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El Problema de la Muerte
Conferencia impartida por el maestro Sheng Yen (Shih-fu) el 29 de juniode 1980 durante un retiro Chan.
 
En el pasado el más grande problema que encontraron los maestrosChan con sus discípulos, fue el hacerles que tuvieran una actitud seriahacia la realidad de la muerte. Sin una sensibilidad profunda al problemade la muerte, es muy difícil realizar la práctica Chan. Para las personas jóvenes o para quienes viven en un ambiente muy seguro o protegido, esmuy difícil enfrentar a la muerte. No sé si alguno de nosotros ha pensadoalguna vez sobre ello, y posiblemente, incluso si lo hemos pensado,creemos que no es tan serio y que ahora mismo no nos conciernerealmente. Me pregunto cuán sensible eres a la realidad de que vas amorir, y que la vida no es permanente.Probablemente la mayoa de las personas venes no puedenconvencerse realmente a sí mismos y ser sensibilizados hacia la realidadde la muerte. En las personas que tienen sensibilidad a la muerte haydos tipos de actitudes. El tipo más común es el miedo a la muerte, esoes, no saben cuán pronto se van a morir, y no quieren morir. Podríandesear aferrarse a las cosas buenas que les da la vida o posiblementepueden dejar atrás algo que serán admirados en el futuro. En esta actitudhay mucho apego al ego.El otro tipo de actitud es adoptada por las personas practicantes delChan. Cuando ellos están practicando bien, no tienen miedo a la muerte.Son conscientes claramente de que van a morir y que la muerte podríavenir en cualquier momento, y no quieren morir dejándolo todo sin hacer.Eso significa que desean aprovechar todo el tiempo posible para realizar una muy buena práctica. Puesto que si todavía no han alcanzado laliberación, no saben a dónde van después de la muerte. Pero saben queahora están en contacto con el Budadharma, así que deberían hacer unbuen uso de la vida presente para practicar tanto como se puedan. Por supuesto, esto implica también el apego al ego. Pero eso es necesario.Si no hubiera apego al ego, no tendrías el pensamiento original parapracticar. Eso fue para resolver tus propios problemas de modo queempezaste primero a practicar.
 
El punto más importante que los grandes maestros del pasado hanplanteado en cuanto a la muerte es el siguiente: cuando realmente estáspracticando, no deberías tener miedo a que muera tu cuerpo, o a quepierdas algo. En el pasado, cuando las personas dejaron la vida delhogar, se preparaban mentalmente para entregar su cuerpo y mente almonasterio, y entregar su vida a los seres espirituales que protegen elBudadharma. Todo lo que el monasterio o los protectores del Dharma lespidan que hagan, lo harán. Simplemente esn yendo a practicar,descuidando su cuerpo y vida.En cuanto al practicante que no piensa en la muerte o no se preocupapor ella de una forma u otra, puesto que a él no le afecta de ningúnmodo, y por lo tanto no tiene miedo a la muerte – eso también es unabuena actitud. Uno puede practicar bien con ella. Las personas que estánpreocupándose constantemente por su cuerpo durante la meditación –Siento un poco de dolor aq, un poco de incomodidad allí, si sigoadelante, quizás me pasará algo – nunca practicarán bien. No sólo nodeberías preocuparte por la muerte del cuerpo, sino tampoco deberíaspreocuparte por la muerte del espíritu. Si hay algún tipo de “espíritu” quepodría convertirse en un Buda, entonces definitivamente no es una cosareal. ¡Es simplemente un demonio o un fantasma! Si hay algo que sequeda allí, no importa si es una mente “falsa” o “vagabunda”, o la asíllamada mente “verdadera” o correcta”, ha de morir; si no, essimplemente un fantasma. Así, ¿qué quieres hacer – convertirte en unBuda o un fantasma?En China había un monje que practicaba muy bien, que era capaz desalir de su cuerpo y viajar alrededor del mundo. En una ocasión salió desu cuerpo por una semana y todos miraban su cuerpo por el hecho deque se sentaba allí por una semana y supusieron que había muerto, deesta manera incineraron su cuerpo. A finales de la semana, el monjeregreal mismo lugar y no podría encontrar su cuerpo. Poconsiguiente, revoloteaba en el cielo gritando: “¿nde estoy yo?¿Dónde estoy yo?” Todo el mundo en el monasterio estuvo asustado por esto porque por varios días consecutivos estaba gritando “¿Dónde estoyyo?Y ahora, algunos de nosotros también estamos utilizando estemétodo, ¿no? ¿Alguno de nosotros lo descubrió?De todas maneras, como lo que ocurrió, después de que estuvieragritando por unos días, el abad decidió deshacerse de él de un ciertomodo. Puso una tina de agua grande justo debajo de donde provino el
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