A LA TIERRA QUE AMABA
Yo amaba la tierra: ¡Ahora la odio! Se devoró a mi madre, a mipadre, a mis hermanos…a las personas que más amé…transformómi corazón, en la niebla de un mar negro; en un absurdo banquete,de escombros y cenizas; no sé si pueda sentarme, con losmonstruos a manteles, en una misma mesa; aún me parece verlos,con las manos y sus hocicos ensangrentados, como feroces einhumanos, murtes. Estos monstruos no conocen la gallardía, sinoel odio que les corroe las entrañas, desde infantes. No soporto latolerancia, ni la ceguera de quienes los defienden. No sé porqué nose embarcan hacia el olvido, hacia esos falsos paraísos, que tantoañoran y que no los acogerían, como enemigos amnistiados. Medan asco, merecen gargajos en vez de esputos, por haber envilecido, el arte de la guerra; por comportarse como hienas, envez de guerreros liberadores, de su pueblo. Los odio por haber prostituido, regiones hermosas; por haber invadido, santuarios de lanaturaleza. Por haberle permitido a la codicia, prostituir sus ideales.Por no haber respetado: a las banderas blancas, ni a la insignia dela Cruz Roja, ni al honor…ni a los heridos…Sé que su sangre odia,por ser la mayoría, engendros del absurdo y del desamor; perohasta las fieras son piadosas, con los de su misma especie. Yoamaba mi tierra…ahora: ¡La odio!Héctor “El Perro Vagabundo” Cediel
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