Don José Joaquín de Iturbide arribó a la Nueva España en su temprana juventud y se radicó en Valladolid de Michoacán, que hoy lleva elnombre de Morelia, ciudad de campanarios y recoletas calles. Hacia1786 Don José Joaquín era miembro del Consulado Municipal y dueñode una hacienda en Quirio. Se casó en 1772 con Doña Josefa deArramburu y Carillo de Figueroa Quien también provenía de una noblefamilia de Navarre y Vizcaya.De esta unión nacieron cinco hijos, el menor de los cuales, Agustín -que vino al mundo el 27 de septiembre de 1783 - haría famoso sunoble apellido vascuence; muertos en la infancia sus hermanosmayores, quedó como heredero varón de la casa. Trabajó duro, sinduda, el bueno de don José Joaquín y prosperó económicamente Hayconstancia de que en 1790 poseía dos viviendas en Valladolid y unavasta hacienda en Quirio. Constituían los Iturbide una familia rica,respetada y, a tenor de testimonios contemporáneos, firmementeadherida a las costumbres españolas. El pequeño Agustín creció,pues, en un grato ambiente doméstico. Estudió en su misma ciudadnatal y, al cumplir los quince años, su padre lo mandó comoadministrador a la finca de Quirio. Pero su talante fogoso no cabía enlos límites de la hacienda paterna.Don Agustín fue educado en el Colegio de San Nicolás y en laAcademia de Oficiales. En 1797 fue nombrado subteniente. EnValladolid de Michoacán había una recoleta plaza: la de las Rosas; enla plaza, un colegio de postín: el de Santa Rosa. Sobre la planta bajadel severo edificio, cerrado como muro de convento, se extendía unbalcón largo y espacioso. Los sábados salían las alumnas internas delcolegio a lucirse al balcón y llegaban en tropel docenas de mozos atratar de cruzar alguna mirada con las muchachas.Al pensionado de Santa Rosa acudían a formarse las hijas de lasmejores familias de Valladolid, de donde se deduce que quienes seapiñaban los sábados en la plaza eran asimismo vástagos de laaristocracia local. Algunos vestían el uniforme azul con entorchadosblancos del regimiento de Michoacán, y entre éstos destacaba por suapostura el joven Agustín de Iturbide, a la sazón perdidamenteenamorado de Ana María Huarte, una linda morena de ojos lánguidos,asidua concurrente al mirador.En 1805 se casó con la noble Doña Ana María Josefa de Huarte yMuñiz. Además de ser bonita, Ana María de Huarte y Muñiz era hijadel acaudalado prócer y poderoso noble Isidro de Huarte, intendenteprovincial del distrito y nieta del Marqués de Altamira. La boda delgallardo alférez de veintidós años con aquella belleza mujer deapenas diecinueve, se celebro en la catedral vallisoletana el 27 defebrero de 1805. Ana María aportaba una sustanciosa dote de cien milpesos, parte de la cual empleó el novio en comprar la hacienda deApeo, en el pueblo de Maravatío.