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«De poesía y poetas: la otra lengua» - Arturo Borra
“Lo que es sólo poético mata a la poesía”.Vladimir Holan
-I-En una conferencia en Buenos Aires, en 1947, el escritor polaco Witold Gombrowiczcomenzaba su conferencia con una afirmación polémica:
“A veces me gustaría mandar a todos los escritores del mundo al extranjero, fuera de su propioidioma y fuera de todo ornamento y filigranas verbales, para comprobar qué quedará de ellosentonces”
i
.
Como condición de partida, este intelectual cáustico no dudó en tensar la cuerda: siuna poética sobrevive a la diáspora, puede que entonces algo de ella permanezca. Dejaré delado por ahora la alusión a “todo ornamento y filigranas verbales”, lo que nos llevaría a laproblemática de la estilizaciones retóricas del discurso poético. Lo que en cambio quisieraplantear, en primer lugar, es el debate referido a la compleja relación entre «poesía» y«comunidad lingüística» como parte de un vínculo más amplio entre «literatura» y«sociedad». En su afirmación, Gombrowicz hurga en esa
complicidadpresupuesta
entre poetay público, propia de participar en una misma comunidad de hablantes. Sin embargo, el autorreclama
extranjería
al poeta,
salirse del propio idioma
.Unos párrafos más adelante, no duda de forma provocativa en arremeter contra la«poesía pura», sosteniendo “(...) que los versos no gustan a casi nadie y que el mundo de lapoesía versificada es un mundo ficticio y falsificado (...)”
ii
. Gombrowicz admite incluso uncierto aburrimiento (aunque sea un aburrimiento solemne) ante los ejercicios poéticos de“pobreza dentro de la nobleza”.Contraponer a ese aburrimiento una poética del divertimento sería, sin embargo,errado. Lo que reclama este escritor es de otra índole: quebrar el “convenio de la mutuadiscreción”, para dar lugar a una escritura poética
interesante
. Una poesía del divertimento
distrae
y más pronto que tarde, termina resultando irrelevante. Ante los excesos de poeticidad–referidos a la sustracción de todo elemento apoético del discurso poético- Gombrowicz lanzaotra provocación: el afán de estilización culmina en servidumbre a una forma rígida, tan“sagrada y consagrada” que se diluye como medio de expresión. La máquina poética se haconvertido, como tantas otras, en un fin en sí mismo. El decir poético ha devenido
 jerga,
estoes, lenguaje profesionalizado:
“Los poetas escriben para los poetas. Los poetas son los que rinden homenaje a su propiotrabajo y todo este mundo se parece mucho a cualquier otro de los tantos y tantos mundosespecializados y herméticos que dividen la sociedad contemporánea”
iii
.La consecuencia de este aislamiento social de los poetas es doble: (i) hasta loscreadores más mediocres adquieren “dimensiones apocalípticas”, transformando loinsignificante en cuestiones trascendentes y, (ii) los poetas, ante sus enemigos, no sabendefenderse.
 Autoafirmación
,
indignación
,
lamento
, son respuestas típicas ante los ataques deotros grupos y personas. Y sin embargo -argumenta el autor- tanto más valioso es el enemigopara nuestra formación: “(...) sólo él nos procura la clave de nuestros puntos débiles y nospone el sello de la universalidad”
iv
. Como remate, Gombrowicz no ahorra ironía: los poetas,con sus actitudes aristocráticas y orgullosas, se arrogan una cierta superioridad que, por lodemás, el otro no está dispuesto a aceptar. En un juego de espejos endogámico, el poeta nosólo no asume que puede que haya un exceso de versificación, sino que además termina
 
considerando a los miembros de la comunidad poética una “muchedumbre de seresexcepcionales” (sic).Ante esta situación, alega el autor,
 podríamos
optar por
hablar desde abajo
. Y aunqueno todos los poetas extranjeros hablan desde esa posición, ni todos los locales desde unaposición altiva, lo cierto es que es imposible hablar desde la paridad –o incluso desde lahumilde petición de ser escuchado y acaso reconocido- si no hay un
desplazamiento básico
,que es también disconformidad con lo
hallado
: el que nos sustrae de
la familiaridad de larecepción
v
.
Podríamos entonces desprendernos de la ilusoria autoridad que nos arrogamos yasumir nuestra radical insuficiencia, sacudiendo las formas rígidas que nos abruman.-II-Gombrowicz unos años más tarde vuelve sobre su primera conferencia y rectifica eltítulo: esta vez no será “Contra la poesía”, sino “Contra los poetas”, aunque la embestidasigue siendo también contra esa “melopea monótona” [sic] que la Poesía anuncia, rodeada deexclamaciones. Contra el culto del Arte, contra la grandilocuente y sublime “misa de laEstética”, Gombrowicz contrapone
lo real
. En la ceguera ritual del culto a la Poesía, nosolvidamos de preguntarnos por el vínculo que tiene con nosotros.
“Lo que molesta y cansa de los poetas no es ya sólo esa religiosidad que nada contrarresta, esaestéril devoción hacia la poesía, sino también su política de avestruz ante la realidad: larechazan con temor, se niegan a verla, y en su huida se sumen en un estado de trance que, lejosde ser un valor, es un peligro”
vi
.No será Gombrowicz quien pretenda que los poetas escriban “para que todos losentiendan”. Supondría, según el autor, renunciar de forma voluntaria a valores esencialescomo la “conciencia”, la “inteligencia”, la “sensibilidad”, el “conocimiento” vital ymundano... Dicho en nuestros términos: en una sociedad banalizada, el “entendimientouniversal” supondría una claudicación o una forma de resignación ante aquello que,precisamente, suscita en nosotros una voluntad de distanciamiento. Producir otro mundo tienecomo condición producir unos discursos que cuestionan o se extrañan, de forma obtusa, anteun universo social que proclama la necesidad (supuestamente trivial) de lo Idéntico. Undiscurso poéticamente subversivo, pues, no puede formularse desde una lógica de la falsareconciliación. Dicho lo cual, tampoco cabe absolutizar nuestro propio mundo, como suelenhacer tantos poetas. Al fin y al cabo, puede que no seamos más que “candidatos a artistas”.En esta fase de la argumentación, Gombrowicz nos interroga a cierta distanciahistórica: ¿resisten nuestros poemas en manos de un no-poeta? Si acaso quebráramos loscírculos familiares de reconocimiento, ¿qué quedaría de la Poesía y los Poetas? “¡El poeta nodebe adorar al Poeta!”
vii
. Ante estas “orgías de la presunción”, el lector concreto puede ayudara recordar nuestra condición caída, nuestras aspiraciones truncas. ¿Sería mejor admitir quenuestros pequeños mundos no se distinguen de otros mundos especializados y herméticos, enlos que sus participantes se celebran mutuamente, haciendo imposible la comunión de unoshumanos con otros?-III-Más de cincuenta años después, me pregunto qué validez mantienen estas tesiscontrovertidas. Nuestras justificaciones, quizás, no serían mucho mejores que las aportadasentonces: 1) no confundir «poesía» con «embuste», 2) distinguir entre «poesía pura» –basadaen estructuras métricas y rimadas- y «poesía» a secas, 3) admitir que la realidad de la poesíaes heterogénea y dinámica, etc. Incluso podríamos argumentar sobre el valor de la
 
metaforización (irreductible a funciones ornamentales) en un contexto que la hace casiininteligible, sobre el riesgo de las generalizaciones apresuradas y sobre cierto espíriturepresivo... en el propio Gombrowicz. Al fin y al cabo, ¿por qué el poeta debería abandonarsu idioma? Habida cuenta de la co-sustancialidad entre lenguaje y pensamiento, no cabedudas que sería una forma de mutilar el pensar mismo.Con todo, puede que
quizás
estuviera afirmando algo diferente: que no hay poesíavaliosa si no es capaz de sustraerse de la
lengua materna
–una lengua que, en los poetas, seconvierte en
 jerga.
Ahora bien, si lo que caracteriza una jerga es su configuración como
lenguaje profesionalizado
, activando una mutua complicidad de los participantes, locuestionable no es tanto
la escritura en un mismo idioma
, sino el hacer del idioma una patriaen la que nos protegemos de la distancia que todo poeta requiere para permanecer
.
Distancia,entonces, con respecto a la
lengua materna.
Avanzando más allá de lo que este texto nos habilita, podríamos insistir en laimposibilidad de cambiar nuestro mundo social sin cambiar los modos de interpretarlo. Ypuesto que
no hay interpretación que no requiera un soporte lingüístico,
todo ejercicio de
re-interpretación
es un ejercicio de desplazamiento con respecto al universo lingüísticohabitualmente utilizado. Kristeva, lo dice bellamente:
“El que habla la «otra lengua», nuestro extranjero-traductor, es invitado a callar, a menos quese una a alguno de los clanes existentes, a una de las retóricas en vigor”
viii
.Este tipo de escritor, alejándose de la lengua de los clanes, habita un espacio deextranjería, incluso a riesgo de caer en el ostracismo. En este punto, no es extraño quecuestionemos ciertos usos de la lógica de la etiqueta por parte de los clanes, como modo dedicotomizar entre un
nosotros
–como encarnación de una supuesta virtud literaria- y los otros,reducidos a objetos de una estética superficial. C
uidarnos de ese maniqueísmo -intelectualy político- forma parte de la gramática de esta
otra lengua.
Habría pues que indagar enla extranjería como lugar de enunciación más que como espacio físico de estancia. Serextranjero remite, en este contexto discursivo, a una interminable búsqueda que nos exilia delas certidumbres. Lo mismo podemos afirmar para referirnos a la práctica poética, inclusocomo tentativa de
traducción
de las «pasiones secretas» a una «música vigilada del sentido».Volvamos pues al argumento central: Gombrowicz no escribe contra los
malos poetas
(que los hay y son legión), ni contra los
esnobistas
(que también son multitud). Escribe contrauna Poesía que no se ha decidido a avanzar en su deicidio, que no se ha hecho libertaria, quedefiende, en suma, la Institución
en sí 
(como si no debiera contribuir a hacer imaginables
otravida
y
otro mundo
-podríamos agregar
ix
-)
.
Escribe contra una Poesía petrificada que impide elpoetizar
imprevisible, arriesgado, singular.
Pero ¿qué más previsibles que los golpes deefecto de los que se sitúan en el Parnaso? ¿Qué menos arriesgado que la relectura de lo ya-sabido, de lo que suscita un entusiasmo fácil y facilista de cierto público cautivado antesincluso de conocer el poema? ¿Qué menos riesgoso puede haber que el sustraerse del desafíoque cada poema auténtico propone, más allá de la consagración de los nombres? Y ¿quémenos singular que la escritura que se somete voluntariamente a tanto “ismo” domesticador, atradiciones literarias consagradas que en su misma institucionalización pierden o mitigan supotencia crítica?Admitamos pues, que en su crítica “simplista y brutal” (tal como Gombrowicz mismocalificara su intervención) hay un núcleo de verdad perturbador. Admitamos también que sulectura de los poetas no es ajena a nuestra contemporaneidad, que incluso es más fácilarrancar un aplauso que un gesto de desconcierto, que sin extranjería no hay fluir poético quetense la Poesía fosilizada, que sin destrucción de textos canonizados y contra-canonizados loúnico que nos queda es un Museo de Estética para arribistas y conformistas, “muchedumbrede seres excepcionales”, carentes de todo sentido (auto)crítico. Aceptemos, cómo no, que hayque escribir
contra la Poesía,
esa egolatría parlanchina que se inviste de Madurez sin dejar derepetir un credo heterónomo. Aceptemos, finalmente, que también nosotros, aprendices depoetas, aprendices de humanidad, participamos en una lucha en la que tenemos muy poco

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