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Conversaciones con Enrique Bunbury
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Prólogo
Diván, del árabe diwan y del persa dewan, significa colección de poemas. Ode canciones, o sea. Pero también llamamos así a ese asiento largo ymullido en el que se puede estar cómodamente tumbado y que generalmentese asocia con el mobiliario de la consulta de los exploradores delsubconsciente. Diván, igualmente y desde ahora, es el título de este libro,una serie de conversaciones con Enrique Bunbury. Y sólo a los reciénllegados habrá que explicarles que el tal Bunbury fue la voz ( y la jeta) deHéroes del Silencio, banda española que, como el náufrago del que escribióGarcía Márquez, fue aclamada, si no por las reinas de la belleza, sí por un
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elevado número de seguidores en Europa y América. La crítica española, por su parte, no mostró tan encendido fervor, pero ése es otro mambo queentonaremos en las páginas que siguen.Bunbury, cerrado el capítulo de Héroes, inició carrera en solitario y la búsqueda de una identidad sonora, bañándose en ríos de muy diversa procedencia cuyas fuentes guardaba en la recámara de su memoria. Y eneso está; por ahora, con un par de apuestas en la calle. De manera que,hechas las presentaciones, pasemos a las conversaciones.Varias fueron las que él y yo mantuvimos para elaborar este libro. Yo, con lavoluntad de un psicoanalista que hurga sin piedad en todos los pliegues dela personalidad de su cliente; él, con la resignación de un paciente queacude consentido aunque no entretenido a las sesiones. No respondió a las preguntas tumbado en un confortable diván, sino sentado en silla de tijera.De diseño, pero de tijera, a fin de cuentas. Con todo, durante los encuentrossiempre tuvo la sensación, y así se lo hizo saber a sus amigos, de que estabaasistiendo al psicólogo. Elemental parecía, pues, llamar a este libro como sellama. Y más si tenemos en cuenta la natural inclinación de Bunbury haciala cultura árabe.Conversaciones que, dicho sea ya para evitar frustraciones, no configuranuna biografía del autor de Radical sonora y Pequeño, tarea que para ser rigurosa habría necesitado de prolijas investigaciones y de informacionesdebidamente contrastadas. Aquí lo que se propone es sólo lo apuntado:conversaciones. s exactamente: preguntas y respuestas. Y se elentrevistado miente en la parte que le toca, pues mala suerte. No obstante, ydado que Bunbury no supo del cuestionario hasta los momentos econtestarlo, hay bastantes probabilidades de que diga la verdad. Es más:tiene uno la sensación de que incluso ha dicho verdades que pueden resultar molestas.El psicoanalista no obvió preguntas (cuando menos, conscientemente); el paciente no eludió respuestas (cuando menos, inconscientemente). Y elresultado es un paseo por la infancia y la adolescencia del músico; por susencuentros y desencuentros con las religiones y las drogas; por susquerencias políticas, sus viajes y sus aficiones; por su visión del negocio delrocanrol, su universo musical y la avalancha y posterior retirada de Héroes.También por sus devaneos sexuales, claro. Diríase, resumiendo, que no hay pecado capital del que no hayamos hablado.Imposible ha sido, evidentemente, transcribir en las respuestas el tono y laintención d su voz, así que sus ironías o enfados habrán de entenderse en elcontexto. De cualquier forma, aunque aligerándolas para evitar la fatiga al
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Wuay este aporte es muy bueno, me encanta Enrique y con esta inofarmación podré entenderlo al menos un poco más. Mil gracias.

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