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Sobre el perdón

Sobre el perdón

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extractos de opiniones de especialistas de las ciencias sociales y la filosofía sobre el perdón
extractos de opiniones de especialistas de las ciencias sociales y la filosofía sobre el perdón

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Tomás MoulianRevista Rocinante Nº 74, diciembre 2004, pp. 6No creo posible el perdón. Lo rechazo no por lo que me hicieron a mí, que escasi nada. No lo acepto porque constituye la única garantía de no repetición.Hay actos humanos que no tiene perdón. Eso ocurre en las vidas individuales ytambién en las experiencias societales. Perdonar es conceder que esosgenocidios pudieron ser pensados como necesarios por alguien. En algunaparte he podido escribir que comprender era distinto de justificar. Lo es, peroni siquiera debemos aceptar la comprensión. No perdonar no significa buscar lavenganza, solo significa no aceptar excusa alguna para esos actos.Humberto GianniniDe lo injustificable y el perdónDiario El Mercurio. Domingo 5 de Diciembre de 2004.La revelación de experiencias desgarradoras de violaciones a la dignidadhumana ha hecho surgir una expresión espontánea, que es la respuestaconcreta a nuestra pregunta sobre los límites de la justificación moral. A mientender, ese "¡Nunca más!" que se ha hecho oír en nuestros días es una claraexpresión del convencimiento de que ningún Fin, ninguna Razón Social o deEstado justifica el avasallamiento de la dignidad de los ciudadanos.¿Qué hacer, entonces, con lo que no tiene justificación moral alguna y que, sinembargo, se ha instalado como una herida divisoria en la comunidad?¿Tal vez decidir olvidarlo con el cándido argumento de que "el pasado es `ya'pasado y hay que enterrarlo en aras del futuro"?Si perdonar no es justificar, ¿es entonces olvidar?La humanidad sabe que el perdón no puede reducirse a un mero olvido [gr.amnestia=olvido]. Todo lo contrario: un olvido programado (la decisión deolvidar) es represión, simulacro de acercamiento a los otros. Más tarde quetemprano, el pasado volverá a irrumpir como resentimiento, como ira o comoviolencia irracional en los estadios, en las fiestas, o bien, en lasmanifestaciones públicas.Pero hay algo más: el hecho de que el ofendido no pueda olvidar, el hecho deestar clavado al escenario en que aparece y reaparece la imagen del agresor,podría ser más bien el resorte de una verdadera conversión de los afectos.¿En qué consiste la bisagra o, si se quiere, la dialéctica de tal conversión?En dos actitudes o iniciativas convergentes. Una, el "nunca más" expresado porinstituciones y organismos de representatividad ciudadana. Esta voluntad de
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cerrar las posibilidades a nuevas manifestaciones de barbarie deberíatraducirse en hábitos sociales de práctica democrática en todas lasmanifestaciones de la convivencia.Ahora, el "nunca más" pronunciado por aquellos que se involucraron en losdelitos de lesa humanidad, al menos, tiene la virtud de derrumbar la cruelconfrontación entre la experiencia del dolor y el discurso justificatorio delvictimario.Y desaparecida, o radicalmente aminorada la confrontación obnubiladora, elofendido quedaría en condiciones de aportar su propia experiencia como razónpara integrarse a un proyecto de reconstitución anímica del tejido social.Por otra parte, nadie en el mundo, sino el ofendido, puede inducir al ofensor auna reconciliación consigo mismo y con el mundo. Por lo que, sólo ellos,unánimemente, podrían llevar a fondo el imperativo categórico del "nuncamás".Marcel ClaudeEl Mostrador.cl 5 de Diciembre de 2004La tortura y la congoja presidencialPara ser bien honesto, la difusión del informe sobre la tortura en Chile no mehabía conmovido en lo absoluto, hasta que se inició esta suerte de catarsisnacional, el mea culpa del Ejército, la congoja presidencial, el nunca más de losmedios de comunicación, etcétera. Sin embargo, lo que más me dejó perplejofue esta suerte de sugerencia implícita y subliminal -que todos los vocerosoficiales y agentes de las comunicaciones han intentado dejar caer-, tratandode mostrar esta noticia como la novedad del año.Pareciera ser que nunca hubieran visitado Chile los relatores de DerechosHumanos para constatar, en plena dictadura, las denuncias sobre torturas;pareciera ser que nunca Sebastián Acevedo se hubiera quemado a lo bonzo enuna calle de Concepción para llamar la atención de manera dramática sobre ladetención y tortura de sus hijos; pareciera ser que Silva Henriquez sólo fuerala cara de una moneda y la Vicaría de la Solidaridad nunca hubiese registradoen sendos informes el flagelo de la tortura a lo largo de todo Chile; parecieraser que la prensa de esa época –como Análisis, Cauce, Apsi- nunca hubierandifundido profusamente la información sobre la tortura y en el momento queocurría, no 30 años después; y pareciera ser que el propio Ricardo Lagos, dadala congoja expresada ante los contenidos del informe, hubiese sido reciéninformado al respecto.Desde mi punto de vista esta sobrerreacción, en primer lugar, da cuenta deuna hipocresía inimaginable e incalculable por parte del Chile oficial, lo que ami juicio tiene que ver con la mediocridad, incapacidad, cobardía y
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pusilanimidad con que este Chile oficial “asume” este tipo de situaciones tancrudas y dramáticas como la tortura de treinta mil personas, o la pobreza ymiseria de tanta gente, o la violencia que sufren en sus casas los niños de estepaís modelo. En un caso se crea una institución con exiguos y limitadosrecursos, pero con gran repercusión comunicacional como el SENAME, en elotro caso se rebaja los índices de pobreza, aunque la pobreza sigue creciendo,y en materia de tortura, se hacen declamaciones comunicacionales y seexpresan palabras con profundos significados humanistas.No es mi interés recurrir a la cultura norteamericana para ejemplificar misideas, pero en este caso, me hace mucho sentido recurrir al dicho “put yourmoney where your mouth is”, el que podría entenderse -en su espíritu- como laobligación de asumir plenamente los compromisos y convicciones que salen detu boca. Es decir, no hablar por hablar y, si hay que pagar, pagar. A mi juicio,las afectadas declaraciones de altos personeros está en directa relación con ladebilidad e incoherencia de las acciones que se toman: cárceles privilegiadaspara los responsable de la tortura y desaparición de personas, distribuciónexclusiva al Comandante en Jefe del Ejército, mostrando más preocupación enla restauración moral de los victimarios que de las víctimas; no se termina conla amnistía; y finalmente una indemnización miserable y exigua que davergüenza. Tanta expresión de congoja, a mi juicio, sólo es un buen indicadorde la falta de voluntad política de asumir en plenitud y en la medida de loshechos el drama de la tortura, pero, también es una muestra más de ladeshumanización brutal de la política y de los políticos chilenos.Así lo demuestran las desacertadas comparaciones realizadas por el PresidenteLagos, cuando indicó que el monto total de las pensiones en 30 años sumaríancerca de dos mil millones de dólares, lo que equivale al costo de la mitad delPrograma de Alimentación Escolar o al valor de una carretera entre Santiago yPuerto Montt. Más allá de lo inoportuno que resulta igualar el padecimiento demiles de personas víctimas de la tortura con la construcción de una carretera,lo que más sorprende y agrava la situación es que para el presidente esperfectamente comparable gastar dos millones de dólares en una carretera quedemora unos dos a tres años, con gastar lo mismo para compensar a lostorturados en 30 años. Está dispuesto a gastar ese monto en tres años parauna carretera y en treinta para las víctimas de la tortura. Este pequeño lapsusdel presidente, nos permite aquilatar con meridiana claridad las verdaderaspreferencias de Lagos y la escala de valores que observa.Además de lo anterior, y que refuerza nuestra razonable duda acerca de lasverdaderas motivaciones del presidente, el monto de la pensión de 115 milpesos mensuales que, no sólo es evidentemente insuficiente sino tambiénabiertamente irritante. No se condice con la magnitud del castigo recibido y elcinismo con que se nos dice que el dinero no es capaz de compensar el dolorinflingido, sólo agrava la situación.Obviamente no se trata de limpiar con dinero la dignidad de las personasabusadas, pero, ¿De qué manera podemos ayudar a que se reinserten o curen
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