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50 Razões para Defender as Touradas

50 Razões para Defender as Touradas

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Pequeno livro do filósofo francês Francis Wolff acerca das razões que tornam as touradas louváveis e um bem cultural e artístico a defender.

O autor desmonta os argumentos e falácias antitaurinas contrapondo com os argumentos taurinos. Imperdível para aficionados e para antitaurinos.
Pequeno livro do filósofo francês Francis Wolff acerca das razões que tornam as touradas louváveis e um bem cultural e artístico a defender.

O autor desmonta os argumentos e falácias antitaurinas contrapondo com os argumentos taurinos. Imperdível para aficionados e para antitaurinos.

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Francis Wolff
Cincuenta razones para defenderla corrida de toros
traducido del francés por Luis Corrales y Juan Carlos Gil
¿Le gustan las corridas de toros? 
¡Sepa defenderlas! 
¿No le gustan las corridas de toros? 
¡Sepa comprenderlas! 
Prefacio
Desde hace algunos años ha comenzado una nueva batalla contra la fiesta delos toros. Diversos tipos de prohibiciones han sido propuestos; han intentandopor un lado restringir el acceso de los menores, como en Francia o en el PaísVasco, y por otro prohibir directamente las corridas de toros, como enCataluña. La restricción, por el momento, ha perdido, la prohibición podríaganar un día de éstos. Esta brusca movilización antitaurina ha tenido comoconsecuencia, en Francia, la creación de una organización que aglutina a todaslas asociaciones (de aficionados, de profesionales y también de políticos)implicadas en la defensa de las corridas de toros, denominada el “ObservatorioNacional de las Culturas Taurinas”, cuya misión es la vigilancia permanentesobre las iniciativas antitaurinas: se ha convertido en el único interlocutorlegítimo ante los poderes públicos para tratar de estas cuestiones. En Cataluñaexiste la Plataforma para la Promoción y Difusión de la Fiesta, que desarrollaun trabajo análogo pero en situación de urgencia, dadas las amenazasinmediatas que se ciernen sobre las corridas de toros en esa comunidad. Y laMesa del Toro, formada inicialmente sobre todo por profesionales, es la quetoma iniciativas similares en todo el estado español, e incluso en la Comunidad
 
Europea. Esta pequeña obra, que no tiene ningún afán comercial ni literario,nace con el propósito de contribuir al esfuerzo explicativo en defensa de lascorridas de toros, que las mencionadas organizaciones llevan a cabo. El únicoobjetivo es ofrecer un resumen de los principales argumentos a favor delmantenimiento de las corridas de toros en las zonas donde estántradicionalmente implantadas. Muchos de los argumentos figuraban ya, de unau otra forma, en mi
Filosofía de las corridas de toros 
, Bellaterra, 2008, dondeproponía desvelar el sentido y los valores éticos y estéticos de la tauromaquia.Este libro fue escrito en un época en la que las campañas abolicionistas nohabían comenzado abiertamente y, por tanto, no tenía el objetivo apologéticoque algunos le han querido ver. Los argumentos para “defender” las corridas detoros se encontraban pues dispersos entre propuestas más fundamentales. Enel transcurso de las numerosas discusiones trabadas tras la aparición del libro,quedó clara la necesidad de que esos argumentos fueran recogidos ysistematizados en una pequeña obra sintética y accesible. Y es justamente loque hemos hecho: rescatarlos y completarlos con aportaciones surgidas deldesarrollo de esas discusiones. Ésta es la única pretensión de este texto: unarma para una batalla que creemos justa. Las corridas de toros no son sólo unmagnífico espectáculo. No son sólo disculpables sino que además sondefendibles porque son moralmente
buenas.
 En las siguientes páginas, no hay ninguna explicación sobre la historia de lafiesta, el desarrollo de las corridas, la técnica y la estrategia de la lidia, lascaracterísticas de las diferentes ganaderías de toros, ni de las diferencias entrelas escuelas taurinas y los estilos de los toreros. Todo eso se encuentrafácilmente en excelentes obras. Tampoco se encontrará aquí uno de los máspotentes argumentos a favor del mantenimiento de la fiesta de los toros en lospaíses taurinos: las razones económicas. Aunque es cierto que, en España, enel sur de Francia y en América Latina, la fiesta taurina mantiene decenas demiles de empleos directos e indirectos y constituye una importante fuente deingresos para las administraciones estatales, regionales y locales, esteargumento no vale nada si las corridas de toros fueran inmorales como, porejemplo, lo son el tráfico de drogas o el de animales de especies protegidas.Nos situamos en el exclusivo plano de los valores. Porque pensamos que si lascorridas de toros desapareciesen de las regiones del mundo donde hoy son
 
lícitas, sería una gran pérdida tanto para la humanidad como para laanimalidad.
IntroducciónSensibilidades
 
Sólo hay un argumento contra las corridas de toros y no es verdaderamente unargumento. Se llama
sensibilidad.
Algunos pueden no soportar ver (o inclusoimaginar) a un animal herido o muriendo. Este sentimiento es perfectamenterespetable. Y no cabe duda de que la mayor parte de los que se oponen a lascorridas de toros son seres sensibles que sufren verdaderamente cuandoimaginan al toro sufriendo. El aficionado tiene que admitirlo: mucha gente seconmueve, e incluso algunos se indignan con la idea de las corridas de toros.El sentimiento de compasión es una de las características de la humanidad yuna de las fuentes de la moralidad. Pero los adversarios de las corridas detoros tienen que saber que los aficionados compartimos ese sentimiento. Sinduda, esto es algo difícil de creer por todos aquéllos que piensan sinceramenteque asistir a la muerte pública de un animal (lo que es un aspecto esencial delas corridas de toros) sólo lo pueden hacer gentes crueles, sin piedad, sincorazón. Ahí radica su irritación, su arrebato, su animadversión a las corridasde toros. Es difícil de creer y sin embargo es absolutamente cierto: elaficionado no experimenta ningún placer con el sufrimiento de los animales.Ninguno soportaría hacer sufrir, o incluso ver hacer sufrir, a un gato, a un perro,a un caballo o a cualquier otra bestia. El aficionado tiene que respetar lasensibilidad de todos y no imponer sus gustos ni su propia sensibilidad. Pero elantitaurino debe admitir también, a cambio, la sinceridad del aficionado, tanhumano, tan poco cruel, tan capaz de sentir piedad como él mismo. Es difícilcomprender la postura del otro pero hay que reconocer que, en cierto sentido,el aficionado tiene las apariencias en contra. Por eso su posición necesita unaexplicación.La sensibilidad no es un argumento y sin embargo es la
razón 
más fuerte quese puede oponer contra las corridas de toros. El problema consiste en saber sies suficiente: ¿la sensibilidad de unos puede bastar para condenar la

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