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que había sido favorecido por el desarrollo de las comunicaciones y de las relacioneseconómicas, por la difusión de la cultura clásica, gracias a la enseñanza de los colegios ylas ideas filosóficas, a la lectura, a los salones y a las sociedades intelectuales. Esta unidadnacional continuaba inacabada. Ciudades y provincias mantenían sus privilegios; el Norteconservaba sus costumbres, mientras que el Mediodía se regía por el Derecho romano. Lamultiplicidad de pesos y medidas, de peajes y aduanas interiores impedía la unificacióneconómica de la nación y hacía que los franceses fuesen como extranjeros en su propiopaís. La confusión y el desorden continuaban siendo el rasgo característico de laorganización administrativa: las circunscripciones judiciales, financieras, militares, religiosasse superponían y obstruían las unas a las otras.Mientras las estructuras del Antiguo Régimen se mantenían en la sociedad y en el Estado,una “verdadera revolución de coyuntura” (para emplear la expresión de Ernest Labrousse)multiplicaba las tensiones sociales: crecimiento demográfico y alza de precios fueron lascausas que, combinando sus efectos, agravaron la crisis.El desarrollo demográfico de Francia en el siglo XVIII, especialmente a partir de 1740, esaún más importante, ya que sigue a un período de estancamiento. En realidad, fue pequeño.La población del reino puede calcularse en unos diecinueve millones de habitantes haciafinales del siglo XVII, y en unos veinticinco la víspera de la Revolución. Necker, en suAdministración de las finanzas de Francia (1784), da la cifra de 24,7 millones, cifra queparece un poco corta. Tomando como base 25 millones, el aumento hubiera sido de seismillones de habitantes, teniendo en cuenta las variaciones regionales de un 30 a un 40 por 100. Inglaterra en esa época no contaba con más de nueve millones de habitantes (aumentode un 80 por 100 durante el transcurso del siglo). España, 10,5 millones. La natalidad enFrancia continuaba siendo elevada; su nivel alcanzaba el 40 por 1.000. No obstante, semanifestaba una cierta tendencia a reducir los nacimientos, particularmente en las familiasaristocráticas. El censo de mortalidad variaba mucho de un año a otro, y en 1778 disminuyóa un 33 por 1.000. La media de vida eran los veintinueve años poco antes de la Revolución.Esta pujanza demográfica marca especialmente la segunda mitad del siglo XVIII; proviene,sobre todo, de la desaparición de las grandes crisis del siglo XVII, que se debían a la faltade alimentación, al hambre y a las epidemias (como las del “gran invierno” de 1709).Después de 1741-1742, esas crisis del tipo de “hambre” tendieron a desaparecer; lanatalidad, con sólo mantenerse, sobrepasaba la mortalidad y multiplicaba los hombres,especialmente en las clases populares y en las ciudades. El auge demográfico parece quefue provechoso más bien para las ciudades que para el campo. Había en 1789 unas sesentaciudades con más de 10.000 habitantes. Si se clasifican en la categoría urbana lasaglomeraciones de más de 2.000 habitantes, la población de las ciudades puede valorarseaproximadamente en un 16 por 100. Este desarrollo demográfico aumenta la demanda deproductos agrícolas y contribuye al alza de precios.El movimiento de precios y rentas en Francia en el siglo XVIII se caracteriza por un alzasecular, que va desde 1733 a 1817: la fase A, para emplear la terminología de Simiand, dalugar a una fase B, de depresión, que a partir del siglo XVII llegó hasta 1730. El movimientode larga duración empezó hacia 1733 (la libra se estabilizó en 1726, no habiendo mutaciónmonetaria alguna hasta la Revolución). El desarrollo, lento hasta 1758, se hizo violentodesde 1758 a 1770 (la “edad de oro” de Luis XV) ; el alza se estabilizó, para volver a crecer de nuevo la víspera de la Revolución. Los cálculos de Ernest Labrousse sobre 24mercancías y el índice de 100 tomado en el ciclo básico 1726-1741 dicen que el alza delarga duración media es de un 45 por 100 durante el período 1771-1789 y se eleva a un 65por 100 para los años 1785-1789. El aumento es muy desigual según los productos; másimportante para los alimenticios que para los fabricados, para los cereales más que para lacarne: estas características son propias de una economía que ha permanecidoesencialmente agrícola; los cereales ocupaban entonces un lugar importante en elpresupuesto popular, su producción aumentaba poco, mientras que la población aumentaba
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