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 Prólogo de Manuel Ballester para la Antología Aldaba
 
Laura Giordani
es también argentina pero reside en la costa mediterránea, o lo que eslo mismo, en un lugar donde la intensidad de la luz lo cubre todo en el mismomovimiento con que lo descubre, o lo ilumina con igual determinación que lo abrasa.En la poesía de Laura, la balanza, el acento, carga sobre la contención, eldespojamiento, sobre una densidad centrada en la mirada, mirada que se dirige oraadentro ora afuera pero que implica siempre un
viaje
al interior de lo poético, del cuerpode lo poético, a su corazón, a ese todo y nada constituido por la Palabra –pongámoslo encaja alta para destacar su centralidad–. Dejemos que nos lo diga la poeta misma:
 Adolescente, escribo prosa poética; después, influenciada por las lecturas de los simbolistas franceses y más tarde por los surrealistas e impelida por la urgencia devolcar en palabras las vivencias de las primeras búsquedas, comienzo a escribir poesía. En ellas permanece como impronta el uso de las palabras, como excavadoras de loíntimo, como descubridoras de un mundo personal pero también universal, comoherramientas hermosas pero desechables, como armas para usar en ese camino hacialo profundo, donde trato de encontrar las respuestas a lo que de verdad somos, a esosinterrogantes que centran al hombre en el universo y que a veces aparecenvislumbrados en unos versos que nos transmiten la soledad de esa búsqueda y la lucha feroz con las palabras para expresarla.
 
Señalemos:
herramientas hermosas, desechables, para usar, camino a lo profundo, soledad y lucha
. De las palabras habla, pero no sólo de ellas: hay aquí contenida todauna visión poética, del hacer poético, de
 su
forma –la del sujeto poético– de vivir la poesía o de vivir en ella o de dejarse vivir por ella, que todas estas cosas son reales yciertas a la vez. Y a nosotros nos interesa hacer hincapié en ese
más allá
de la palabra porque leyendo a Laura Giordani uno cree percibir que en el diálogo con la palabra éstadeviene una especie de
otro yo
que a semejanza de la dialéctica hegeliana serviría paranegarse, en un primer momento, y recuperarse después en el siguiente comoautoconciencia superior. Así sucede con esas formas, figuras, esos objetos externos quesirven a la poeta para, hablando de ellos, hablar de sí misma y, por extensión, de lasraíces del ser en general, que es de lo que se habla cuando hablamos desde la raíz.Con un lenguaje muy próximo a lo sensitivo, a lo que se toca, se ve y se mueve, a losobjetos hallados y al mundo que los contiene, la poesía de Laura Giordani es de unagran sensualidad, pero sensualidad que habita en la palabra misma con que poetiza, por más que se suponga
existente
en las cosas que habrían de ser sus depositarias. Sinembargo, nosotros, sus lectores, aun aceptando que esa objetividad sensual lo es, nosanclamos en la leve materialidad de los versos porque es en ellos donde esa sensualidadnos envuelve y nos cambia –y nos calma–, porque de nosotros habla cuando habla, pongamos por caso, de árboles o de
 Baptisia australis
:
 A la voluntad circular vas rindiendo tus pétalosazul índigo y todoeste cielo de Junio que te vence, parece haberse precipitadoveloz en tu carne.
 
 Quédate aquí en mi palma,estrella convaleciente,mientras velo tu perfume y otras manos invisiblesnos arrancan a ambas
.La poesía de Laura Giordani se quiere libre, libre incluso para ser o no ser, paramostrarse o replegarse sobre sí, para decirse en el decir con que nace, para hacersesentir desde su propio sentido. El verso es corto, sintético, de una gran densidad, apto para recoger en su seno lo múltiple, más que de la significación, del rico mundo interior donde bullen las imágenes cargadas de sentido, de
su
sentido. Hay, en general, una preferencia clara por esa síntesis intensa frente al verso largo, discursivo: la poeta nocomunica, muestra; no explica, señala; no
nos
habla, habla o calla. Su
mundo dentro
 desborda la explicación, la aplasta. Como San Juan, sólo puede enseñar la herida, elresto corre por cuenta del lector. Pero, ¿no es siempre así?
Y mientras llegáisaquí espero. En sus brazoscálidas trincherasno existe el dolor,no existe el tiempo.
Esta riqueza interior, la poeta nos la da a cuentagotas, con flashes, de forma altamentelírica, tamizándolo todo con un ligero y ajustado velo de asonancias que contribuyen a
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