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http://www.scribd.com/people/view/3502992-jorge
EZEQUIEL MARTINEZ ESTRADA
LA CABEZA DE GOLIAT
M
ICROSCOPÍA DE
B
UENOS
A
IRES
 
E
STA AGITACIÓN
,
SIN HACER NADA
 
En aceras y calzadas se mezcla y confunde aquello radiante que emanan objetos y seresbajo la apariencia de un movimiento cada vez más acelerado, que pugna y forcejea por correr. La calma y la inmovilidad quedan para los umbrales. La ciudad se convierte en pistade incesante tráfago; máquinas y pasajeros van arrastrados como partículas metálicas por trombas de electricidad. Esta mole infinitamente complicada y viva está en perpetuaagitación; hombres, vehículos y hasta objetos inánimes se diría que andan por una necesidadintrínseca de andar.La inquietud de Buenos Aires se proyecta en todas direcciones, y cuando las imágenes de losmóviles se reflejan en los vidrios o sus sombras se deslizan por las paredes o los mosaicos,el movimiento abstracto adquiere su real cuerpo de sombra y superficie. Pues ese arrebatocinético no tiene profundidad ni intensidad; cada día recomienda en el lugar en que cesó lanoche anterior, y es como si girara sobre sí mismo por una fuerza que nace de su interior,busca irradiarse y no lo consigue.Puede afirmarse que el ritmo de ese movimiento totalitario es mucho más vivo que encualquiera de las ciudades de igual población, aunque sea un movimiento que parece singobierno, comparándolo con el de aquellas otras que proceden con sujeción a los principiosde la más estricta economía. Ese movimiento horizontal se caracteriza por la velocidad y nopor la firmeza y buen uso, como en otras partes. Las cosas dan la impresión de que seprecipitan sin control total, esquivándose.Hay un mismo afán de velocidad en el chofer, en el peatón, en el comerciante tras elmostrador, en el que habla por teléfono, en el que espera a la novia y en el que toma caféresuelto a no hacer nada. ¿Nadie está contento? Se diría que la velocidad tiene aquí unsentido absoluto, como realidad independiente de las masas; empero, como en la Américadel Norte, el tiempo no pasa de ser oro, en el mejor de los casos.La velocidad es una taquicardia, no una actividad. Nos brota de la circulación interna másbien que de la laboriosidad, porque somos corredores aunque no seamos activos. Puede unaciudad estar muy agitada sin ser dinámica, como un hombre puede estar en cama con cientocincuenta pulsaciones por minuto. Buenos Aires ama la velocidad, lo que no quiere decir quesea activo, y acaso significaría lo contrario si es que pone un interés deportivo en cumplir consus obligaciones.Todo ese movimiento no se pierde en el vacío; conduce en el balance anual al aumento delas manzanas edificadas y del volumen de población, a un crecimiento de cualquier clase, alcambio de domicilio, a la superposición de pisos, a la quiebra de negocios ya nuevasinstalaciones, no al poder firme ni al progreso humano. El que suponga que Buenos Aires es
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