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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA
Alan WoodsÍndice:1.
 
¿Necesitamos una filosofía?2.
 
Los primeros dialécticos3.
 
Aristóteles y el final de la filosofía griega clásica4.
 
El Renacimiento5.
 
Descartes, Spinoza y Leibniz6.
 
La filosofía del siglo XX7.
 
Apéndice: La filosofía islámica e hindú
Capítulo I
¿Necesitamos una filosofía?
Antes de empezar, uno podría preguntarse: ¿Es realmente necesario preocu-parnos de complicadas cuestiones científicas y filosóficas? Semejante preguntaadmite dos respuestas. Si lo que se quiere decir es si hace falta saber estas cosaspara la vida cotidiana, la respuesta es, evidentemente, no. Pero si aspiramos alograr una comprensión racional del mundo en que vivimos y de los procesosfundamentales en la naturaleza, la sociedad y nuestra propia forma de pensar,entonces la cosa se presenta de una forma totalmente distinta.Aunque parezca extraño, todos tenemos una filosofía. Una filosofía es unamanera de interpretar el mundo. Todos creemos que sabemos distinguir entreel bien y el mal. Sin embargo, es una cuestión harto complicada que ha ocupadola atención de las grandes mentes a lo largo de la historia. Cuando nos vemosenfrentados con hechos tan terribles como la guerra fratricida en la exYugoslavia, el resurgimiento del desempleo o las masacres en Ruanda, muchosconfesarán que no entienden de esas cosas y, a menudo, recurrirán a vagasreferencias a la “naturaleza humana”. Pero, ¿en qué consiste esa misteriosa
 
naturaleza humana que se presenta como la fuente de todos nuestros males y sealega que es eternamente inmutable? Esta es una cuestión profundamentefilosófica que pocos intentarían contestar, a no ser que tuvieran inclinacionesreligiosas, en cuyo caso dirían que Dios, en su sabiduría, nos creó así. Por qué aalguien se le ocurriría adorar a un Ser que crea a los hombres sólo para gastarlestales faenas es otro asunto.Los que mantienen con obstinación que ellos no tienen ninguna filosofía seequivocan. La naturaleza aborrece el vacío. Las personas que carecen de unpunto de vista filosófico elaborado y coherente reflejarán inevitablemente lasideas y los prejuicios de la sociedad y el entorno en que viven. Esto significa, eneste contexto dado, que sus cabezas estarán repletas de las ideas que absorbende la prensa, la televisión, el púlpito y el aula, las cuales reflejan fielmente losintereses y la moral de la clase dominante.Por lo común, la mayoría de la gente logra “ir tirando”, hasta que algúngran evento les obliga a reconsiderar las ideas y valores a que están acostum-brados desde su infancia. La crisis de la sociedad les obliga a cuestionar muchascosas que daban por supuestas, haciendo que ideas aparentemente remotas sevuelvan de repente tremendamente relevantes. Cualquiera que deseecomprender la vida no como una serie de accidentes sin sentido ni como unarutina irreflexiva debe ocuparse de la filosofía, esto es, del pensamiento a unnivel superior al de los problemas inmediatos de la vida cotidiana. Tan sólo deesta forma nos elevamos a una altura desde la que comenzamos a realizarnuestro potencial como seres humanos conscientes, dispuestos y capaces detomar las riendas de nuestro destino.En general se comprende que cualquier empresa que merezca la pena enla vida requiere esfuerzo. La propia naturaleza de la filosofía implica ciertasdificultades para su estudio, ya que trata de cosas muy alejadas del mundo dela experiencia normal. Incluso los términos utilizados presentan dificultadesporque su significado puede ser diferente al común, aunque esto también esverdad para cualquier materia especializada, desde el psicoanálisis hasta lamecánica.El segundo obstáculo es más grave. En el siglo pasado, cuando Marx yEngels publicaron por primera vez sus escritos sobre materialismo dialéctico,podían dar por supuesto que muchos de sus lectores tenían por lo menos unosconocimientos básicos de filosofía clásica, incluido Hegel. Actualmente no esposible hacer semejante suposición. La filosofía ya no ocupa el lugar delpasado, puesto que la especulación sobre la naturaleza del universo y la vidafue asumida hace tiempo por las ciencias naturales. La posesión de potentesradiotelescopios y naves espaciales vuelve innecesarias las conjeturas sobre lanaturaleza y la extensión de nuestro sistema solar. Incluso los misterios delalma humana se están poniendo paulatinamente al descubierto mediante elprogreso de la neurobiología y la psicología.La situación en el terreno de las ciencias sociales es mucho menossatisfactoria, debido sobre todo a que el deseo de conseguir conocimientosexactos a menudo decrece en la medida en que la ciencia toca los enormes
 
intereses materiales que dominan la vida de la gente. Los grandes avancesrealizados por Marx y Engels en el terreno del análisis socio-histórico yeconómico quedan fuera del ámbito de este libro. Baste con señalar que, a pesarde los ataques constantes y frecuentemente maliciosos a que estuvieronsometidas desde el primer momento, las teorías del marxismo en la esfera socialhan sido el factor decisivo en el desarrollo de las ciencias sociales modernas. Encuanto a su vitalidad, está demostrada por el hecho de que los ataques no sólocontinúan, sino que tienden a arreciar con el paso del tiempo.En épocas pasadas, el desarrollo de la ciencia, que siempre ha estado estre-chamente vinculado al de las fuerzas productivas, no había alcanzado un nivelsuficientemente alto como para permitir que las personas entendiesen el mundoen que vivían. En ausencia de un conocimiento científico o de los mediosmateriales para obtenerlo, se vieron obligados a depender del único ins-trumento que poseían para interpretar el mundo y, así, conquistarlo: la mentehumana. La lucha para comprender el mundo se identificaba con la lucha de lahumanidad para elevarse sobre una existencia meramente animal, ganar el con-trol sobre las fuerzas ciegas de la naturaleza y liberarse (en el sentido real, nolegalista, de la palabra). Esta lucha es como un hilo conductor rojo que recorretoda la historia de la humanidad.
El papel de la religión
"El hombre está totalmente loco. No sabría cómo crear ungusano, y crea dioses por docenas".Montaigne.)"Toda mitología supera, domina y transforma las fuerzas dela naturaleza en la imaginación y mediante la imaginación; por lotanto desaparece con la llegada de la auténtica dominación sobreellas".(Marx.)Los animales no tienen religión, y en el pasado se decía que ésa era laprincipal diferencia entre hombres y bestias. Pero ésta es sólo otra forma dedecir que únicamente los seres humanos poseen conciencia en el sentido plenode la palabra. En los últimos años ha habido una reacción contra la idea delHombre como Creación única y especial. Al fin y al cabo, el ser humanoevolucionó de los animales y en muchos aspectos sigue siendo animal. Nosolamente compartimos con otros animales muchas de las funciones corporales,sino que la diferencia genética entre humanos y chimpancés es menor del dospor ciento. He aquí una respuesta devastadora a las tonterías de loscreacionistas.
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