BETRAYAL.OVERDOSEMI ÁNGEL GUARDÍAN
Ferguson. Una encantadora mujer de 67 años que venía a visitarme. Traíaconsigo unas bolsas de la compra enormes.— ¿Estabas ocupada cielo? —me preguntó en un tono cordial y atento.—No, estaba en el jardín.—Ah, es que he llamado hace un momento y no me abriste. Pero no pasanada. Vengo para ver cómo estás y para recoger la bandeja en la que te trajela tarta. ¿Te gustó la tarta?—Muy rica señora Ferguson —me quedé cavilando y musitando en vozalta— Neko debía haberse asustado cuando llamó a la puerta.— ¿Cómo dices cielo?—Estaba pensando. Euh... La bandeja está en una bolsa de plástico,recuerdo que la puse en la cocina. Acompáñeme señora Ferguson.—Por favor, llámame Rose. Y dime… ¿Pasas buenas noches? Es un barriomuy tranquilo. La mayoría de las personas que vivimos en él ya traspasamoslos 40 años.—Oh, sí, duermo de maravilla —mientras que hablaba buscaba la bandejay al encontrarla sonreí satisfecha y asimilé las palabras de Rose Ferguson.—Sí, mi bandeja, espero hacer un asado en ella. Te agradezco mucho queme la devuelvas tan pronto.— ¿Usted ha dicho que todos traspasan los 40 años…? ¿No se olvida denadie que no llegue a esa edad? —le hablaba en tono reservado y pícaro.—No. No me olvido de nadie.— ¿Y mi vecino? —pregunté sonriendo dulcemente.—El señor Stevenson tiene casi 90 años y más de lo mismo.—Pero me refiero a mi otro vecino, el de la derecha…—Cariño mío, ahí no vive nadie desde hace 10 años.— ¿Cómo dice? Yo he visto a un hombre ésta mañana cruzando por mi jardín.—Sería el hombre que recoge la basura.—Pero ellos van vestidos de verde, él vestía de negro.— ¿No sería un ladrón? Ten mucho cuidado.—Oh, no, no era un ladrón. Era un chico joven. De menos de 30 años.—Tú eres la vecina más joven, cariño. Sería alguien que no vive aquí.—Claro, sí…— ¿Te ha gustado ése hombre?—Era muy guapo, me intrigaba.—Pues en esa casa ya te digo que hace una década que no la habitan. Metengo que ir.—La ayudaré, usted sola no podrá con todo.—Gracias, eres encantadora.Salimos de allí, yo en pantalón de chándal y sudadera. Caminamos un parde minutos hasta la casa de la señora Ferguson. En dirección contraria a lacasa deshabitada.Cuando llegamos me condujo hasta la cocina y dejamos las bolsas en lamesa. Me ofreció un vaso de agua y se lo negué. Me arrepentiría minutosmás tarde.—Espérame en el salón, te daré algo.Fui hasta el salón y quedé encantada con la decoración. Era de ésossalones que están repletos de fotografías. Al parecer el vecindario había2
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