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Gramsci y el marxismo occidental
 Respuesta a Manuel G
ó
ngora
Eduardo N
úñ
ez y Albert Escusa6 de marzo de 2005
Introducci
ó
n.
El compa
ñ
ero Manuel G
ó
ngora ha iniciado un interesante debate acerca de la contraposici
ó
n entre losllamados por
é
l “marxismo sovi
é
tico” y “marxismo occidental”. (1) G
ó
ngora realiza una acertadadenuncia de las desviaciones que en nombre del marxismo han sido realizadas por los cr
í 
ticos delllamado “marxismo sovi
é
tico”, y que han conducido, en
ú
ltimo t
é
rmino, a la justificaci
ó
n de pol
í 
ticasde renuncia de la transformaci
ó
n socialista y de sost
é
n al sistema capitalista a trav
é
s de las corrientesque han bebido ideol
ó
gicamente de este marxismo, el reformismo socialdem
ó
crata y eleurocomunismo. No obstante, consideramos que aspectos de sus an
á
lisis son unilaterales y err
ó
neoscuando sit
ú
a a Gramsci, en bloque junto a Luk 
á
cs, como los padres intelectuales de las corrientesreformistas y socialdem
ó
cratas modernas en occidente. No nos detendremos a repasar la postura deLuk 
á
cs, muy marcada por las oscilaciones filos
ó
ficas e ideol
ó
gicas y por una pr
á
ctica pol
í 
tica muydiscutible desde el marxismo. Pero s
í 
creemos imprescindible reivindicar a Gramsci como fil
ó
sofomarxista, a Gramsci como profundamente revolucionario y mostrar algunos aspectos de la continuidadde su pensamiento con el de Lenin.Antes de finalizar esta introducci
ó
n tambi
é
n queremos matizar muy brevemente dos puntos m
á
s.Primero, nosotros entendemos que la discusi
ó
n ideol
ó
gica puede constituir un
á
mbito m
á
s para launidad entre comunistas y es desde esta premisa que partimos en la cr
í 
tica a las posturas del compa
ñ
eroG
ó
ngora, el cu
á
l, estamos convencidos, no entiende ni interpreta bien la obra y el pensamiento deGramsci. Segundo, nosotros consideramos, al igual que Gramsci, que la discusi
ó
n cient
í 
fica no debeemprenderse en forma de un juicio final que coloque a unos y otros en el redil del revisionismo.Efectivamente, hay revisionismo, faltaba m
á
s, pero tambi
é
n hay a d
í 
a de hoy mucho desconocimiento,incomprensi
ó
n y, en consecuencia, demasiado etiquetaje f 
á
cil entre comunistas.
La ruptura de la unidad filos
ó
fica en el marxismo sovi
é
tico y el nacimiento del«marxismo occidental».
La primera objeci
ó
n que hacemos reside en cuestiones de metodolog
í 
a, en la contraposici
ó
n entre“marxismo sovi
é
tico” y “marxismo occidental”. En primer lugar, porque a partir de 1956, se produjo enla URSS y en muchos otros pa
í 
ses socialistas un viraje te
ó
rico (y pr
á
ctico, por supuesto) a todos losniveles. En filosof 
í 
a hubo una revisi
ó
n sistem
á
tica de las posiciones precedentes, llegando a alcanzar sun
ú
cleo fundamental. As
í 
, mientras que para Stalin, en su famosa popularizaci
ó
n de la filosof 
í 
a marxista
 
 Materialismo dial
é 
ctico y materialismo hist 
ó
rico
, el materialismo hist
ó
rico era la aplicaci
ó
n de lasleyes de la materialismo dial
é
ctico al estudio de la sociedad, el nuevo
 Manual
de la Academia deCiencias de la URSS proclamaba una separaci
ó
n radical de ambos, sosteniendo que el materialismohist
ó
rico ten
í 
a unas leyes propias que fundamentaban a las ciencias sociales. (2) Para Stalin, la sociedadhumana era una parte indisociable y espec
í 
fica de la naturaleza, mientras que los fil
ó
sofos posterioresromp
í 
an esta continuidad humanidad-naturaleza, tan importante en el pensamiento filos
ó
fico de Engels.Paralelamente, se desarroll
ó
entre los fil
ó
sofos sovi
é
ticos un marcado inter
é
s por el estudio de camposde investigaci
ó
n desarrollados en paralelo por los fil
ó
sofos antisovi
é
ticos de occidente: la
é
tica, elhumanismo, la alienaci
ó
n, etc. (3) Al mismo tiempo, la reacci
ó
n antiestaliniana en la filosof 
í 
a oficialsovi
é
tica transitaba por el camino de la especulaci
ó
n y la vuelta a Hegel: «Vuelta a Hegel, vuelta a Deborin, vuelta a los interminables cursos y estudios sobre las categor
í 
as.Esta ha sido la respuesta de la filosof 
í 
a sovi
é
tica al stalinismo en filosof 
í 
a: una incansable especulaci
ó
nsobre las categor
í 
as. (...) Es necesario se
ñ
alar que en esta especulaci
ó
n la filosof 
í 
a sovi
é
tica acabaperdiendo todo contacto con el materialismo dial
é
ctico.» (4)A todo este cuadro, habr
í 
a que a
ñ
adir los diferentes caminos, a veces diametralmente opuestos, quesiguieron pa
í 
ses que, en su origen, desarrollaron su propio proceso revolucionario bajo el impulsopr
á
ctico e ideol
ó
gico de la Uni
ó
n Sovi
é
tica: China, Albania, Corea del Norte y Cuba, y sussimpatizantes en Occidente. Por citar algunos ejemplos, en diferentes momentos los partidoscomunistas de estos pa
í 
ses, tuvieron serias discrepancias en cuanto a consideraciones referentes a lateor
í 
a del estado y del partido, la caracterizaci
ó
n de la URSS, el problema de la revoluci
ó
n, el papel delsujeto en la historia, las diferentes posturas filos
ó
ficas, etc. Esto comport
ó
, evidentemente, acusacionescruzadas de “revisionismo”, t
é
rmino que era el m
á
s suave de los utilizados. En segundo lugar, bien esverdad que hubo un gran n
ú
mero de intelectuales occidentales que se inscribieron en una corrientemarxista que se pretend
í 
a opuesta al marxismo sovi
é
tico la llamada “escol
á
stica sovi
é
tica” , mejor
dicho, fundamentalmente al elaborado en la
é
poca de Stalin, conocido como Diamat; muchos de estosfil
ó
sofos antisovi
é
ticos, para resaltar la ruptura con la filosof 
í 
a sovi
é
tica, llegaron al extremo derechazar catalogarse como marxistas y se inventaron el t
é
rmino
“marxiano”. Pero, por otra parte,
hubieronmuchos otros marxistas dentro de los pa
í 
ses occidentales, y dentro de algunos partidos comunistas, queno buscaron una ruptura con la teor
í 
a elaborada desde la URSS, sino que buscaron una continuidadtanto pol
í 
tica como filos
ó
fica e ideol
ó
gica. Finalmente, ¿c
ó
mo catalogar a una personalidad tanrelevante como el fil
ó
sofo marxista Althusser? Ir
í 
a contra toda evidencia poner al fil
ó
sofo franc
é
s, quelleg
ó
a ser considerado por algunos como «neoestalinista», en el mismo saco que los representantesm
á
s ortodoxos del “marxismo occidental”. Althusser tuvo una influencia important
í 
sima en su
é
poca yfue uno de los cr
í 
ticos occidentales de Gramsci al acusarle, como G
ó
ngora, de una «desviaci
ó
historicista del marxismo y de idealismo. (5) ¿C
ó
mo etiquetar, por otra parte, al c
é
lebre historiadormarxista franc
é
s Pierre Vilar, defensor incondicional de las tesis de Stalin y pol
é
mico con las tesis deAlthusser?A pesar del pluralismo ideol
ó
gico surgido tras el XX Congreso del PCUS (Partido Comunista de laUni
ó
n Sovi
é
tica), en 1956, tanto en los pa
í 
ses socialistas de Europa del Este como en los de la Europacapitalista, la mayor
í 
a de los intelectuales progresistas, as
í 
como muchos comunistas, asumieron deforma acr
í 
tica y como una constante en sus planteamientos dos dogmas que parec
í 
an incuestionables: elprimero de estos dos dogmas, envuelto con aires de autocr
í 
tica, lanzado por sorpresa y contra todopron
ó
stico por Jruschov, fue la denigraci
ó
n de Stalin, el antiestalinismo visceral. El segundo dogma,
 
asumido de forma mucho m
á
s sutil, como hecho consumado unas veces y de forma franca y abiertaotras veces, fue un antiengelsianismo basado en la cr
í 
tica de las obras de Federico Engels
 Anti-D
ü
ring
y la
 Dial
é 
ctica de la Naturaleza
.Este cuadro complejo muestra las dificultades de distinguir
a priori
ambos “marxismos”: ser
í 
a muchom
á
s realista hablar de “marxismos sovi
é
ticos” y “marxismos occidentales”. No obstante, como puntode partida para el debate, aceptaremos transitoriamente reducir el t
é
rmino de marxismo occidental a lacorriente de pensamiento que, esgrimiendo a Marx contra Engels, rompi
ó
primero con toda laproducci
ó
n te
ó
rica surgida en la URSS y, acto seguido, inici
ó
un abandono progresivo del pensamientomarxista como gu
í 
a para la transformaci
ó
n revolucionaria de la sociedad.
La formaci
ó
n pol
í 
tica de Gramsci y la lucha por su legado en los 60
Seg
ú
n Bonomi (6) la formaci
ó
n de Antonio Gramsci proviene de tres fuentes principales: primero, elidealismo del fil
ó
sofo italiano de Croce, m
á
s adelante, el contacto con la clase obrera de Tur
í 
n yfinalmente, la experiencia de Lenin y la Revoluci
ó
n de Octubre. La evoluci
ó
n del pensamiento delrevolucionario italiano se puede periodizar en tres fases. (7) La primera, caracterizada por unaconfusi
ó
n te
ó
rica y una mezcla ideol
ó
gica, va desde los primeros a
ñ
os del siglo XX hasta la revoluci
ó
nsocialista sovi
é
tica. Gramsci es todav
í 
a militante del PSI (Partido Socialista Italiano) y est
á
form
á
ndosecomo revolucionario, con unas concepciones ecl
é
cticas e idealistas, alejadas del marxismo, poniendo elacento sobre la labor cultural entre las masas y la acumulaci
ó
n amplia y democr
á
tica de fuerzas para eltr
á
nsito revolucionario al socialismo. La segunda fase, coincide con el desarrollo de la revoluci
ó
nbolchevique y con las ocupaciones espont
á
neas de f 
á
bricas por los obreros del norte de Italia, losllamados consejos de f 
á
brica. Gramsci, desde las p
á
ginas del
Ordine Nuovo
, abandona sus tesisanteriores y se pronuncia por la revoluci
ó
n violenta y la toma del poder del Estado. En el congreso delPSI de 1918, triunfan las tesis de Gramsci que preconizan la toma del poder y la dictadura delproletariado. Gramsci desarrolla ampliamente la concepci
ó
n leninista de partido de vanguardia para latoma del poder. Pero el PSI no quiso llevar adelante el programa revolucionario y se convirti
ó
en unafuerza conservadora, lo que llev
ó
a Gramsci, junto con otros dirigentes, a la ruptura con los socialistaspara fundar el Partido Comunista Italiano (PCI). Finalmente, con la derrota de los consejos de f 
á
brica yla llegada del fascismo, Gramsci es encarcelado. Es la
ú
ltima etapa, la de los
Cuadernos de la C 
á
rcel
,que constituyen sus escritos m
á
s divulgados, desde donde Gramsci se esfuerza por plantear a suscamaradas toda la problem
á
tica que surge con la estabilizaci
ó
n del capitalismo y el freno de laexpansi
ó
n revolucionaria, la capacidad ideol
ó
gica del aparato del Estado burgu
é
s, la nueva pol
í 
tica dela Internacional Comunista, la catastr
ó
fica situaci
ó
n por la que atraviesa el PCI con la represi
ó
nfascista, etc. Los
Cuadernos de la C 
á
rcel
se elaborar
á
n de manera fragmentada y utilizando unvocabulario que le permita eludir la censura, lo que impidi
ó
una elaboraci
ó
n sistem
á
tica de sus ideas:
«
En las condiciones inhumanas de las c
á
rceles fascistas, Gramsci lleva a cabo una rica –perofragmentada y dispersa– reflexi
ó
n sobre Croce y sobre Maquiavelo, sobre il Risorgimento y sobreliteratura y vida nacional, sobre Bujarin, el Estado, el Partido, los intelectuales... Una reflexi
ó
n que,s
ó
lo por su aspecto formal, ya ofrece facilidades a la polarizaci
ó
n de interpretaciones.
»
(8)Las fuertes dificultades que encontr
ó
la elaboraci
ó
n te
ó
rica de Gramsci dieron con unos textos dif 
í 
ciles,
of 00

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