La tradición hermética es, pues, una forma de la tradición unánime, universal yprimigenia -adecuada al ropaje histórico y a la mentalidad de ciertos pueblos y ciertosseres- que se ha manifestado aquí y allí, conformando y organizando la cultura y lacivilización. El dios Hermes es solidario con el Toth egipcio (3), puesto que, como él,representa sabiduría e interpretación hermenéutica, y virtudes de profecía, atribuidastambién a Enoch y a Elías artista -patrono de la alquimia-, arrebatados ambos al cielo enun carro de fuego (vehículo francamente solar) y de los que se dice no están muertos, sinovivos, como otros personajes análogos de distintas tradiciones, de los que se aguarda susegunda aparición al fin de los tiempos, así como los cristianos esperan la
parusía
delmaestro Jesús, rey de los judíos, Cristo Rey, que encarna en forma humana, pararevelarnos la verdadera vida: transmisión que lo convierte en salvador y redentor.Históricamente no es demasiado difícil de advertir, que los mitos y símbolos esotéricosegipcios, judíos, griegos romanos, cristianos, árabes y mediterráneos en generalconforman un conjunto que se puede relacionar directamente con los pueblosoccidentales; y que esta influencia espiritual, aunque no tome formas religiosas, esindiscutiblemente válida por la pureza de su origen, y por el desarrollo concatenado detransmisión, protagonizado por sabios, profetas, guerreros y "artistas". Esto no excluyeque el conjunto de enseñanzas al que nos referimos sea perfectamente solidario con otrosde distintas épocas y latitudes, y hasta idéntico a ellos, más allá de los disfraces formales.En el caso particular que nos ocupa -el del emisario divino que reúne en sí la posibilidadunificada de lo que repta y lo que vuela, de la tierra y el aire, que han debido serseparados para complementarse adecuadamente a través de la pasión y el amor-, estehecho es claro y probatorio de la unidad arquetípica de todas las tradiciones, ya que estaoposición-conjunción, se halla manifestada por doquier. Lo que sí nos interesa ahora esdestacar que las ciencias y artes que se han dado en llamar la tradición hermética tienenun origen común, que se manifiesta históricamente a lo largo de la vida de Occidente, yque se expresa por intermedio de una serie de disciplinas y trabajos, mitos y símbolos,que constituyen un código coherente, susceptible de ser transpuesto a todos los códigos ysistemas tradicionales, pues en verdad ellos expresan y se proponen lo mismo: revelar unconocimiento oculto, permitiendo de esta manera la conquista del verdadero estadohumano, el ser original, que todo hombre ha perdido por la caída, y que lo coloca en unasituación infrahumana con respecto a sí mismo, motivo por el que ha de restaurar suverdadero Yo, que se halla oculto en su interior, tan sólo vivo en forma potencial, y quedebe actualizar, por la memoria de sí y el recuerdo del arquetipo original, con fe y amor,gracias a la doctrina tradicional, conocida en este caso con el nombre de hermetismo. Quele permite re-nacer (4) al estado auténticamente humano, de cara al cual los estadosinferiores (5) aparecen como sueños, o ensayos, o proyectos ilusorios, o mera tontería,por no decir estúpida vanidad.Estas disciplinas, o vehículos, llevan al aprendiz -a través del mundo intermedio- y locolocan frente al tabernáculo, en el corazón del templo, en el eje, que igualmentecomunica con la cripta o caverna, el país subterráneo de los muertos, o mejor, en elinterior del sagrario, desde donde podrá iniciar su ascensión vertical, hacia la cúpula o lasumidad, que simbolizan la salida del templo o del cuerpo, lo supracósmico o lo