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Ladrillado Murcia Hector

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Defender el territorio de la cultura del ladrillazo. El caso de Murcia.
Héctor Quijada
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DEFENDER EL TERRITORIO DE LA CULTURA DELLADRILLAZO. EL CASO DE MURCIA
Del libro:
¿Y ahora qué? Impactos y resistencia social frente a la embestida ultraliberal
.Libros en acción. 2012.
 Héctor M. Quijada Guillamón Miembro de Ecologistas en Acción
La Región de Murcia sigue sufriendo actualmente las consecuencias de lo que hemosdado en llamar 
“cultura del ladrillazo”,
una forma de denominar el modo en que laeconomía capitalista globalizada incide sobre nuestro territorio, entendiendo por este, nosólo en medio físico donde más se visualizan sus consecuencias a través del deterioro dela naturaleza, sino también lo que tiene que ver con las cuestiones sociales, tan ligadasal modelo de producción y consumo que tantos problemas acarrea. También podríamoshablar de
“cultura el hormigón” o “cultura del asfalto”, a fin de cuentas, la realidad de
los últimos tiempos nos ha mostrado sobradamente como la especulación, la corrupcióny la injusticia social, vienen en muchos casos en el mismo paquete que ladrillos,hormigón y asfalto.Para su funcionamiento, esta economía desarrollista requiere de la explotación yconsumo de los recursos naturales, sobre todo del suelo y el agua, los cualesmercantiliza, aplicando la misma lógica de dominación social que ya se ejerce desde los poderes económico y político, adornada como siempre de un supuesto interés general.Si bien el predominio del sector inmobiliario y el ladrillo es una característica de estaetapa económica, entre los años 2003 y 2008 se dio un periodo de máximo apogeo de la
“burbuja inmobiliaria”
, que afectó a la práctica totalidad de los territorios del Estadoespañol, lo que generó una serie de movimientos de contestación de gran resonancia.Sin embargo, no hay que olvidar que este modelo de desarrollo ya venía dándose en buena medida desde mediados de la década de los 90, teniendo su origen incluso variasdécadas atrás, como también lo hizo el movimiento ecologista, que ya cuenta en elsureste ibérico con más de treinta años de existencia.Y llegamos hasta hoy, en medio de la denominada crisis, donde los problemasacarreados por estas políticas desarrollistas son más reales que nunca. A las agresiones perpetradas contra la naturaleza hay que sumar ahora las consecuencias sociales de
 primer orden. Tras el “boom del ladrillo”, a la ruina económica
de las administracioneslocales que se las prometían muy felices con el milagro inmobiliario, al aumento del paro y, en definitiva, al trasvase de riqueza que ha supuesto desde la poblacióntrabajadora a los bancos, al sector inmobiliario, a los políticos gobernantes y a las clases pudientes que siempre se han beneficiado de este negocio, hay que sumar también unade las consecuencias directas que el modelo ha traído consigo: las personas afectadas
 
Defender el territorio de la cultura del ladrillazo. El caso de Murcia.
Héctor Quijada
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 por las hipotecas, consecuencia que, como siempre, recae principalmente sobre la población más empobrecida pero que a su vez, ha generado un firme movimiento decontestación y resistencia que ha despertado gran apoyo y solidaridad en tierrasmurcianas.La unión de fuerzas siempre ha dado muy buenos resultados y ejemplos de ello tenemosmuchos y variados. La coordinadora
Murcia No se Vende
, uno de los mássignificativos, ha llegado a movilizar a miles de personas y a decenas de grupos detodas las zonas de la Región de Murcia contra la especulación urbanística y la defensade los espa
cios naturales durante los años de “locura inmobiliaria”. Q
uizá sea buenoahora hacer un repaso para ver cómo está la situación actual, realizando unaaproximación al contexto en el que se mueven las luchas en este momento.El parón de la construcción, efecto del estallido de la burbuja inmobiliaria, dejó
“colgados” a la mayoría de convenios urbanísticos
y paralizada la venta de residencias
en “resort”,
que hasta hace poco se extendían como una plaga por todos los municipiosmurcianos. A pesar de ello, muchos de los grandes proyectos, sobre todo los que se plantean en la zona costera, siguen vigentes, aunque sin haberse iniciado. Son los casosde los megaproyectos más emblemáticos, como la AIR de Marina de Cope, elmacropuerto de contenedores del Gorguel, así como otros que llegaron ya iniciado el periodo de crisis como supuestos proyectos salvadores de la economía murciana, comoel parque temático de la Paramount.Lejos de la más mínima autocrítica o de cualquier replanteamiento de las bases delactual modelo económico, la clase política murciana, junto a la patronal, siguenapostando firmemente por el mismo negocio de siempre. Una buena muestra de ello fueel encuentro que bancos de inversión, fondos soberanos y representantesgubernamentales de Oriente Medio celebraron en el mes de octubre de 2011 en Murcia,en el Arab-Spanish Investment Forum. El gobierno regional, junto al que acudieron unaveintena de empresas murcianas que buscan capital para sus proyectos inmobiliarios yturísticos, aprovechó la presencia de los inversores para captar financiación destinada al parque temático de la Paramount, la nueva dársena de contenedores de Cartagena (en laBahía del Gorguel) y la gran central fotovoltaica que se proyecta en Lorca y que será lamayor de Europa. Se presentaron once proyectos a desarrollar en la Región de Murcia,de los que siete se centraban en el turismo residencial (La Verdad, 2011).Este evento
fue contestado por el movimiento “Murcia
 No se V
ende”, que organizó el
Foro Alternativo de Desarrollo Sostenible, en el que también participaron otrasorganizaciones y personas a título individual. El objetivo fue hacer reflexionar sobre lacalidad democrática de los posibles inversores, la democratización de la economíaregional y sobre el impacto de determinados megaproyectos multimillonarios para losque se intenta captar fondos. El foro alternativo también sirvió para dar voz a otrasalternativas económicas más sostenibles desde el punto de vista ecológico y social.
 
Defender el territorio de la cultura del ladrillazo. El caso de Murcia.
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 Numerosos proyectos inmobiliarios que la crisis frustró, buscan ahora capital paraintentar ponerse en marcha de nuevo, entre ellos Aledo Senior Golf Resort, Tébar Golf Resort (Águilas), Novo Carthago (Cartagena) y El Roblecillo (Caravaca), no exentos dehaber sido relacionados con algunos casos de corrupción urbanística. Otros necesitaninversores extranjeros para seguir adelante y completar su desarrollo, como InversionesResorts Mediterráneos, que gestiona los complejos de Polaris, Roda Golf y PeralejaGolf (Mollejo, 2011).En cuanto a las infraestructuras de transporte (carreteras, autovías y autopistas;ferrocarril y AVE; aeropuertos y puertos) son otro caso emblemático de políticadesarrollista en la Comunidad Murciana, al que se tienen que enfrentar los movimientosde defensa del territorio. A las autovías y autopistas de la red estatal ya construidas y enfuncionamiento (A-30, A-91, A-7 y AP-7), hay que sumarle los más de 400 kilómetrosque formarán la red autonómica, la mitad de ellos en proyecto o en construcción, en unaregión de 11.314 kilómetros cuadrados y casi millón y medio de habitantes. Se hadesembocado así en una sobredimensionada red de autovías y autopistas en forma demalla que supondrá una enorme división y fragmentación del territorio regional, sin un beneficio real para las personas, pues en muchos de los casos ni siquiera está justificadala duplicación de la vía por su escaso tráfico.
Valga como ejemplo de “cultura del asfalto”
, la ruinosa autopista Cartagena-Vera (AP-7), que contó con rechazo social y ecologista desde que se proyectara. Es un claroejemplo de que las infraestructuras de transporte en Murcia no son un producto de laindustria turística, si no que se construyen para generarla, en clara referencia al proyectourbanístico en Marina de Cope, provocando así grandes pérdidas económicas que sonahora socializadas. Ecologistas en Acción ha mostrado reiteradamente su rechazo a quese usen fondos públicos para rescatar esta infraestructura destructora e inútil que nuncadebería haberse construido. Esta organización sigue librando su lucha contra las grandesinfraestructuras de transporte por carretera, cuestionando y posicionándose en contra detodas y cada una de las autovías proyectadas, también cuando se trata de adecuacionesdesmesuradas, enfrentándose a una realidad difícil, en la que los mitos sobre un
supuesto “déficit de infraestructuras” y la necesidad de
nuevas y de más capacidadsiguen predominando. A pesar de ello, está clara la necesidad de apostar por un modelode transporte radicalmente distinto al actual, que no se base en el tráfico motorizado,que prime las necesidades reales de la sociedad, en el que se reduzca el transporte demercancías y personas.Volviendo al litoral, el proyecto de construcción de una terminal de contenedores,también denominado macropuerto, en la Bahía del Gorguel es precisamente una de lasinfraestructuras que, de llevarse a cabo, pueden destruir de un plumazo toda una franjalitoral no urbanizada de la costa murciana. Este proyecto ha aglutinado en su contra lasfuerzas de todos los grupos ecologistas regionales, organizaciones sociales y vecinalesde la zona (http://salvemoselgorguel.com, 2012). La oposición al mismo ha acarreadoincluso multas a ocho compañeras y compañeros de Ecologistas en Acción que en elaño 2009 realizaron un acto de protesta encadenándose en la puerta de la Autoridad

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