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La Construccion de Un 3er Sector en AL Carlos Guerra PO3

La Construccion de Un 3er Sector en AL Carlos Guerra PO3

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Published by: Maria Rosa Ledesma Mattes on Mar 28, 2013
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07/22/2014

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 LA CONSTRUCCION DE UN TERCER SECTOR SOCIAL EN AMERICA LATINA
Carlos Guerra Rodríguez, Departamento de Sociología de la Universidad de SalamancaEl tema de la participación suscita el interés tanto de aquellos que hablan de ella como laarticuladora de un “tercer sector” (solidario, conformado por la organización socialciudadana, etc.), con una propuesta de desarrollo alternativo para la sociedad, como delneoliberalismo más reciente, siempre ávido de nuevos “recursos” que garanticen sussustentabilidad. Esta coincidencia hace que resulte ineludible tomar en consideración lo quese puede denominar una posición “pragmática de lo paradójico”, en el sentido de analizar de qué depende el que la participación pueda desarrollarse, contribuyendo a la vez a unamayor eficiencia del sistema de gestión del Estado (con un ahorro considerable derecursos), y a alcanzar algunos de los objetivos “emancipadores” del “tercer sector”. Puede parecer una vía imposible, contradictoria, pero la misma realidad paradójica de lasmotivaciones que conducen a los sujetos a participar en una acción colectiva, nos lleva aconsiderar este camino como posible; y no solo eso, sino también como el más adecuado(desde el posibilismo) para alcanzar ese desarrollo de la participación que neoliberales yalternativos buscan a través de racionalidades distintas y contrapuestas. Algunos pasos eneste sentido ya han comenzado a darse en diversos foros internacionales y en las nuevas eincipientes estrategias que Estado y organizaciones sociales adoptan en América Latina.Desde esta posición pragmática, y tomando como referente el contexto latinoamericano, elapoyo social y la participación comprometida de un espectro amplio de sectores medios y bajos en los planes de desarrollo otorgaría la legitimidad que requieren los organismos planificadores para que los planes que puedan aprobar no sean desatendidos desde otrasinstancias estatales, y podría evitar que los cambios de gobierno redunden en ladiscontinuidad crónica que caracteriza a los planes de desarrollo en América Latina. Ello noiría en contra de los objetivos emancipadores de las propuestas de desarrollo alternativo, yen cambio podría ayudar a crecer al “tercer sector”, sacándole del testimonialismo en quemuchas veces se encuentra.Un acuerdo social amplio, por ejemplo, sobre políticas integradas de desarrollo de lossectores menos productivos permitiría evitar que la rotación de clientelas en los cambios degobierno deshagan los compromisos previamente concertados. De ahí la necesidad deinstitucionalizar “adecuadamente” las prácticas populares que han tenido probado éxito enla gestión urbana y de programas sociales, permitiendo que el sistema jurídico reconozca yexplicite las reglas del juego democrático y los valores de justicia social que se persiguen,otorgando igualmente capacidad de negociación a las organizaciones populares.Somos conscientes, no obstante, de que la experiencia histórica en América Latinademuestra que los modelos participativos tienen éxito hasta el momento en que los gruposdominantes en la comunidad logran una mejor inserción socioeconómica, fortaleciendo asílas relaciones de dominación preexistentes. La participación, al igual que la justicia social ola reforma del Estado (la descentralización), puede muy bien ser funcional al desarrollo delcapitalismo en una determinada etapa, habiendo que definir, por tanto, esos límites ytornarlos explícitos. Como dice Guimaraes (1989), peor que el voluntarismo que caracterizamuchas propuestas en la actualidad, sería sustituirlo por la manipulación, enmascaradacomo control ciudadano.Ese límite del que hablamos probablemente habrá que situarlo en la real implementación dela democracia dentro del Estado; sin ella, los procesos de descentralización y las dinámicasde participación asociadas a los mismos no parece que tengan consistencia en el tiempo.
 
Pero la implementación de la democracia en los países periféricos va a depender de que seempiecen a asimilar y superar sus imperfecciones, contradicciones y aporías. EN primer lugar, hay que mencionar la tesis que habla de la imposibilidad del ideal del
homodemocraticus,
aquel que afirma la bondad innata del hombre y la hace coincidir con larazón, lo que significa que la eliminación de las condiciones externas que vician lademocracia (la desigualdad social, etc) no tienen en sí por qué afianzarla; más bien habráque ponerles límites para corregir los efectos de la razón instrumental (movida por interesesegoístas)presente también en el hombre. En segundo lugar está la teoría que piensa que laevolución histórica es un condicionante de las posibilidades reales de la democracia, estoes, la que parte del supuesto de que unas sociedades están maduras para la democracia yotras no, a base de establecer correlaciones entre culturas, estructuras económicas, actitudesmorales y conducta democrática. En tercer lugar, es inevitable referirse a la maraña de los poderes fácticos, de esas redes de monopolios y oligopolios sociales (compañíasmultinacionales, grandes empresas, los ejércitos, las Iglesias, burocracias, corruptelas más omenos institucionalizadas, etc), que rompen la debida fluidez de la vida democrática y laadaptan a sus intereses particulares, al tiempo que pactan entre sí por encima de las cabezasde los ciudadanos y, a menudo, al margen de los mismos Parlamentos por ellos elegidos. Yen cuarto lugar, no se pude dejar de hacer alusión al desarrollo de oligarquías y clases políticas dirigentes inclinadas a la desposesión de la soberanía a la ciudadanía en general, pues ellas se reparten el poder político y se especializan en detentarlo, autoeligiéndose a símismas.EL ÉXITO DE LA PARTICIPACION CIUDADANA EN AMERICA LATINATeniendo presente todo esto último, y a la vista de lo dicho con anterioridad, el éxito de unmovimiento social (como manifestación de la participación en la acción colectiva propiadel “tercer sector”) va a depender fundamentalmente de las interrelaciones que establezcacon otras organizaciones y movimientos, así como de las alianzas que establezca con laestructura del poder en la sociedad, esto es, de las redes en las que consiga integrarse. Losaccesos que proporcionan estas redes incrementan cuantitativamente las ganancias de laacción colectiva y protegen al movimiento de una posible represión.La participación se incentiva si las organizaciones populares son percibidas comomecanismos de movilidad social, lo cual se facilita si las organizaciones establecenvínculos con instituciones o actividades del sector formal, si forman parte de programas o políticas sociales del Estado o si fueran parte de proyectos sociales y políticos de nivelnacional. Según la teoría de la Elección Racional, el mero hecho de que una instancia pública reconozca a un sindicato como negociador privilegiado puede traer consigo unaumento de la afiliación. De la misma manera, una Asociación no reconocida, al tener mayores dificultades para lograr los objetivos que se propone, corre el peligro de que susmiembros se sientan decepcionados y dejen de cooperar. También tendremos que tener encuenta que la participación popular se hará menos convincente al aumentar el escepticismorespecto a la capacidad del Estado para conducir el desarrollo; por eso dice Wolfe (1991)que en América Latina prácticamente ninguna de las iniciativas de participación popular que se pongan en marcha van a resolver el problema de la repetición de éxitos aislados, o elde la protección de éxitos alcanzados frente a la inestabilidad política y económica de lamayor parte de las sociedades.Promover la participación, y con ella el “tercer sector”, implica superar muchasdificultades; hace falta un trabajo de apoyo a las organizaciones sociales, teniendo en mente
 
no tanto lo que los sectores populares son, como lo que son capaces de hacer organizadamente. Parece necesario tomar en cuenta la influencia de factores como ladesconfianza en la acción colectiva ( por problemas y desconfianzas relacionados con elliderazgo, machismo, desarraigo comunitario, etc.). Al mismo tiempo, los objetivos deintegración (o movilidad social), de seguridad y de desarrollo personal deben ser tomadosen cuenta si se quieren elevar los niveles de participación.También nosotros hemos podido comprobar (Guerra 1993 a) como el potencial demovilización de un colectivo está mayormente determinado por el grado de organizacióngrupal preexistente. Los grupos que poseen fuertes identidades distintivas y densas redesinterpersonales entre sus miembros, están internamente organizados y, por tanto, puedenmovilizarse rápidamente. AL proveer de solidaridades y compromisos morales previos,estas identidades y redes proporcionan la base para la operación de incentivos colectivos.Todo esto viene a cuento de que el reclutamiento en bloque de grupos solidarios preexistentes es la forma más eficiente de reclutamiento para aplicar políticasinstitucionales. Por el contrario, los grupos que poseen identidades débiles y pocas redesintragrupales, a pesar de que cuenten con fuertes incentivos externos, difícilmente logranmovilizarse, con lo que las estrategias de reclutamiento centradas en torno a incentivossolidarios, orientadas hacia grupos preexistentes o naturales, y que ligan la visión, o laeficiencia en las políticas, a tales grupos, son más efectivas. El reclutamiento individual para la acción colectiva requiere grandes inversiones de recursos y es mucho más lento queel reclutamiento en bloque. De todas formas, hay que dedicar especial atención al estudiode la cultura de las organizaciones involucrados, puesto que ella es la que determinará losalcances y límites de los programas que se puedan emprender. Los promotores de laorganización social que se basan en lo símbolos culturales de la población y de los estratossociales de pertenencia a que se orientan son más exitosos que los que enfatizan ideologíasabstractas y descontextualizadas.La aceptación de la planificación participativa propuesta desde el Estado, esto es, laaceptación de las experiencias de autoayuda institucionalizadas por el poder público, pueden no concluir a la creación de nuevas amistades, lazos de lealtad y a incentivar laorganización comunitaria, y en este sentido no contribuir a un proceso “emancipatorio”. Noobstante, sí da la impresión de que se favorece la integración social y la democratización delas relaciones entre el Estado y los sectores populares, y en mucha menor medida, la críticade la esencia del sistema político-institucional; esto es, las organizaciones sociales lucharán por ser reconocidas por el Estado, pero no por destruirle o desmontarle.La acción colectiva se propicia de una manera más efectiva si ésta se encuentradescentralizada, si no existe una clara división del trabajo y la integración entre los actoresse realiza por medio de redes informales y por una ideología compartida, que sí responde aun modelo burocrático centralizado. Como bien dice Jenkins (1983), una estructurasegmentada y descentralizada dinamiza la movilización al proveer de extensos vínculosinterpersonales que generan solidaridad y refuerzan los compromisos ideológicos; además,tal estructura altamente adaptativa favorece la experimentación táctica, la competenciaentre los subgrupos y aminora la vulnerabilidad a la supresión y a la cooptación de parte delas autoridades de turno. Ahora bien, los movimientos que adoptan estructurasdescentralizadas tienden a ser movimientos orientados hacia la maximización del cambio personal, con reglas de admisión exclusivas, que efectivamente aseguran la permanenciadel grupo y así la participación popular, pero, a menudo, a costa de su efectividadestratégica; por el contrario, los movimientos que se orientan hacia el cambio institucional

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