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Cristianismo y Revolución-Gustavo Morello.docx

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Published by Ramón Rodolfo Copa
GUSTAVO MORELLO: Jesuita, magister en Ciencias Sociales (Universidad Nacional de Córdoba)y doctor en Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires). Fue Visitnig Fellow del Jesuit Institute del Boston College 2005-2006, y Visiting Scholar de la University of Michigan (2010). Autor de “Cristianismo y Revolución. Los orígenes intelectuales de la guerrilla argentina” y artículos académicos. Su línea de investigación explora las relaciones entre creencias religiosas y comportamientos políticos, especialmente entre los catolicismos y la política argentina de los últimos 40 años.
El objetivo de este trabajo es analizar las relaciones que se dieron entre la Iglesia y la Izquierda, en Argentina, en la década de 1960. No se trató de un diálogo entre “instituciones” sino entre “culturas”, una religiosa y otra política, dentro de un contexto de modernización y conflicto. Entendemos que la cultura socio-vital de los ciudadanos —las aspiraciones, mentalidad y valores—, es la emisora de las demandas al sistema político. Las demandas de la cultura ciudadana y la sociedad civil de los ’60 tenían que ver con lo que podríamos llamar demandas de “izquierda”. Bajo el nombre un tanto amplio de “izquierdas” se agrupaban movimientos que, aplicando el análisis marxista, se plantean objetivos sociales emancipatorios: el intento de disminuir las injusticias, buscar la fraternidad, la rebelión contra la explotación, la dominación y el empobrecimiento.
Para abordar la perspectiva del actor católico en el proceso revolucionario argentino, trabajamos en torno a una revista, Cristianismo y Revolución, publicada en Buenos Aires entre setiembre de 1966 y septiembre de 1971. Su objetivo fue esclarecer el papel del cristiano en ese proceso.
Indagamos los presupuestos sobre los que se asentó el “diálogo” entre lo religioso y lo político, en qué contextos se dio, cuáles fueron sus objetivos, el modo en el que se hizo, y sus frutos eventuales.
GUSTAVO MORELLO: Jesuita, magister en Ciencias Sociales (Universidad Nacional de Córdoba)y doctor en Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires). Fue Visitnig Fellow del Jesuit Institute del Boston College 2005-2006, y Visiting Scholar de la University of Michigan (2010). Autor de “Cristianismo y Revolución. Los orígenes intelectuales de la guerrilla argentina” y artículos académicos. Su línea de investigación explora las relaciones entre creencias religiosas y comportamientos políticos, especialmente entre los catolicismos y la política argentina de los últimos 40 años.
El objetivo de este trabajo es analizar las relaciones que se dieron entre la Iglesia y la Izquierda, en Argentina, en la década de 1960. No se trató de un diálogo entre “instituciones” sino entre “culturas”, una religiosa y otra política, dentro de un contexto de modernización y conflicto. Entendemos que la cultura socio-vital de los ciudadanos —las aspiraciones, mentalidad y valores—, es la emisora de las demandas al sistema político. Las demandas de la cultura ciudadana y la sociedad civil de los ’60 tenían que ver con lo que podríamos llamar demandas de “izquierda”. Bajo el nombre un tanto amplio de “izquierdas” se agrupaban movimientos que, aplicando el análisis marxista, se plantean objetivos sociales emancipatorios: el intento de disminuir las injusticias, buscar la fraternidad, la rebelión contra la explotación, la dominación y el empobrecimiento.
Para abordar la perspectiva del actor católico en el proceso revolucionario argentino, trabajamos en torno a una revista, Cristianismo y Revolución, publicada en Buenos Aires entre setiembre de 1966 y septiembre de 1971. Su objetivo fue esclarecer el papel del cristiano en ese proceso.
Indagamos los presupuestos sobre los que se asentó el “diálogo” entre lo religioso y lo político, en qué contextos se dio, cuáles fueron sus objetivos, el modo en el que se hizo, y sus frutos eventuales.

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Cristianismo y Revolución
Por Gustavo MorelloUniversidad Católica de Córdoba (Argentina)gmorello@campus1.uccor.edu.arEl objetivo de este trabajo es analizar las relaciones que se dieron entre la Iglesia y la Izquierda, en
Argentina, en la década de 1960. No se trató de un diálogo entre “instituciones” sino entre“culturas”, una religiosa y otra política, dentro de un con
texto de modernización y conflicto.Entendemos que la cultura socio-vital de los ciudadanos
las aspiraciones, mentalidad y valores
, es la emisora de las demandas al sistema político. Las demandas de la cultura ciudadana y la
sociedad civil de los ’60 tenían que ver con lo que podríamos llamar demandas de “izquierda”.Bajo el nombre un tanto amplio de “izquierdas” se agrupaban movimientos que, aplicando el
análisis marxista, se plantean objetivos sociales emancipatorios: el intento de disminuir lasinjusticias, buscar la fraternidad, la rebelión contra la explotación, la dominación y elempobrecimiento.Para abordar la perspectiva del actor católico en el proceso revolucionario argentino, trabajamosen torno a una revista, Cristianismo y Revolución, publicada en Buenos Aires entre setiembre de1966 y septiembre de 1971. Su objetivo fue esclarecer el papel del cristiano en ese proceso.
Indagamos los presupuestos sobre los que se asentó el “diálogo” entre lo religioso y lo político, en
qué contextos se dio, cuáles fueron sus objetivos, el modo en el que se hizo, y sus frutoseventuales.Cristianismo y políticaLa pregunta clave para el análisis que nos proponemos realizar es qué papel jugó la fe en la acciónrevolucionaria del cristiano; y en qué medida la praxis revolucionaria del católico se nutrió de sufe. No se explica la praxis política de un cristiano que se asume como tal, si no se entiende elpensamiento que nutre esa praxis. En este sentido, las iglesias juegan un papel importante en lapolítica, no sólo porque participan en la lucha por el poder, sino por su influencia en el
 
pensamiento del ciudadano y en sus elecciones políticas. Sin una fundamentación desde lacreencia religiosa, el análisis de la intención política queda incompleto.Una influencia indiscutible en el núcleo ético-mítico de los latinoamericanos, es el cristianismo. El
cristianismo de los ’60 en el continente no era fuga mundi, sino transformatio mundi: cuando un
grupo religioso le pide a sus seguidores que den la vida por algo terrenal, lo religioso adquiere unadimensión política.Parte de la utopía socialista en América Latina fue cristiana o muy influenciada por el relatocristiano. Este es, especialmente, el caso de Argentina. Por otra parte, para muchos cristianos deAmérica Latina, la mejor creencia política fue el socialismo. Izquierda e Iglesia son movimientos demasa, predican la liberación de la esclavitud y la miseria. Lo ético fue la sustancia de la unidadpolítica entre izquierda e Iglesia, lo que agrupó a amigos y enemigos. Cuando las guerras seplantean de tal modo que es impensable que un hombre con ideas morales no tome posturas, laneutralidad es despreciable.Cabe preguntarse si el revolucionario cristiano actuó desde la institución o fue un marginal dentrode la mism
a. ¿Fue el suyo un proyecto político eclesiástico o al menos “alentado” por ciertas
convicciones que se deducían de su fe?El cambio en la conciencia cristiana: La reconciliación de la Iglesia con el mundo Letrán:
El “Pacto de Letrán”, febrero de 1929, por
el cual la Iglesia Católica renuncia a reclamar los EstadosPontificios y se crea el Estado Ciudad del Vaticano, es un hito en el cambio institucional de laIglesia del siglo XX. Redefinió sus relaciones con la sociedad ya que pasó de los intentos derestaurar la Cristiandad, a la convivencia política y la aceptación de la historia. Esto se manifestóen:1. la convicción de que el Estado es una institución distinta de la Iglesia y no una concesión deesta. Más aún, se acepta que el Estado no es un instrumento de la misión de la Iglesia;2. la aceptación de las reglas del juego político, si pretende mantener o reconquistar su
“incidencia” en la res pública, debe atenerse a los modos de la organización del Estado Moderno;
 3. esto empuja a la Iglesia a generar un laicado comprometido en el aliento a participar en losasuntos temporales, fomentar instituciones católicas en la vida civil, y hasta apadrinar partidos
políticos. Se aceptó, de hecho, lo que se formulará durante el Vaticano II como “autonomía de lasrealidades terrenas”.
 La Nouvelle Theólogie
 
Durante la década del cincuenta se gestó la Nouvelle Theólogie, una importantísima renovaciónteológica cristiana. Fue un movimiento de relectura de la tradición cristiana a la luz de los autoresmodernos. Se redescubre y revaloriza el pasado propio de la mano de pensadores ajenos. Eldesembarco de la Teología Nueva en América Latina se da con los seminaristas de todo elcontinente que cursaban sus estudios de filosofía y teología en Lovaina, Insbruck y París.Una propuesta de este movimiento es revalorar el cristianismo primitivo, y proponer como unideal, las comunidades de los cristianos del siglo I y II, en dónde se compartían los bienes, habíauna genuina preocupación por los pobres y atención a los problemas comunitarios, donde lacoherencia de vida y la crítica al poder del Imperio los llevó a sufrir persecuciones. Esta nostalgia
potenciaba un discurso de izquierda que proponía al “cristianismo primitivo” como sistema
político. Volver a las comunidades cristianas originales era avanzar en la llegada del socialismo.
El fenómeno de la guerra hizo surgir nuevas “tecnologías” de praxis pastoral, litúrgica y social: un
mundo en crisis necesita una praxis distinta, el nuevo mundo se construye con instrumentosnuev
os. El ejemplo más destacado es el de los “Curas obreros” franceses.
 El Vaticano IIEl Concilio Vaticano II será el punto de culminante de todos estos cambios. De la lectura de sustextos se destaca la revalorización de lo humano. Si el hombre se salva siguiendo su recta
conciencia, no hay necesidad “urgente” de bautizar o convertir a nadie. La generosidad de Dios
libera del fanatismo.La renovación teológica --manifiesta en el diálogo ecuménico, la defensa de la libertad deconciencia, y la reconciliación con el mundo moderno--, sumada a la convicción de que hayproblemas estructurales complejos, frente a los que la caridad no basta, hace que sea posible, ymás aún necesaria, la capacitación científica adecuada y la colaboración con otros hombres. EnAmé
rica Latina la “aplicación” del concilio a la realidad continental se hará en la Conferencia de
Medellín, en 1968.Repercusiones en América LatinaLa participación destacada de los obispos del Tercer Mundo empujó a la Iglesia a conocer yreconocer los problemas de la injusticia, el subdesarrollo y el colonialismo. De esta manera, laIglesia aprende a pensarse desde América Latina.

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