradar pasan de la problematización general de todo a laconstrucción ingenua de soluciones a todos nuestros problemas; la escuela sigueconsiderándose el refugio frente a la hostilidad social y el laboratorio en el que nos jugamos el futuro, de modo que en ella hay que ejecutar nuestras mejores políticaspara construir ese futuro de convivencia pacífica. Como dice Larrosa (1998), seadvierte cierta trivialidad optimista en los discursos multiculturales e interculturalesdirigidos a los asuntos educativos, que en muchas de sus propuestas dan la impresiónde estar autosatisfechos de sí mismos (como también lo está la cultura en la que tienensu origen).Sin retractarnos de lo expresado, pensamos que hablar del futuro de las culturasen el mundo y de las relaciones entre sociedades diferentes sí implica hablar deeducación; desde luego que la escuela y la educación son espacios de notableimportancia en nuestra cultura; sin embargo, las escuelas no deben ser consideradascomo los únicos espacios idóneos para resolver grandes problemas sociales. Losesquemas mentales que hasta ahora venimos utilizando no se adecuan a las nuevasformas de la sociedad, formada ahora por múltiples culturas. Los derechos humanosque se han querido imponer a las demás culturas parecen no tener cabida en susestructuras, lo que obliga a modificar el curso de la reflexión sobre la relaciónintercultural, y de modo singular sobre las políticas (educativa, social, tambiéneconómica, cultural, etc.) emprendidas.En este tema nos acercamos a las diferentes formas de discriminación social,como son el estereotipo, el prejuicio y el racismo. También nos ocupamos de las
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