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Mujeres aventureras: ni glamour ni zapatos (Cielos Argentinos. Abril 2013)

Mujeres aventureras: ni glamour ni zapatos (Cielos Argentinos. Abril 2013)

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Trece mujeres que se animaron a seguir las huellas del General San Martín por la Cordillera de Los Andes. Una travesía que desafía miedos y prejuicios.
Trece mujeres que se animaron a seguir las huellas del General San Martín por la Cordillera de Los Andes. Una travesía que desafía miedos y prejuicios.

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04/23/2013

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PRIMERA PERSONA
/ FIRSTPERSON
Cielos
Arg
entinos : Abril / April 2013
ué estoy hacien-do acá?”, mepreguntaba almirar por la ven-tanilla de la 4x4.Es un viaje de trabajo imprevistoy armé todo en un día y medio;no tuve tiempo para pensar
Trece mujeres que se animaron a seguir las huellas del General San Martín por la Cordillera de Los Andes. Una travesíaque desafía miedos y prejuicios.
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Thirteen women dared to follow General San Martín's footsteps through the Andes. A journey that puts fears and prejudices to the test.
seriamente en la verdadera tra-vesía, esa que comenzaría horasdespués cuando llegásemos aManantiales (Calingasta, SanJuan) e implicaba seis días acaballo. Nunca cabalgué, perola suerte ya estaba echada y el bautismo sería a lo grande. Ya no quedaba tiempos dearrepentimientos.El destino, el azar o simplemen-te un cambio de planes a últimomomento hicieron que por esascuestiones de la vida del perio-dismo uese una de las trecemujeres elegidas para realizar elCruce de los Andes por el Pasode los Patos. Recién comenzabaa adentrarme en la precordilleray ya estaba apunada. “Estoy enel horno”, pensé para mí, y reítemerosa. Pero ya era una “expe-dicionista”: emprendería esa ex-periencia que desde hace nuevemuchos aún creen que ue porMendoza). En aquel entonces,no había mujeres: eran5.400 hombres con 1.600 caba-llos y 9.300 mulas los protago-nistas que en 1817 atravesaronla Cordillera de los Andes paraconseguir la libertad de América.Hoy somos algunos menos y conotro n.En este noveno cruce sanmarti-niano, el grupo está conormadopor periodistas, uncionarios,gendarmes, soldados del Ejércitoy el gobernador de la provincia:“Esto no es una aventura ni unviaje de placer. Si bien vamos aver lugares muy bonitos en laCordillera, esto lo hacemos parareivindicar la gesta sanmarti-niana”, nos aclaraba José LuisGioja. Aunque no todas mis com-pañeras de ruta lo admitían,sabía que no era la única quetenía miedo. Adriana MoránSarmiento (39), más conocidacomo “la Venezolana”, se enteróuna semana antes que iba a em-prender la expedición: “Todo ese
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tiempo estuve muy estresadaresolviendo los análisis médicosy comprando o buscando ropaque tenía que llevar”. Pero ensu aán de ser “una linda niñaexploradora”, no dio impor-tancia a los comentarios de susamigos hasta que, como todas,comprendió el viaje: “La nocheanterior me dije: ‘¡Estoy loca!¿Qué voy a hacer allá?’. Ahícomenzaron mis expectativas.Quería probar todo y vencer losmiedos que ya sabía que tenía”,conesó al volver.años organiza el gobierno de SanJuan junto a la Gendarmería y el Ejército para conmemorar laBatalla de Chacabuco y transitarasí el camino que hizo el GeneralJosé de San Martín, previo a laliberación de Chile.Casi 200 años después, y juntoa una delegación de más de cienhombres, seguiríamos la huelladel Libertador por San Juan, lu-gar estratégico por donde cruzóla principal de las seis columnasen que se dividió el Ejércitopara llegar a Chile (aunque
Ni glamour
ni zapatos
MUJERES AVENTURERASAdVENTURE WOMEN
No glamour no shoes
 
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Cielos
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entinos : Abril / April 2013
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PRIMERA PERSONA 
/ FIRSTPERSON
Para Romina González Lanciani(27) el único temor que tenía eracaerse. “¡Qué ironía de la vida!Terminé cayéndome dos veces y en las partes más altas de la tra-vesía. Creo que después de esoya no tengo tanto miedo”. Paraalgunas se trataba de un desaíoproesional, personal o un deseointerno de embarcarse en unaverdadera epopeya. Pero tam-bién estaban las que llevaban unnato espíritu aventurero y, másallá de los miedos, se animabana repetir la experiencia. “Mehabían hablado tanto sobre estecruce que el año pasado vinepor curiosidad, sin demasiadasexpectativas más que la de viviruna aventura, pero sin teneren cuenta la dimensión de latravesía y su signicado”, relataLiliana Podestá (47), una reinci-dente. “Me invitaron y no pudenegarme. En este segundo viajetuve un poco más de miedo, qui-zá porque sabía a dónde iba”. Así como ella, con el paso de losaños, los pedidos emeninospara cruzar son cada vez más.“Año a año, las mujeres hancrecido en cantidad dentro delCruce y estoy convencido deque son sumamente necesarias,porque generan un equilibrio y contienen la histeria masculina”,dice Luis Márquez, uno de losorganizadores.Durante los seis días que duróeste cruce, el grupo se enrentóal apunamiento, a temperaturasde 10 grados bajo cero durantelas noches y 40 grados duran-te el día, a empinadas bajadas,pronunciadas subidas, terrenosresbaladizos y a animales bor-deando el precipicio. Pero másallá de los riesgos ísicos –que noson pocos–, el mayor reto es anivel personal: desaar nuestraspropias sombras, miedos y pre- juicios internos, cada una hizo elrecorrido a la par de los hombresdemostrando, y demostrándo-se a sí misma, que no existe un“sexo débil”.El primer desaío al llegar eraencontrar una mula, “mi mula”,ésa que por casi una semana meacompañaría a seguir los pasosde San Martín. Si bien decíanque eran más tercas, armabanque eran más seguras y rmesque los caballos. Pero ue talama que les hicieron, que a lospocos minutos todas habíansido entregadas a sus nuevosdueños. Luego de rezongarun poco por haberme queda-do sin mula, me entregaron a“Bobona”, una yegua enormeque miraba con recelo y cuyaaltura –para mi metro sesenta–me intimidaba demasiado. Conobvia ayuda para tomar envión,había que subirse al animal y empezar el largo viaje.Una vez arriba de Morena, comola rebauticé, comprobé que laspalabras de nada servían. Pormás que le repetía una y mil ve-ces que tenía que seguir la huellay mis diminutas muñecas seesorzaban para tirar las riendaspor el camino correcto, la yeguacomenzó a alejarse del grupo,cada vez más y más… y ahí co-menzó su galope. Fue cuestiónde segundos en los que tuveque reaccionar rápidamente,agarrarme uerte de la monturay comprender, en su totalidad,el verdadero signicado de “tirarde las riendas”. Cuando logrérenar al animal, ue tal el miedoy la opresión en el pecho que laslágrimas brotaron solas. “¿Estásbien, faca?”, me preguntó el go-bernador. Me reregué los ojos,tomé las riendas nuevamente,respiré proundo y le respondísegura: “Sí, gracias”. Había sidola prueba de uego. Apenas aunos tres minutos de empren-dida la salida, Morena me habíadejado en claro que iba a ser ellaquien manejaría la situacióndurante la próxima semana y…me entregué.Una vez en el reugio Las Frías,sentimos y comprendimos elmotivo de su nombre: ubicado a2.500 metros sobre el nivel delmar, se trata de una explanadarodeada de montañas donde seproducen grandes corrientes deaire y las temperaturas son ex-tremadamente bajas. Sin impor-tar cuán buena uese la bolsa dedormir, los casi 10 grados bajocero se metían en cada rincóndel cuerpo y el dolor de espaldapor la dureza del piso hacía quela noche pareciera eterna. A las seis de la mañana, el re-pentino sonido de la diana delEjército nos marcaba que otrodía en la montaña esperaba.Izamos con orgullo la bande-ra nacional y partimos. Lejosde todo tipo de coquetería, lamente no estaba centrada enlas tres noches que llevábamossin bañarnos, si estábamos per-umadas o si seguíamos con lamisma muda de ropa. Teníamosque atravesar el Portezuelo delEspinacito, una pendiente muy empinada de 4.700 metros dealtura. Al grito de “Viva la patria”, elgobernador dejó atrás su rol deuncionario para convertirse enun baquiano más, nos alentabapara comenzar una nueva jor-nada a mula. “Vamos, faca, yotengo 63 años e hice nueve vecesel Cruce, vos sos una piba, vospodés”, me repetía Gioja.Entre montañas, nieve, gua-nacos y cóndores andinos, lashistorias de vida comenzabana entremezclarse. Compañeroschilenos, baquianos, uniorma-dos y colegas estaban predis-puestos a tranquilizarnos pasoa paso. Es que de eso se trata:es una experiencia colectiva, desolidaridad y compañerismo.“La palabra ‘amigo’ tiene unsignicado amplio y ambiguo.Lo que viví esos días ue unaamistad pura; lo que se sienteen las cabalgatas, en la nochecuando esperás la comida o unbuen trago que te quite el río,es mágico”, analiza Adriana, unade las que ueron traicionadaspor su caballo y terminaronen el piso. “Cuando me caí laprimera vez lloraba mucho,
Con el busto de San Martín del lado argentino y el de O’Higgins del chileno, nos uniríamos en una gran fiestapara celebrar la liberación de los países.
 
/ There is a bust of San Martín on the Argentine side, and a bust ofO’Higgins on the Chilean side, and we will meet there for a big party in celebration of the countries’ liberation.
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estaba muy asustada; una per-sona se me acercó y tocó mismanos dándome apoyo. Esoue suciente para reaccionar y seguir”. Guadalupe Carril (33) searriesga a deslizar una teoría decómo previamente se conormóel grupo humano: “Creo queuimos elegidos desde algún ex-traño lugar donde se privilegiónuestro espíritu. No sé cómo,pero sé que teníamos una vibramuy especial”.Luego de un muy merecido y ne-cesario día de descanso, llegabael más importante y emocio-nante: la cabalgata hasta el hitoronterizo de Valle Hermoso.Teníamos que ser puntuales:los hermanos chilenos nosesperaban. Con el busto de SanMartín del lado argentino, y elde O’Higgins del chileno, nosuniríamos en una gran esta.Comandada por una mujer,la caravana chilena realizabala misma travesía. “Hace dosaños que tomé la cabalgata ami mando. Somos pocas lasmujeres, pero deberíamos sercincuenta y cincuenta”, analizóGloria Mundaca (62), directo-ra de Turismo de los Andes y miembro del Consejo Nacionalde Cultura y Artes. A 3.500 metros de altura, el gri-to de “Viva la patria, vivan Chiley Argentina” y la entonación delos himnos de cada país hicieronllorar hasta al más duro. Así,con las lágrimas corriendo porlas mejillas llenas de tierra, dá-bamos por concluido el objetivoprincipal de esta vivencia, quesin dudas nos marcaría a uego.Después de emprender elregreso por el Portezuelo de laHonda, a 4.500 msnm y convientos que alcanzaban los30 km/h, el camino de vueltaue en silencio y refexión. Lainmensidad de la montaña, elcansancio y el paso lento de losanimales hacían que inevitable-mente cada una recreara en sumente los días anteriores, anali-zara los miedos superados–o no– y se replanteara una in-nita lista de cosas. Por mi parte,sentía que lejos había quedadoesa principiante y temerosaexpedicionista. Ya conocía mispropios límites. Más segurade cada paso y después de seisduros días a caballo, puedo decircon convicción y orgullo quevolvió a la ciudad otra mujer. Laconexión con lo más proundode mí misma y la satisacción decomprobar que soy más uertede lo que creía me hicieronproyectar mi “próximo cruce”…pero en casa y todos los días.
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“What am I doing here?,” I ask my-self as I look out of the window ofthe 4x4. I’m on a work trip that justcame up unexpectedly, I planned itall in a day and a half; I didn't havetime to really think about the 6-day journey on horseback that I will bestarting in a few hours when wearrive at Manatiales (Calingasta,San Juan). I've never ridden so I rea-lly am jumping in at the deep end,but it's too late to go back now.Call it fate, chance, or just a lastminute change of plans, but I amnow one of the thirteen womenchosen to cross the Andes at Pasode los Patos. We are just beginningto delve into the foothills and I amalready worrying. “This is going tobe bad,” I think to myself, laughingfearfully. But it is too late to turnback now, we have already set offon the expedition that the gover-nment of San Juan, together withthe gendarmerie and the army,has been organizing for the pastnine years to commemorate theBattle of Chacabuco by walkingthe path made by General José deSan Martín, prior to the liberationof Chile.Almost 200 years after San Martínmade this journey with a delega-tion of over a hundred men, we willfollow his route through San Juan,the strategic location where thelargest part of the Liberation Armyentered Chile (although many stillbelieve that it was via the provinceof Mendoza). Back then, there wereno women in the ranks: the armythat crossed the Andes to free theAmericas in 1817 was made upof 5,400 men with 1,600 horsesand 9,300 mules. Today there arefewer of us, and we are crossingthe Andes for a different purpose.On this ninth crossing, the groupis made up of journalists, officials,gendarmes, soldiers, and the pro-vince governor: “This is not an ad-venture or a leisurely trip. Althoughwe are going to see some of thebeauty of the Andes, we are doingthis to remember San Martín,” ex-plains Governor José Luis Gioja.Although the other women onthe expedition might not admitit, I know I'm not the only one
El regreso fue por el Portezuelode la Honda, a 4.500 msnm ycon vientos que alcanzabanlos 30 km/h.
/ We returnedacross the Portezuelo de laHonda, at an altitude of almost15,500 feet, and with windsreaching 20 mph.

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