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La máquina de guerra es la invención nómada que ni siquieratiene la guerra como objeto primero, sino como objeto segundo,suplementario o sintético, en el sentido de que está obligada adestruir la forma-Estado y la forma-ciudad con las que seenfrenta.Gilles Deleuze y Félix Guattari,
 Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia
.
D
ELEUZEY
G
UATTARINOSECANSANDEEXPLICAR
en su«Tratado de Nomadología», contenido en
 Mil mesetas,
que«la máquina de guerra no tiene de por sí la guerra comoobjeto»; su objeto es más bien «trazar una línea de fugacreativa, componer el espacio liso y desplazar a las perso-nas en ese espacio». Las armas de esta máquina son lalínea de fuga nómada y la invención. La combinación defuga e invención, de deserción del aparato de Estado ymovimiento instituyente, en definitiva la invención de una
 fuga instituyente
 , es la cualidad específica de la máquina deguerra. Así lo explica la formulación favorita de Deleuze:«Huir, pero mientras se huye, buscar un arma». La dimen-sión marcial de la máquina de guerra estriba en su poderde invención, en su capacidad de cambiar, de crear nuevosmundos. Es sólo la apropiación de la máquina de guerrapor el aparato de Estado lo que puede transformarla en unaparato militar que practica la guerra. Hace tiempo,siguiendo el discurso expresado por Walter Benjamin en
4.
 Máquinas de guerra
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Mil máquinas
su crítica de la violencia, llamé máquina de guerra a lamáquina teatral del PublixTheatreCaravan:
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lo que yo bus-caba con esa denominación era problematizar la dicotomíahabitual entre violencia y no violencia. Refiriéndome a laCaravana no sólo como una máquina teatral, sino tambiéncomo una máquina de guerra, mi intención era actualizarla reflexión sobre el solapamiento de nomadismo y máqui-na de guerra que habían desarrollado originalmenteDeleuze y Guattari en su descripción de qué sería unapráctica artística-activista micropolítica. Sostener, comohice en su momento, que la Caravana operaba siguiendouna línea de fuga, y al mismo tiempo ofensivamente comouna máquina de guerra, no significaba en absoluto queyo le atribuyese una forma especial de violencia a supráctica. Al contrario, la máquina de guerra apunta másallá del discurso de la violencia y el terror, es la máqui-na que busca escapar de la violencia del aparato deEstado, de su orden de representación. Ala inversa, elaparato de Estado intenta someter lo no representable asu poder de representación, por ejemplo haciendo de laCaravana un Black Bloc. Escribí sobre el NoBorderTourque tuvo lugar en el verano de 2001, y que llevó a laCaravana desde Viena, a través de la cumbre del ForoEconómico Mundial y del
bordercamp
de Lendava, hasta
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1PublixTheatreCaravan surgió como un proyecto avanzado delVolxtheatre Favoriten (http://www.volxtheater.at), que a su vez habíanacido en el ambiente autónomo vienés que floreció alrededor delcentro social Ernst-Kirchweger-Haus (conocido como EKH), okupadoen 1990. El Volxtheatre Favoriten «comenzó a practicar en 1994 unteatro amateur de tintes anarquistas y según la tradición brechtiana»(Gerald Raunig, «The Transversal Concatenation of the PublixTheatreCaravan: Temporary Overlaps of Art and Revolution», en
 Art andRevolution
 ,
op. cit
.). La PublixTheatreCaravan profundizó en esa sin-gular síntesis de acción directa, teatro de agitación, distanciamiento brechtiano, autonomía y cultura punk y underground DiY, por mediode la «forma-caravana» (una de las invenciones políticas clave delactual ciclo de luchas: piénsese en las caravanas zapatistas) para par-ticipar de una manera muy destacada —como se verá en este capítu-lo— en el desarrollo de los movimientos transnacionales europeoscontra la trama que conforman la globalización neoliberal, el racismo,el régimen de fronteras y el control de los desplazamientos migrato-rios. [N. del E.]
 
la cumbre del G8 en Génova. Allí finalizó con el arrestode gran parte de los y las activistas de la Caravana porparte de la policía italiana.
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Algunos años después, en el otoño de 2005, frente aun tribunal provincial en la ciudad de Lambach al nortede Austria, se repitió esta proyección y repliegue de lamáquina de guerra; pero en esta ocasión sin el brillo delas protestas internacionales contra el G8. Los y las acti-vistas de la Caravana fueron acusadas de haber realiza-do una acción sin previo aviso en una escuela deLambach (se trataba, en concreto, de una intervención de tea-tro de agitación con la biometría por argumento), en elmarco del Festival de las Regiones 2003, cuyo tema era
Elarte de la enemistad
. En esta farsa judicial no había ni ras-tro de ataques y ofensivas, ni tampoco la «búsqueda deun arma en la fuga»; tan sólo tuve que testificar amable-mente, limitándome al papel de «experto en arte», que laacción era una cuestión artística, que esta forma de arteestá bien establecida y reconocida y que los y las artistasno querían, de verdad, herir a los niños. Tal y como dijouna vez la activista Gini Müller refiriéndose al arrestode la PublixTheaterCaravan y los juicios consiguientes
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2En el marco de las protestas que movilizaron a decenas de milesde personas contra la cumbre del G8 en Génova en julio de 2001, lapolicía, respaldada por el gobierno italiano, aplicó una durísimarepresión que se saldó con centenares de heridos (muchos ellos gra-ves), docenas de detenidos y el asesinato del activista italiano CarloGiuliani. Los sucesos constituyeron de facto la más grave cancela-ción de los derechos civiles que haya tenido lugar en Europa en lasúltimas décadas. La PublixTheaterCaravan fue detenida a la salidade Génova (acusación improvisada: haber provocado disturbios for-mando parte del Black Bloc) y gran parte de sus miembros arresta-dos, permaneciendo durante muchos días, como tantos otros acti-vistas, prácticamente aislados en la comisaria de Bolzaneto, dondese consumaron vejaciones, malos tratos y torturas. Sobre estos suce-sos y el sometimiento del movimiento global a la lógica de guerrapor parte de los aparatos de Estado, véase en castellano MiguelRiera Montesinos (ed.),
La batalla de Génova
 , Barcelona, El ViejoTopo, 2001; y Wu Ming, «Génova: las multitudes al asalto delImperio», en
Esta revolución no tiene rostro
 , Madrid, Acuarela, 2002.[N. del E.]

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