Welcome to Scribd, the world's digital library. Read, publish, and share books and documents. See more
Download
Standard view
Full view
of .
Look up keyword
Like this
0Activity
0 of .
Results for:
No results containing your search query
P. 1
CORAZÓN EN EL SUBTERRÁNEO(Primera Parte)

CORAZÓN EN EL SUBTERRÁNEO(Primera Parte)

Ratings: (0)|Views: 7|Likes:

More info:

Published by: Esther Ruiz Saldaña on Apr 17, 2013
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as DOC, PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

04/17/2013

pdf

text

original

 
CORAZÓN EN EL SUBTERRÁNEO:
Esther Ruiz
 
CORAZÓN EN EL SUBTERRÁNEOHace una semana y un día exactamente que se me perdió elcorazón. Lo digo en serio. Se extravío de verdad. Se me cayó enalgún lado, y no lo encuentro. Lo llevaba a arreglar con el doctorporque estaba quebrado en dos pero cuando llegué a su consultorio,atestado de caras tristes, de lágrimas saladas, desabotoné mi pechoy me encontré con que el hueco donde siempre latía estaba vacío.Me asusté horrores, y volví sobre mis pasos con la vista fija enel suelo, buscando en cada rincón un corazón grande e hinchado conuna tremenda ruptura por en medio. Pero no encontré nada de nada.Entonces volví a la estación del tren subterráneo (el último transporteque había tomado), y lo recorrí de cabo a rabo. Nada de nuevo. Nisiquiera gotitas de sangre.No sospecho de los carteristas del subterráneo, porque todossaben que un corazón robado vale lo mismo que un cheque sinfondos: segundos después de que lo sacan a la fuerza se deshidratapor completo y deja de funcionar. Si lo quieren sacar tiene que sercon suma delicadeza. Corazones caprichosos.Sólo existe una forma para que un corazón salga sin que sudueño lo note, como descubrieron varios científicos holandeses haceunos años; si un corazón se contamina y se llena de toxinas, el cuerpotermina por expulsarlo para que no enferme al resto del organismo.Pensándolo bien, no me sorprende que mi cuerpo hayaexpulsado mi corazón, porque el doctor bien me había dicho que lafisura que lo partía a la mitad se estaba llenando de pus, y que amenos que consiguiera una manera de limpiarla y cerrarla iba aterminar por contaminarse completamente. Fue entonces que mamáy papá me compraron un curita que vendían en televisión, y quesegún los conductores del anuncio servía incluso para heridasinternas, pero desgraciadamente esos artefactos apenas y si duranunos cuantos días, porque si la fisura es muy grande termina porestirar el curita hasta hacerlo jirones. Y con lo que cuestan esosmentados curitas. También probé jarabes que prometen mitigas el dolorinsensibilizando todo el órgano, pero ni eso funcionó, así que dejé detomarlos.Al principio la herida me dolía mucho, y me hacía llorar amontones en el jardín de la casa, tanto que pensaba que lashormiguitas a mis pies iban a acabar por construirse una barca,asustadas por el diluvio que les caía encima. Además, los primerosdías la herida ardía, pero el doctor dijo que era cosa de unas pocassemanas para que cicatrizara y dejara de dar molestias.
 
La herida dejó de dar lata cada segundo, pero luego llegaron lasoleadas: un palpitar intenso cada tantos minutos que me acordaba deaquél sujeto que me había quebrado el corazón, oleadas que mehacían doler la cabeza y me revolvían el estómago y la mente entreun mar de resentimientos y culpas y cosas que debí haber dicho yhecho y cosas que pudieron ser y ahora no serán. Esperé conpaciencia unas semanas más, a la expectativa de que el dolor cesaracompletamente; pero para mi mala suerte la herida siguió abierta,burlándose con su mohín de arrogancia de un dolor que no teníainterruptor para apagarse.En verdad, era cuestión de tiempo para que un hoyo tan grandeen el corazón afectara toda mi vida. Es toda una odisea concentrarseen otras cosas cuando uno trae bajo el pecho un órgano vital que seestá cayendo a pedazos, y la vida se convierte en un continuo ir yvenir alrededor del mismo problema; es como pasearse eternamenteen un carrusel donde en lugar de caballos lo montan a uno en sillasde interrogatorio, mientras una voz extraña pregunta: “y esarasgadura ¿se irá a cerrar algún día? Se está separando tanto queparece dos placas tectónicas, ah, y mira, los bordes son piedrasfilosas; querida, lamento decirlo pero lo que tú traes ahí dentro ya noes rojo y brillante, sino negro y profundo. Bajo las costillas traes unabismo que no se acaba. El mismísimo hoyo del “Alicia en el país delas maravillas””. Tener el corazón tan separado es malo, no sólo para la salud,sino incluso para las relaciones. La familia, los amigos, los colegas, sehacen manchas difusas: uno sabe que están ahí, pero francamente nohay ganas de ponerles atención. ¿Cómo habría, si sus consejosbienintencionados se hacen pequeños frente a la triste realidad? Elcorazón se está partiendo, cada día un centímetro más, y no haynada que ellos puedan hacer para evitarlo.El temperamento también cambia cuando la izquierda delcorazón ya no quiere nada con la derecha, y ambas se repelen. Lavida se vuelve un eterno juego de ajedrez esquivando los recuerdosmás dolorosos esperando que los que no duelen tanto no den lasorpresa y terminen por partir aún más lo que está ya tan malherido.Uno sólo vive de ilusiones, pero hasta éstas terminan por volverseescasas.Con el tiempo, a uno le cae la realidad como agua fría, ytermina por aceptar que las esperanzas se fueron con la primavera, yque quién una vez imbuyó de vitalidad al órgano que late ya nopiensa volver, que ha dado la espalda y azotado la puerta por últimavez. Y en aras de sobrevivir al intenso invierno de la soledad, elcerebro mete mano y apaga el botón que mantenía encendido al

You're Reading a Free Preview

Download
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->