No todos somos el campo. Retenciones vs. Pretensionesvaleria brusco12 marzo 2009 Cuando mataron a José Luis Cabezas, el fotógrafo argentinoque buscaba fotografiar a un señor muy sospechado ysospechoso, además de cometer un cobarde asesinato,afectaron nuestros derechos como sociedad, el derecho a lainformación, el derecho de tener profesionales abocados a lainvestigación y la difusión de entongados, mafias eilegalidades de toda laya. Todos somos Cabezas. En la Córdoba de hoy, donde no es sencillo sostener unaposición de este tipo, no
todos
somos el campo como vi quedecía en un pin de una señora en la fila de la librería. Pero nosolamente porque no tengamos hectáreas o porqueideológicamente no acordemos con sus demandas, sino, ymas simplemente, porque las regulaciones que afectan alcampo no son de carácter constitutivo de nuestraciudadanía, de nuestras garantías constitucionales. En todocaso, Todos somos desnutridos, todos somos analfabetos,todos somos desempleados. Me alegra profundamente que tengamos el ‘conflicto delcampo’. ¿Cuánto hacía que no se presentaban en Argentinaconflictos distributivos de tal envergadura? Quizás desde losaños del primer gobierno de Perón. El del campo, se resuelvapara donde se resolviere nos deja, como ciudadanos, muchomejor parados que antes. Hemos aprendido que la discusión del reparto importa, queno se puede decir democracia sin decir conflictos y que losconflictos, la política, afectan a unos y benefician a otros. Trascurrió una década completa sin que se oyeran vocessobre a quien beneficiaban las decisiones distributivas deMenem ( al mundo financiero, el endeudamientointernacional, la importación, etc.) ni sus discrecionalidadessobre los tejes y manejes con las distribuciones a lasprovincias.
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