no se impregnan con un espíritu de buena voluntad, de hambre y sed de justicia y de amor universal, que es el objetivo final del idealismo cristiano».Esta hambre y sed de justicia en ninguna otra realidad puede estimularse másque en la consideración del hecho básico de nuestra fe: por la Redención todossomos uno en Cristo; Él vive en nuestros hermanos. El amor que a Él ledebemos hagámoslo práctico en los que a él representan. «Lo que hicierais almenor mis pequeñuelos a mí lo hacéis» (Mt 25,40).E
l Cuerpo Místico: distribución y uso de la riqueza
Conferencia pronunciada en Bolivia, en enero de 1950, frente a los dirigentesdel Apostolado Económico-Social
La espiritualidad cristiana en nuestro siglo se caracteriza por un deseoardiente de volver a las fuentes, de ser cada día más genuinamenteevangélica, más simple y más unificada en torno al severo mensaje de Jesús.La espiritualidad contemporánea se caracteriza también por la irradiación desus principios sobrenaturales a todos los aspectos de la vida, de modo que lafe repercute y eleva no sólo las actividades llamadas religiosas, sino tambiénlas llamadas profanas. Por haber redescubierto, o al menos por haber acentuado con fuerza extraordinaria el mensaje gozoso de nuestraincorporación a Cristo con la consiguiente divinización de nuestra vida y detodas sus acciones, nada es profano sino profundamente religioso en la vidadel cristiano.Así, al buscar a Cristo es necesario buscarlo completo. Basta ser hombre para poder ser miembro del Cuerpo Místico de Cristo, esto es, parapoder ser Cristo (cf. 1Co 12,12-27). El que acepta la encarnación la debeaceptar con todas sus consecuencias, y extender su don no sólo a Jesucristosino también a su Cuerpo Místico. Y este es uno de los puntos más importantesde la vida espiritual: desamparar al menor de nuestros hermanos esdesamparar a Cristo mismo; aliviar a cualquiera de ellos es aliviar a Cristo enpersona. Tocar a uno de los hombres es tocar a Cristo. Por esto nos dijo Cristoque todo el bien o el mal que hiciéramos al más pequeño de sus hermanos a Éllo hacíamos (cf. Mt 25). El núcleo fundamental de la revelación de Jesús, «labuena nueva», es pues nuestra unión, la de todos los hombres, con Cristo.Luego, no amar a los que pertenecen a Cristo, es no aceptar y no amar alpropio Cristo.¿Qué otra cosa sino esto significa la pregunta de Jesús a Pablo cuandose dirige a Damasco persiguiendo a los cristianos: «Saulo, Saulo, ¿por qué mepersigues...?». ¿No dice la voz ¿por qué persigues a mis discípulos?, sino«¿por qué me persigues? Soy Jesús a quien tú persigues» (Hech 9,4-5).Cristo se ha hecho nuestro prójimo, o mejor, nuestro prójimo es Cristoque se presenta a nosotros bajo una u otra forma: preso en los encarcelados;herido en un hospital; mendigo en la calle; durmiendo, con la forma de unpobre, bajo los puentes de un río. Por la fe debemos ver en los pobres a Cristo,y si no lo vemos es porque nuestra fe es tibia y nuestro amor imperfecto. Por esto San Juan nos dice: Si no amamos al prójimo a quien vemos, ¿como
Leave a Comment