la cumbre del G8 en Génova. Allí finalizó con el arrestode gran parte de los y las activistas de la Caravana porparte de la policía italiana.
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Algunos años después, en el otoño de 2005, frente aun tribunal provincial en la ciudad de Lambach al nortede Austria, se repitió esta proyección y repliegue de lamáquina de guerra; pero en esta ocasión sin el brillo delas protestas internacionales contra el G8. Los y las acti-vistas de la Caravana fueron acusadas de haber realiza-do una acción sin previo aviso en una escuela deLambach (se trataba, en concreto, de una intervención de tea-tro de agitación con la biometría por argumento), en elmarco del Festival de las Regiones 2003, cuyo tema era
Elarte de la enemistad
. En esta farsa judicial no había ni ras-tro de ataques y ofensivas, ni tampoco la «búsqueda deun arma en la fuga»; tan sólo tuve que testificar amable-mente, limitándome al papel de «experto en arte», que laacción era una cuestión artística, que esta forma de arteestá bien establecida y reconocida y que los y las artistasno querían, de verdad, herir a los niños. Tal y como dijouna vez la activista Gini Müller refiriéndose al arrestode la PublixTheaterCaravan y los juicios consiguientes
Máquinas de guerra
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s e p e r m i t e l a c o p i a
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2En el marco de las protestas que movilizaron a decenas de milesde personas contra la cumbre del G8 en Génova en julio de 2001, lapolicía, respaldada por el gobierno italiano, aplicó una durísimarepresión que se saldó con centenares de heridos (muchos ellos gra-ves), docenas de detenidos y el asesinato del activista italiano CarloGiuliani. Los sucesos constituyeron de facto la más grave cancela-ción de los derechos civiles que haya tenido lugar en Europa en lasúltimas décadas. La PublixTheaterCaravan fue detenida a la salidade Génova (acusación improvisada: haber provocado disturbios for-mando parte del Black Bloc) y gran parte de sus miembros arresta-dos, permaneciendo durante muchos días, como tantos otros acti-vistas, prácticamente aislados en la comisaria de Bolzaneto, dondese consumaron vejaciones, malos tratos y torturas. Sobre estos suce-sos y el sometimiento del movimiento global a la lógica de guerrapor parte de los aparatos de Estado, véase en castellano MiguelRiera Montesinos (ed.),
La batalla de Génova
, Barcelona, El ViejoTopo, 2001; y Wu Ming, «Génova: las multitudes al asalto delImperio», en
Esta revolución no tiene rostro
, Madrid, Acuarela, 2002.[N. del E.]
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