cerrar las posibilidades a nuevas manifestaciones de barbarie deberíatraducirse en hábitos sociales de práctica democrática en todas lasmanifestaciones de la convivencia.Ahora, el "nunca más" pronunciado por aquellos que se involucraron en losdelitos de lesa humanidad, al menos, tiene la virtud de derrumbar la cruelconfrontación entre la experiencia del dolor y el discurso justificatorio delvictimario.Y desaparecida, o radicalmente aminorada la confrontación obnubiladora, elofendido quedaría en condiciones de aportar su propia experiencia como razónpara integrarse a un proyecto de reconstitución anímica del tejido social.Por otra parte, nadie en el mundo, sino el ofendido, puede inducir al ofensor auna reconciliación consigo mismo y con el mundo. Por lo que, sólo ellos,unánimemente, podrían llevar a fondo el imperativo categórico del "nuncamás".Marcel ClaudeEl Mostrador.cl 5 de Diciembre de 2004La tortura y la congoja presidencialPara ser bien honesto, la difusión del informe sobre la tortura en Chile no mehabía conmovido en lo absoluto, hasta que se inició esta suerte de catarsisnacional, el mea culpa del Ejército, la congoja presidencial, el nunca más de losmedios de comunicación, etcétera. Sin embargo, lo que más me dejó perplejofue esta suerte de sugerencia implícita y subliminal -que todos los vocerosoficiales y agentes de las comunicaciones han intentado dejar caer-, tratandode mostrar esta noticia como la novedad del año.Pareciera ser que nunca hubieran visitado Chile los relatores de DerechosHumanos para constatar, en plena dictadura, las denuncias sobre torturas;pareciera ser que nunca Sebastián Acevedo se hubiera quemado a lo bonzo enuna calle de Concepción para llamar la atención de manera dramática sobre ladetención y tortura de sus hijos; pareciera ser que Silva Henriquez sólo fuerala cara de una moneda y la Vicaría de la Solidaridad nunca hubiese registradoen sendos informes el flagelo de la tortura a lo largo de todo Chile; parecieraser que la prensa de esa época –como Análisis, Cauce, Apsi- nunca hubierandifundido profusamente la información sobre la tortura y en el momento queocurría, no 30 años después; y pareciera ser que el propio Ricardo Lagos, dadala congoja expresada ante los contenidos del informe, hubiese sido reciéninformado al respecto.Desde mi punto de vista esta sobrerreacción, en primer lugar, da cuenta deuna hipocresía inimaginable e incalculable por parte del Chile oficial, lo que ami juicio tiene que ver con la mediocridad, incapacidad, cobardía y
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