Materialismo dial
é
ctico y materialismo hist
ó
rico
, el materialismo hist
ó
rico era la aplicaci
ó
n de lasleyes de la materialismo dial
é
ctico al estudio de la sociedad, el nuevo
Manual
de la Academia deCiencias de la URSS proclamaba una separaci
ó
n radical de ambos, sosteniendo que el materialismohist
ó
rico ten
í
a unas leyes propias que fundamentaban a las ciencias sociales. (2) Para Stalin, la sociedadhumana era una parte indisociable y espec
í
fica de la naturaleza, mientras que los fil
ó
sofos posterioresromp
í
an esta continuidad humanidad-naturaleza, tan importante en el pensamiento filos
ó
fico de Engels.Paralelamente, se desarroll
ó
entre los fil
ó
sofos sovi
é
ticos un marcado inter
é
s por el estudio de camposde investigaci
ó
n desarrollados en paralelo por los fil
ó
sofos antisovi
é
ticos de occidente: la
é
tica, elhumanismo, la alienaci
ó
n, etc. (3) Al mismo tiempo, la reacci
ó
n antiestaliniana en la filosof
í
a oficialsovi
é
tica transitaba por el camino de la especulaci
ó
n y la vuelta a Hegel: «Vuelta a Hegel, vuelta a Deborin, vuelta a los interminables cursos y estudios sobre las categor
í
as.Esta ha sido la respuesta de la filosof
í
a sovi
é
tica al stalinismo en filosof
í
a: una incansable especulaci
ó
nsobre las categor
í
as. (...) Es necesario se
ñ
alar que en esta especulaci
ó
n la filosof
í
a sovi
é
tica acabaperdiendo todo contacto con el materialismo dial
é
ctico.» (4)A todo este cuadro, habr
í
a que a
ñ
adir los diferentes caminos, a veces diametralmente opuestos, quesiguieron pa
í
ses que, en su origen, desarrollaron su propio proceso revolucionario bajo el impulsopr
á
ctico e ideol
ó
gico de la Uni
ó
n Sovi
é
tica: China, Albania, Corea del Norte y Cuba, y sussimpatizantes en Occidente. Por citar algunos ejemplos, en diferentes momentos los partidoscomunistas de estos pa
í
ses, tuvieron serias discrepancias en cuanto a consideraciones referentes a lateor
í
a del estado y del partido, la caracterizaci
ó
n de la URSS, el problema de la revoluci
ó
n, el papel delsujeto en la historia, las diferentes posturas filos
ó
ficas, etc. Esto comport
ó
, evidentemente, acusacionescruzadas de “revisionismo”, t
é
rmino que era el m
á
s suave de los utilizados. En segundo lugar, bien esverdad que hubo un gran n
ú
mero de intelectuales occidentales que se inscribieron en una corrientemarxista que se pretend
í
a opuesta al marxismo sovi
é
tico la llamada “escol
á
stica sovi
é
tica” , mejor
─ ─
dicho, fundamentalmente al elaborado en la
é
poca de Stalin, conocido como Diamat; muchos de estosfil
ó
sofos antisovi
é
ticos, para resaltar la ruptura con la filosof
í
a sovi
é
tica, llegaron al extremo derechazar catalogarse como marxistas y se inventaron el t
é
rmino
“marxiano”. Pero, por otra parte,
hubieronmuchos otros marxistas dentro de los pa
í
ses occidentales, y dentro de algunos partidos comunistas, queno buscaron una ruptura con la teor
í
a elaborada desde la URSS, sino que buscaron una continuidadtanto pol
í
tica como filos
ó
fica e ideol
ó
gica. Finalmente, ¿c
ó
mo catalogar a una personalidad tanrelevante como el fil
ó
sofo marxista Althusser? Ir
í
a contra toda evidencia poner al fil
ó
sofo franc
é
s, quelleg
ó
a ser considerado por algunos como «neoestalinista», en el mismo saco que los representantesm
á
s ortodoxos del “marxismo occidental”. Althusser tuvo una influencia important
í
sima en su
é
poca yfue uno de los cr
í
ticos occidentales de Gramsci al acusarle, como G
ó
ngora, de una «desviaci
ó
n»historicista del marxismo y de idealismo. (5) ¿C
ó
mo etiquetar, por otra parte, al c
é
lebre historiadormarxista franc
é
s Pierre Vilar, defensor incondicional de las tesis de Stalin y pol
é
mico con las tesis deAlthusser?A pesar del pluralismo ideol
ó
gico surgido tras el XX Congreso del PCUS (Partido Comunista de laUni
ó
n Sovi
é
tica), en 1956, tanto en los pa
í
ses socialistas de Europa del Este como en los de la Europacapitalista, la mayor
í
a de los intelectuales progresistas, as
í
como muchos comunistas, asumieron deforma acr
í
tica y como una constante en sus planteamientos dos dogmas que parec
í
an incuestionables: elprimero de estos dos dogmas, envuelto con aires de autocr
í
tica, lanzado por sorpresa y contra todopron
ó
stico por Jruschov, fue la denigraci
ó
n de Stalin, el antiestalinismo visceral. El segundo dogma,
Leave a Comment